A pesar de su potencial nocivo para el campo mexicano, la biodiversidad y la salud, autoridades y empresarios insisten en sembrar transgénicos en México. (Cartón de Alarcón.)
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DF, México —
Greenpeace exige al gobierno mexicano apego a la Ley de bioseguridad y al principio precautorio del Protocolo de Cartagena
La publicación del Reglamento de la Ley de Bioseguridad de Organismos
Genéticamente Modificados no es suficiente para la autorización de
siembras de experimentales de maíz transgénico en México, señaló
Greenpeace.
Aun cuando el Reglamento entra en vigor hoy 24 de marzo, de acuerdo con
su Transitorio Primero, las secretarías de Salud, Semarnat y Sagarpa
deben acatar la Ley de Bioseguridad y concluir satisfactoriamente un
sistema de salvaguardas de bioseguridad en México, antes de autorizar
cualquier siembra transgénica.
“El Reglamento se centra únicamente en dar respuesta a las empresas
transnacionales en torno a los trámites y requisitos para las
solicitudes de siembra de sus semillas transgénicas, y deja en manos de
la industria biotecnológica la determinación de las medidas de
evaluación, monitoreo y control de los posibles riesgos en la salud
humana, al medio ambiente y la diversidad biológica, cuando esta es una
obligación de los gobiernos, de acuerdo al Principio Precautorio del
Protocolo de Cartagena, del cual México es signatario. Con el
Reglamento, el gobierno mexicano deja al arbitrio del promoverte lo que
se entiende por medidas de bioseguridad, sin fijar estándares y sin
determinar centros de origen y diversidad genética, así como la
implementación de un régimen de protección especial al maíz”, denunció
Aleira Lara, coordinadora de la campaña de agricultura sustentable y
transgénicos de Greenpeace México.
La Ley de Bioseguridad estipula, en su artículo 2 fracción XI, la
creación de un régimen de protección especial del maíz, el cual ordena
que se determinen las bases para el establecimiento, caso por caso, de
los cultivos de los cuales México es centro de origen, en especial del
maíz. Sin embargo, el Reglamento lo deja para su posterior regulación y
da como plazo 60 días siguientes a su entrada en vigor.
De acuerdo con el Reglamento, la Semarnat y la Sagarpa deberán emitir
las disposiciones de bioseguridad que conformen el régimen de
protección especial. Sin estas disposiciones no se puede proceder a la
autorización de las siembras de maíz transgénico.
“El artículo 86 de la Ley de bioseguridad establece que es
indispensable la determinación de centros de origen y diversidad
genética para poder tomar las medidas necesarias para la protección de
dichas especies. No obstante, el Transitorio quinto del Reglamento
estipula que las solicitudes de permisos presentadas antes de la
entrada en vigor del Reglamento y aquellas que se presenten en tanto no
se emitan los acuerdos a que se refiere el artículo 86, se resolveran
por la secretaría competente. Con esta disposición discrecional se
pretende otorgar autorizaciones aun sin contar con el marco de
bioseguridad completo”, explicó Lara.
Actualmente, siendo centro de origen del maíz y sin contar con la
autorización de siembras experimentales, México ocupa el segundo lugar
con más casos de contaminación en el continente americano y el octavo a
nivel mundial (1). Nuestro país ya resiente los impactos negativos de
los trangénicos creados con una tecnología burda y riesgosa, que
amenaza gravemente al medio ambiente y que no ha descartado impactos
negativos en la salud humana.
Con la liberación de maíz transgénico al medio ambiente, el gobierno
mexicano pondrá en manos de empresas transnacionales la soberanía
alimentaria de los mexicanos. La semilla de maíz transgénico es
altamente contaminante, investigaciones científicas demuestran la
imposible coexitencia de los cultivos transgénicos con los
convencionales y orgánicos. Cuando los transgénicos son sembrados fuera
de los laboratorios, aún respetando regulaciones estrictas, es
imposible controlar a los insectos, el movimiento del polen o las
corrientes de aire (2), así como el intercambio de semillas, práctica
común en los campesinos mexicanos. La Agencia Europea para el Medio
ambiente (EEA por sus siglas en inglés) ha descrito al maíz transgénico
como un cultivo de “medio a alto riesgo” de contaminación (3).
“Greenpeace exige a las autoridades de Semarnat y Sagarpa cumplir con
la Ley de bioseguridad y mantener la moratoria a las siembras
experimentales de maíz transgénico, hasta completar el sistema de
salvaguardas de bioseguridad estipulado en la legislación vigente. Si
se permite que el maíz transgénico contamine las plantas originales de
maíz que son cultivadas en México, la Humanidad puede perder estas
“plantas madre” de las que se originaron el resto de las variedades de
maíz”, concluyó Lara.
Notas
1.Greenpeace Internacional y Genewatch Reino Unido. Tercer reporte del
Registro de Contaminación de transgénicos.
www.gmcontaminationregister.org
2.Recientemente el Gobierno francés prohibió la comecialización del
MON810 de Monsanto debido a que resultados de una investigación
científica comprobaron impactos negativos en la flora y la fauna. Dicho
estudio comprobó que el flujo génico alcanza distancias kilométricas
haciendo imposible la coexistencia de los cultivos transgénicos y los
cultivos orgánicos y tradicionales; así mismo se detectaron impactos
negativos en insectos benéficos, la mariposa Monarca entre otros.
3. http://reports.eea.eu.int/environmental_issue_report_2002_28
Vision, video, photos, report information
Más información con Raúl Estrada, coordinador de prensa, en los tels. 044-55-2746-3236 / 04555-33-96-46-54 y 5687 9595 ext. 120, email: raul.estrada@greenpeace.org o en la página www.greenpeace.org.mx