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Organizaciones demandan en reunión de la CGIAR, y ante el secretario 
de Agricultura, revertir la contaminación genética del maíz mexicano.

Al carecer de argumentos, el secretario de Agricultura, Javier Usabiaga, calificó de ignorantes a las organizaciones que demandan revertir la contaminación genética del maíz mexicano.

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DF, México — Ante los medios de comunicación, Javier Usabiaga, secretario de Agricultura, ha declarado que el desarrollo tecnológico “desconcierta a los ignorantes” y descalificó las protestas de las organizaciones sociales y de campesinos preocupadas por la contaminación genética del maíz mexicano y la forma como se está dejando en manos de corporaciones las semillas que son patrimonio de todos los mexicanos. El funcionario se refirió a estos pronunciamientos como “panchos, exhibicionismo puro” y agregó: “No fue una protesta, porque ésta se hace con argumentos, con razones, con conocimientos”.

Así, Usabiaga busca devaluar las voces de la mayoría de las organizaciones campesinas e indígenas de México así como las legítimas demandas de las organizaciones civiles, de derechos humanos y sociales que claramente dicen NO a los alimentos transgénicos, una tecnología que sólo beneficia a unas cuantas corporaciones agrobiotecnológicas.

El secretario incluso pretende ignorar que las protestas están fundamentadas en las recomendaciones del estudio “Maíz y biodiversidad. Efectos del maíz transgénico en México”, realizado bajo los auspicios de la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA) del TLC. Este reporte fue elaborado por 40 expertos de México, Estados Unidos y Canadá, entre los que están algunos de los científicos más importantes en este tema.

“Es sorprendente que Usabiaga tache de ignorantes a los científicos de la CCA, a pesar de sus innegables méritos académicos y su rigor científico, quienes en conjunto y unánimemente han recomendado al gobierno de México una serie de acciones claras y contundentes para proteger los maíces mexicanos. Entre estas recomendaciones destacan la de fortalecer la actual moratoria a la siembra de maíz transgénico en México, minimizar la importación de maíz transgénico vivo al país y reducir los riesgos al medio ambiente moliendo y etiquetando todo el maíz de importación que pueda garantizar que está libre de transgénicos”, señaló Areli Carreón, coordinadora de la campaña de consumidores de Greenpeace México.

Estas recomendaciones evidencian la ineptitud de las autoridades para abordar y resolver la contaminación transgénica del maíz mexicano. Usabiaga, consciente de ello, arguye que el reporte de la CCA no es la versión oficial y con ello intenta ignorar las opiniones de los científicos.

Asimismo, el día de ayer, durante el primer foro de consulta a campesinos e indígenas sobre la propuesta de Ley de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados, tomaron la palabra 47 organizaciones de productores de Veracruz, Estado de México, Morelos, Jalisco, Tamaulipas, Chiapas, Distrito federal, Puebla, Oaxaca, Baja California Sur, Zacatecas y asociaciones nacionales y regionales como ANEC, Red Maya de productores orgánicos, Asociación Nacional de Productores Orgánicos, Unión Nacional de Productores Orgánicos, Confederación Nacional de Productores de Maíz de la CNC, Red de Mujeres Rurales Mexiquenses, entre otras. De estas organizaciones, 35 se pronunciaron claramente en contra de la actual propuesta de Ley de Bioseguridad que intenta legalizar la siembra de transgénicos en México, otras pidieron más información sobre los transgénicos y la propuesta de ley y sólo 7 se expresaron a favor de aprobar al vapor la actual propuesta de ley.

El secretario Usabiaga debe recordar que la revolución verde también se promocionó en la década de 1960 como la solución tecnológica a los problemas de pobreza y el hambre; sin embargo, no sólo no los resolvió sino que creó conflictos nuevos como la pérdida de suelos, contaminación de tierra y agua, daños a la salud de los campesinos y consumidores y dependencia tecnológica de empresas transnacionales.

“Hoy, la biotecnología es una propuesta tecnológica en manos de unas cuantas corporaciones transnacionales, principalmente Monsanto, quien monopoliza cerca del 90% de la inversión, investigación y producción de transgénicos en el mundo. Esta tecnología no resolverá los problemas del hambre o de productividad en México, sino que los aumentará al hacer de las semillas una mercancía y del proceso productivo un negocio para las corporaciones propietarias de las patentes. ¿En dónde está la prosperidad que Usabiaga promete sin fundamento a los productores del campo?”, cuestionó Carreón.

Es cierto que el campo enfrenta severos problemas que urge resolver, pero los expertos de la CCA señalan que la falta de autosuficiencia en la producción del maíz se debe a políticas públicas gubernamentales y a los efectos del mercado mundial de maíz, no a la falta de productividad de las tierras y los sistemas de milpa tradicionales de los mexicanos. El estudio de la CCA reconoce que las variedades transgénicas existentes no benefician a los campesinos de México.

Ante este conocimiento científico es obligación irrenunciable e inaplazable del gobierno, proteger a los campesinos de México, sus semillas y su bienestar; así como garantizar la producción y el acceso a alimentos de calidad, en vez de promover los negocios privados de unas cuantas compañías extranjeras.

Permitir la siembra de maíz transgénico en México significará la pérdida de autosuficiencia alimentaria así como de la propiedad e integridad de los maíces mexicanos por parte de sus legítimos dueños que son las comunidades campesinas e indígenas de México.

Por ello, en lugar de calificar de ignorantes, exhibicionistas y con intereses mezquinos a quienes señalan legítimamente sus preocupaciones sobre el uso de los transgénicos, Usabiaga debería fundamentar sus propias declaraciones.

Para más información llamar a Cecilia Navarro a los teléfonos 5530-2165 ext. 120 o 04455-5172-9869 o visitar la página www.greenpeace.org.mx.

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