Greenpeace protesta en España contra cargamento de soja transgénica

Noticia - 28 abril, 2004
Activistas de Greenpeace llevan a cabo una acción para evitar la entrada de soja transgénica a bordo del buque Winner en Málaga. La prestigiosa publicación New Scientist advierte del peligro del monocultivo de soja en la Argentina

Greenpeace protesta en España contra cargamento de soja transgénica

Siendo las 3,00 horas de la mañana de este miércoles (hora argentina), activistas de Greenpeace a bordo del MV Esperanza han interceptado al buque Winner, de bandera chipriota, que pretendía descargar en el puerto de Málaga miles de toneladas de soja transgénica de procedencia argentina.

La protesta coincide con la reciente difusión de un artículo investigación de la prestigiosa publicación internacional New Scientist, en la que advierte sobre los riesgos de la aplicación masiva de la soja transgénica en los campos argentinos.

“Muchos ven la experiencia de Argentina como una advertencia de lo que puede suceder cuando la producción de un sola commodity para el mercado mundial toma primacía sobre la seguridad alimentaria. Cuando esta commodity se produce en un sistema de monocultivo, con el uso de una tecnología nueva y relativamente inexperimentada provista por compañías multinacionales, la vulnerabilidad del país es total”, señala la publicación especializada.

“Hasta ahora pocos países han adoptado la tecnología GM, Estados Unidos y Argentina, juntos representan el 84% de los cultivos GM plantados en el mundo. No obstante, otros, incluyendo el Reino Unido, que parecen estar cada vez más preparados para autorizar el crecimiento comercial de cultivos GM, harían bien en mirar la experiencia de Argentina para ver lo malo que puede ser”, concluye el artículo, cuya versión completa puede leerse haciendo click aquí.

LA PROTESTA
Los activistas, en calidad de Observadores de Transgénicos, han subido a bordo del buque Winner, desde lanchas procedentes del barco de Greenpeace MV Esperanza, para investigar el tipo y la procedencia exacta de la carga y exigir que se paralice inmediatamente la contaminación de los alimentos.

Los escaladores de Greenpeace se han subido a las grúas del buque para evitar la descarga de harina de soja transgénica en el puerto de Málaga. Los activistas llevan pancartas en las que se puede leer “Transgénicos = destrucción”, “España no quiere transgénicos”, “Don't buy GE food” o “No queremos transgénicos”.

Esta acción se enmarca en una campaña internacional contra los transgénicos que la organización ecologista está llevando a cabo en diferentes continentes: el MV Esperanza en Europa, el Rainbow warrior en Asia y el Artic Sunrise en América.

"La soja transgénica no alimenta al mundo, a pesar de lo que afirma la propaganda de empresas como Monsanto. La soja transgénica, sin embargo, destruye el medio ambiente de los países donde se cultiva, como la Argentina o los Estados Unidos. Invitamos a los ciudadanos del mundo a ejercer un consumo responsable presionando a sus representantes políticos para que echacen los transgénicos y favorezcan una agricultura sostenible que alimente a la humanidad en lugar de propiciar sistemas diseñados para alimentar a los animales de los países ricos", dijo Emiliano Ezcurra, responsable de la campaña de transgénicos de Greenpeace Argentina.

El avance de los cultivos orientados al mercado internacional impulsó la expansión de la frontera agrícola, destinando a la producción tierras que no eran de uso agrícola, deforestando bosques y selvas nativos, como las yungas salteñas o el monte santiagueño. Solo en Salta la tasa anual de deforestación triplica el promedio mundial.

El avance de la frontera agropecuaria está destruyendo no sólo lo que nos queda de nuestros bosques (un 30% de la superficie original), sino nos priva de los beneficios de estos ecosistemas: protección climática, retención de aguas para evitar inundaciones y la degradación del suelo. Al destruir los bosques, perdemos la posibilidad que nuestros científicos descubran en sus especies potenciales beneficios medicinales y alimentarios.

Esta incorporación de nuevas tierras para la agroexportación también se hizo muchas veces a través de la expulsión violenta de las familias campesinas y las comunidades de los pueblos originarios (ocupantes ancestrales de esos espacios) que trabajan y ocupan legítimamente esas tierras.

Esta expansión se da de la mano de la soja transgénica: en nuestro país casi el 100% de los cultivos de soja son transgénicos, es decir, genéticamente manipulada para tolerar el agroquímico (Round Up ) que produce Monsanto, la misma multinacional que tiene el derecho de propiedad sobre la semilla.

La semilla patentada por Monsanto, más los insumos necesarios que también provee esta empresa, conforman lo que se llama “paquete tecnológico” que aumenta la dependencia de los agricultores con respecto a estas compañías.

Lamentablemente, los agricultores cada vez tienen menos poder de decisión sobre qué producir, cómo producir y para quién producir; si producir granos para el ganado del primer mundo y economías emergentes o producir alimentos cada vez menos dependientes de agroquímicos, con menor impacto sobre el suelo y más aptos para la salud humana.