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Un residente local contempla el techo de su casa enganchado a un árbol 
luego del paso del huracán Charley.

Un residente local contempla el techo de su casa enganchado a un árbol luego del paso del huracán Charley.

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Puerto Vallarta, México — Puerto Vallarta, Jalisco. El rompehielos Arctic Sunrise, de la organización ambientalista Greenpeace, arribó a este puerto para apoyar la campaña mexicana de promoción de las energías renovables -eólica, solar, geotérmica, entre otras-, por ser limpias, seguras y rentables.

En este sentido, México tiene un gran potencial aún no explotado. Por ejemplo, un estudio reciente del National Renewable Energy Laboratory de Estados Unidos afirma que sólo en Oaxaca existe un potencial eólico de 33,000 mega watts (MW), lo cual representa más del 60% de toda nuestra capacidad instalada para producir energía eléctrica.(1)

Además, los costos de generar electricidad utilizando energías renovables ya se ubican en niveles que compiten con los procedimientos basados en combustibles fósiles. El aprovechamiento del viento, la biomasa y las minihidráulicas puede tener costos por abajo del precio promedio pagado por los usuarios de energía eléctrica en México, que fue -de acuerdo con la Comisión Federal de Electricidad- de cerca de 7 centavos de dólar por KW/h en 2002.

Por otro lado, las energías renovables pueden servir como motor regional de desarrollo. El noroeste del país tiene una insolación ideal, si de energía solar se trata; hay excelente viento en Oaxaca, Zacatecas, Hidalgo y Baja California; abundante biomasa en Durango, Michoacán, Guerrero; potencial para minihidráulicas en Chiapas Puebla, Veracruz y Tabasco; y geotermia en Puebla, Michoacán y Baja California.

A pesar de ello, la política energética continúa centrada en los combustibles fósiles, lo cual pone en riesgo nuestra independencia energética y contribuye al cambio climático, un problema que ya es una realidad.

"Los estragos que en esta zona ocasionó el huracán Kena hace dos años fueron un anticipo de lo que puede ocurrir en forma recurrente de continuar la desmedida quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) y la deforestación, condiciones que propician el cambio climático", señaló Arturo Moreno, coordinador de la campaña de energía y cambio climático de Greenpeace México.

Añadió que al menos 20 millones de mexicanos viven en condiciones de alto riesgo frente a la amenaza del cambio climático, debido a las intensas variaciones climáticas que ocasionaría El Niño (2) o al aumento de fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes y tormentas, que provocan inundaciones y deslaves.

Esto conlleva impactos potenciales en materia de salud pública, producción de alimentos, disponibilidad de agua, afectación de ecosistemas, pérdida de infraestructura y asentamientos humanos, además existen grandes posibilidades de que aumenten los incendios forestales y que empeore la contaminación atmosférica en las ciudades.

Estos son algunos de los efectos del cambio climático, fenómeno ocasionado por el incremento de las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Este gas, fundamental para mantener una temperatura homogénea en la superficie del planeta, ha sufrido aumentos dramáticos debido a la intensa combustión de petróleo, carbón y gas. El incremento de CO2 está trastocando los patrones climáticos, al grado que se ha convertido en un problema que ya representa la principal amenaza para el planeta pues sus devastadoras consecuencias son equiparables con las de un arma de destrucción masiva.(3)

El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (4) advierte: "Los efectos más dañinos del cambio climático se espera que sean en los países en vías de desarrollo, en términos de pérdidas de vidas, inversiones y economía". Los impactos económicos previstos incrementarían la disparidad entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo.

Los estudios realizados por este Panel indican que el cambio climático podría alterar las trayectorias de las tormentas, lo cual expondría nuevas regiones a sus impactos. Mientras algunas regiones vivirán inundaciones otras padecerán un incremento en la intensidad de las sequías, mismas que ya han ocasionado cosechas pobres, hambruna, problemas de salud y migraciones masivas de población. Se prevé que la agricultura de temporal, principalmente de maíz, tendrá pérdidas cuantiosas y se reducirá la superficie que produce granos básicos.

A la alteración de los fenómenos meteorológicos se suma la elevación en el nivel del mar. Esto afectará a los manglares, un ecosistema fundamental para gran variedad de pesquerías, al romper el delicado equilibrio de salinidad en sus aguas. Cabe señalar que la mayoría de los mariscos y peces utilizan los manglares como lugares de reproducción y refugio. La afectación de este ecosistema agravaría la situación de la industria pesquera que experimentó un descenso de entre 25 y 40% como resultado del fenómeno de El Niño.

