Natasha Popova, de 12 años, nació con microcefalia; Vadim Kuleshov, de 8 años, padece retraso mental y problemas en los huesos. Desde el desastre nuclear de Chernobyl en 1986 se ha registrado un incremento de niños con afecciones de salud, especialmente en Belarus, la región más contaminada.
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