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A los pies de una estatua dedicada a Miguel Hidalgo ubicada en la ciudad de Tijuana, Greenpeace expresó su rechazo a las plantas de gas natural licuado que se pretenden instalar en la frontera para suministrar energía a EUA.
Ver imagenEstas demostraciones pacíficas se unen al rechazo local a los proyectos de construir plantas de regasificación de gas natural licuado (GNL) en el municipio de Ensenada y en las Islas Coronado, al igual que en Sonora, Michoacán y Tamaulipas.
Con estos proyectos perderíamos la oportunidad de realizar una verdadera transición hacia una producción energética limpia, eficiente y renovable, como lo propicia el aprovechamiento de las energía renovables (solar, eólica y geotérmica, entre otras).
Sobre las tuberías colocadas en el predio de Sempra/Shell, Greenpeace expresa su rechazo a las plantas de regasificación.
La versión oficial sostiene que estos proyectos atenderán las necesidades energéticas del norte de México, sin embargo, para justificarlos, se ha sobreestimado la demanda de energía en la región al tiempo que se ha pretendido ocultar que el principal objetivo de estas plantas es abastecer al mercado estadounidense de California. Además, se han omitido los elevados riesgos por accidente o por un eventual ataque terrorista. En el documento recién publicado por Greenpeace, Gas natural licuado. El fin de la independencia energética, se muestra que en 2007 Baja California usaría menos del 1% del combustible que producirían las gaseras. Lo cierto es que con estos proyectos México adoptaría el papel de maquilador energético de Estados Unidos, pues el gas y la electricidad producidos por estas plantas serán exportados hacia ese país, el más contaminante del mundo", explicó Arturo Moreno, coordinador de la campaña de Energía y Cambio Climático.
Activistas de Greenpeace y organizaciones de Tijuana y Ensenada protestan pacíficamente en las instalaciones de Sempra/Shell, en Costa Azul, contra la instalación de plantas de gas natural licuado.
Greenpeace tambien difundió parte de la historia negra de estas compañías. Un breve recuento de daños ambientales, violación de derechos humanos y engaños financieros en los que han incurrido, da un panorama de los diversos riesgos que representan estas poderosas corporaciones. Por ejemplo Shell, durante la construcción de un gasoducto en Bolivia, afectó un área de 6 millones de hectáreas de bosque, en el cual habitan 178 comunidades indígenas y campesinas; en Sao Pablo, Brasil, fue acusada de contaminar el agua potable y de causar problemas de salud incluyendo cáncer, infertilidad y enfermedades respiratorias; en Manila, Filipinas, ha enfrentado disputas legales debido a su pozos petroleros; en Nigeria, se coludió con el Estado para reprimir a los miembros del 'Movimiento de la Gente Ogoni por la Sobrevivencia" que defendía sus derechos sociales y ambientales. Aunque la lucha de este pueblo no había sido violenta, la reacción oficial fue brutal, arrestando a los líderes y masacrando a la gente. Shell admitió que solicitó la intervención del Estado para asegurar sus operaciones e incluso se sabe que facilitó armamento.
Chevron y Texaco, antes de unirse en un solo conglomerado, también cometieron un sinnúmero de abusos. En Ecuador está en curso desde octubre del 2003 un juicio promovido por 30,000 personas que acusan a Chevron de contaminar severamente vastas extensiones de la selva amazónica. De ahí que, actualmente, el pueblo ecuatoriano de Sarayacu se oponga a que CGC-Chevron realice la explotación petrolera en sus territorios. Incluso en California, esta empresa posee una de las peores fuentes de contaminación del agua, el aire y la tierra, la refinería El Segundo. Texaco también ha contribuido a discriminación y extinción de pueblos ecuatorianos como los tetetes y los sansahuari, a partir de que instaló campos petroleros en su terriotrio. Es responsable de daños irreparables a los pueblos indígenas siona, secoya, cofán, quichua y huaorani a quienes ha provocado un sinnúmero de enfermedades e incluso los ha desplazado de su territorio, afectando su forma de vida y su cultura milenaria.
Con el gas, estas empresas buscan acrecentar su poderío. Sempra aspira a controlar la distribución de gas natural en todo el sur de California y en los estados mexicanos de Baja California, Sonora, Chihuahua y Durango. Los efectos del control monopólico ya fueron demostrados en el verano de 2000, en California, cuando ante la ausencia de competidores los precios del gas natural subieron en 700%. A este hecho se le conoce como "el robo más grande a los consumidores de energía en los Estados Unidos".
Para finalizar, Greenpeace subrayó la importancia del potencial de energía renovable en la región y en particular la geotermia, el sol y el viento de Baja California