Greenpeace advierte sobre la Contaminación genética del maíz argentino.

Noticia - 24 enero, 2000
Al igual que en México y otros países de Sudamérica, el maíz modificado genéticamente en la Argentina podría generar efectos devastadores en las economías de los campesinos, el medio ambiente y la salud humana.

Greenpeace advirtió este lunes que las variedades de maíces del norte argentino y el sur boliviano podrían contaminarse irreversiblemente si continúa la expansión de cultivos transgénicos de ese cereal. Asimismo exigió la prohibición total de estas plantas en los centros de origen y diversidad. El alerta fue dado a conocer en Montreal durante la última ronda de negociaciones internacionales para establecer un protocolo de seguridad biológica que regule el comercio de los organismos vegetales genéticamente modificados (OVGMS).

Greenpeace explicó a periodistas en Montreal que los productos comerciales de los OVGMs, como los granos de maíz, son materiales que pueden generar nuevas plantas y con ellas verdaderas amenazas ambientales y económicas. “Incluso, si el uso o destino es para alimento humano o de animales, existe el riesgo de que se regeneren intencionalmente, de manera accidental o que el destino original se desvíe y se utilicen para la siembra”, destacó Emiliano Ezcurra, coordinador argentino de la campaña de Biodiversidad de Greenpeace.

El maíz originó y se domesticó en México (1) y posteriormente también fue domesticado en Sudamérica. A lo largo de los siglos, los indígenas fueron descubriendo los secretos del cultivo del maíz y lo domesticaron extensivamente. El maíz era y es el alimento base para las poblaciones de Centroamérica y América del Sur.

En la actualidad, las variedades locales de los maíces se ven amenazados por la difusión del maíz transgénico (un vegetal al que se le insertó una toxina que combate a las plagas), producido y patentado por multinacionales de la biotecnología como Novartis o Monsanto.

Los OVGMs han sido cuestionados no sólo por sus efectos contaminantes, sino también por sus eventuales impactos negativos en la salud humana: “Existe ya información científica sobre las potenciales consecuencias adversas que los genes marcadores de resistencia a antibióticos utilizados en estos vegetales tienen sobre la salud de la gente –indicó Ezcurra-. La resistencia a los antibióticos en gérmenes patógenos o causantes de enfermedades en animales y humanos es ya una preocupación para muchos gobiernos y la comunidad médica internacional”.

Greenpeace sostiene que los países deben adoptar medidas precautorias para evitar este tipo de contaminaciones, a través de la prohibición de las importaciones de estos productos a centros de biodiversidad, el control estricto de los campos cultivados con estos vegetales y un sistema legal de consentimiento, previa información entre los países importadores y exportadores.

Por otra parte, la delegación de Greenpeace en Montreal exigirá que dentro de las regulaciones de bioseguridad se respete el derecho de un Estado a rechazar, en concordancia con el principio de precaución, la entrada de OVGMs y sus productos derivados.

En la actualidad hay países como México donde se ha prohibido la entrada del maíz transgénico. Sin embargo no existe una ley internacional que los proteja de la contaminación genética producida por los cultivos asentados en las áreas cercanas a las fronteras con otros países, o el contrabando en zonas limítrofes.

El especialista advirtió por otra parte que el avance del maíz transgénico en el norte de Argentina podría ocasionar problemas con Bolivia, ya que el centro de diversidad de esta especie se extiende al sur del país vecino. “Antes de cultivar especies transgénicas cualquier Estado debería estar legalmente obligado a consultar con los Estados vecinos. También se deberían tomar medidas para prevenir la entrada ilegal de semillas transgénicas a los centros de diversidad”, opinó.

Sin embargo, subrayó que por intereses políticos y económicos Estados Unidos ha boicoteado cada intento de lograr un Protocolo de Bioseguridad que proteja al ambiente de la contaminación genética. “Lamentablemente la Argentina se ha alineado a Washington y corre el serio riesgo de quedar aislada de la comunidad internacional, que vino a Montreal con la declarada voluntad de adoptar un Protocolo”, agregó.

Greenpeace presentó a la prensa un informe sobre la situación de los centros de biodiversidad en el mundo durante la ronda final del Protocolo de Bioseguridad, que finalizará este viernes. La reunión tiene como objetivo adoptar las reglas sobre el movimiento transfronterizo de organismos vivos genéticamente modificados que serán parte del Convenio de Diversidad Biológica de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Argentina firmó y ratificó un convenio, dándole rango constitucional, pero la legislación todavía no posee compromisos concretos para proteger la diversidad biológica, tema del que están discutiendo los delegados de unos 140 países en Montral. Una primera ronda de negociaciones realizadas el año pasado, en el mes de febrero en Cartagena de Indias (Colombia), fracasó en el intento de llegar a algún acuerdo (2).

El ambientalista afirmó que los gobiernos reunidos en esta convención “tienen, posiblemente, la última oportunidad de lograr un acuerdo” y que “los países industrializados, como los de la Unión Europea, tienen la responsabilidad de que esto suceda”. Según Ezcurra, “Argentina debería defender su maíz, en especial aquellas variedades ubicadas en Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco y Formosa”.

“El maíz transgénico representa una seria amenaza para los cultivos en los campesinos e indígenas de la región han trabajado desde tiempo inmemorial”, concluyó. 

(1) Disponible en la oficina argentina de Greenpeace los informes, en castellano, centros de Biodiversidad y La Diversidad biológica del maíz.

(2) Disponible en la oficina argentina de Greenpeace, en castellano, la Plataforma de Greenpeace para la Creación de un Protocolo de Bioseguridad viable para el medio ambiente.