La inundación de las costas causada por la subida del nivel del mar, afectaría la disponibilidad de agua y producción de alimento, lo cual derivaría en problemas socioeconómicos y de salud.

Las consecuencias de los trastornos ocasionados por el cambio climático son múltiples e implican costos elevados en las áreas agrícola, la generación y consumo de energía eléctrica, la pesca, la acuacultura, el turismo, la ganadería, el aprovechamiento de recursos hídricos (presas), el sector financiero (bancos y aseguradoras), el transporte y especialmente el sector salud, debido a la gran cantidad de enfermedades relacionas con las condiciones extremas del clima.

El dengue, la malaria, el cólera y las enfermedades respiratorias guardan una relación estrecha con las fluctuaciones estacionales de temperatura y humedad. También la variabilidad del clima incide en la calidad del aire de las regiones urbanas como Guadalajara o la Ciudad de México, "ya que cambios en la temperatura y la humedad relativa modifican la reactividad general de los contaminantes fotoquímicos y la formación de aerosoles".(5)

Conviene resaltar que actualmente todas nuestras cuencas hidrológicas son vulnerables a las fluctuaciones climáticas y esta situación podría agravarse con el cambio climático. La administración de los recursos hídricos ya requiere de atención especial en las cuencas del centro de México: la del Lerma-Chapala-Santiago y la del Pánuco. Con el cambio climático, la disponibilidad de agua se vería reducida y la competencia por dicho recurso podría derivar en conflictos por el acceso al líquido como los que ya han ocurrido entre estados o como el que ocurre entre México y Estados Unidos.

El mejor mecanismo para contrarrestar la amenaza del cambio climático es la promoción de las energías renovables, de las cuales México tiene un gran potencial aún no explotado. "Nuestro sector energético no está respondiendo a las necesidades y retos del siglo XXI. El futuro es de las energías renovables. El viento, el sol, las corrientes de agua, el calor del planeta y la materia orgánica son recursos que debemos aprovechar, porque los tenemos en abundancia, son amigables con el ambiente y nos permitirán generar crecimiento económico. Además, su uso contribuiría a evitar el cambio climático y a garantizar nuestra independencia energética", concluyó Arturo Moreno.

Una exposición sobre este tema, y sobre algunas de las campañas en las que trabaja Greenpeace, estará abierta al público en el muelle 2 de la Marina Turística de Puerto Vallarta, donde el barco Arctic Sunrise mantendrá sus puertas abiertas a la visita del público hasta el domingo 19. La entrada es gratuita.

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Notas al editor

(1) National Renewable Energy Laboratory. http://www.nrel.gov/docs/fy04osti/35575.pdf

(2) Durante los años 1982-1983 los efectos de El Niño fueron severos, provocaron sequías, incendios y pérdidas estimadas en cerca de 600 millones de dólares en las economías de México y Centroamérica. Durante el periodo comprendido entre 1991 y 1995, El Niño no fue tan intenso como el anterior pero coincidió con una de las sequías más prolongadas en la región que incluso produjo disputas por el uso del agua de las presas. El Niño de 1997 a 1998 volvió a causar grandes impactos en la región: inundaciones en una zonas y sequías en otras, con pérdidas por varios miles de millones de dólares. Al depender de las lluvias de verano, la agricultura es muy vulnerable a las transformaciones que un cambio climático podría provocar en el ciclo hidrológico.

(3) De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) las muertes ocasionadas por el cambio climático asciende a 160 mil al año; cifra que se incrementará.

(4) El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (PICC) es un organismo de la Organización de Naciones Unidas. Lo integran alrededor de tres mil especialistas. Entre sus conclusiones afirma que la temperatura superficial global promedio puede aumentar de 1.4 a 5.8º C de 1990 al 2100, lo cual tendría consecuencias devastadoras para los ecosistemas y para la humanidad. "La tasa de calentamiento proyectada es mucho mayor que los cambios observados durante el siglo XX y es muy probable que no tenga precedente durante al menos los últimos 10,000 años", afirma. También indica que el nivel de los mares podría aumentar de 9 a 88 centímetros entre 1990 y 2100. "Además, es muy probable que el calentamiento del siglo XX haya contribuido significativamente a la subida observada en el nivel del mar" (10-20 cm en el último siglo).

(5) Vulnerabilidad y adaptación regional ante el cambio climático y sus impactos ambientales, sociales y económicos, Víctor O. Magaña y Carlos Gay García.

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