El coordinador de la campaña de ballenas en Greenpeace Japón, Junichi Sato, llega a la oficina pública del distrito de Tokio para archivar una queja que ha expuesto demandas por el equipo actual y anterior del hurto masivo de la carne de la ballena del programa de "caza científica"
Ver imagen
Aomori, Japón —
Fincan cargos de robo y allanamiento contra Junichi Sato y Toru Suzuki
En un acto que reafirma la intimidación del Japón contra Greenpeace,
dos activistas de la organización ambientalista fueron acusados de robo
y allanamiento, un mes y medio después de haber denunciado un grave
escándalo relacionado con el contrabando de carne de ballena procedente
del programa de caza en el Océano Austral, patrocinado por el Gobierno
japonés.
El fiscal de Aomori, acusó hoy a Junichi Sato y a Toru Suzuki de robo y
allanamiento después de permanecer detenidos por tres semanas sin que
se les fincaran cargos, y a pesar de las protestas internacionales.
Los dos activistas fueron arrestados el 20 de junio pasado, más de un
mes después de que una investigación de Greenpeace confirmó la
información ofrecida por antiguos trabajadores de la flota ballenera,
que reconocieron la existencia de una red de tráfico con carne de
ballena procedente del buque factoría Nisshin Maru. La carne era
enviada a domicilios particulares de la tripulación para posteriormente
venderla para su beneficio personal (1).
“Desde el principio ha sido evidente que el arresto y detención, y
ahora la acusación contra nuestros dos activistas obedece a motivos
políticos, y que intereses poderosos en el sistema japonés están
tratando de silenciar nuestro derecho legítimo a la protesta pacífica y
no violenta. Se trataba de algo más que una investigación policial
doméstica sobre el supuesto robo de una caja. Sato y Suzuki no habrían
sido detenidos si hubieran interceptado cualquier otro tipo de
mercancía de contrabando y la hubieran entregado a las autoridades para
su investigación” dijo Gerd Leipold, director de Greenpeace
Internacional.
Después su arresto, Junichi Sato y Toru Suzuki fueron retenidos durante
tres semanas sin cargos, a pesar de haber ofrecido cooperar con las
investigaciones de la policía y de haber enviado, por iniciativa
propia, declaraciones por escrito sobre su investigación, que revelaban
la escala del tráfico de carne de ballena procedente del programa de
caza científica de ballenas financiado con dinero de los contribuyentes
japoneses.
“Hemos revelado un escándalo que pone todavía más en entredicho el
programa de caza de ballenas japonés y que implica el tráfico con
valiosas piezas de carne de ballena. Además, hemos destacado la
malversación escandalosa del dinero de los contribuyentes japoneses,
empleado en el denominado programa de 'caza científica' de ballenas en
el Santuario Ballenero Austral. En lugar de perseguir a quienes
denuncian estos escándalos, el Gobierno japonés debería retirar los
permisos de caza de ballenas en el Océano Austral, liberar a los
activistas y ordenar una investigación inmediata e independiente de
nuestras denuncias” continuo Leipold.
Casi un cuarto de millón de personas han enviado cartas al Gobierno
japonés demandando la liberación de Sato y Suzuki, así como una
investigación exhaustiva de este escándalo. Se han llevado a cabo
protestas frente a las embajadas de Japón en 35 ciudades en 30 países,
incluyendo México. Unas 30 organizaciones ambientales y de derechos
humanos han firmado una declaración de protesta o han enviado cartas de
apoyo, entre ellas Amnistía Internacional, la Red de Abogados por el
Respeto a los Derechos Humanos, el Fondo Internacional para el
Bienestar Animal, InArticle19, Transparencia Internacional, Oceana,
Ubuntu, y Oxfam.
Será el próximo lunes cuando la fiscalía japonesa determine si los activistas pueden o no salir bajo fianza.
Notas al editor
Notas:
(1) El pasado 15 de mayo, una investigación de Greenpeace destapó un fraude de gran alcance: tripulantes de la flota ballenera japonesa habrían estado comerciando ilegalmente con piezas de carne de ballena de gran valor comercial. Greenpeace pudo demostrar cómo tripulantes del “Nisshin Maru”, el buque factoría de la flota ballenera de este país, se llevan algunas de las mejores piezas de carne procedente del llamado programa de “caza científica” de ballenas, sacándolas del barco camufladas entre su equipaje personal, para posteriormente comerciar ilegalmente con ella.
Para probar este caso de contrabando, los activistas interceptaron una caja enviada al domicilio de uno de los tripulantes del “Nisshin Maru”. Al verificar su contenido comprobaron el fraude: la nota de la mercancía afirmaba que la caja contenía “cartón” pero en realidad en su interior había 23,5 kg de carne de ballena salada de la mejor calidad, valorada en 2.000 euros. Un informador declaró a Greenpeace que decenas de tripulantes sacaron hasta 20 cajas como ésta cada uno. Investigaciones posteriores en locales y restaurantes en diferentes lugares de Japón confirmaron que se encontraban a la espera de la llegada de carne de ballena procedente de la caza de este año, pese al hecho de que la Agencia de Pesquerías de Japón y el Instituto de Investigación de Cetáceos no libera la carne para su venta hasta finales de junio.