No a la finalización de Atucha II, el negocio más ruinoso de la industria nuclear nacional.

Noticia - 1 junio, 2001

Atucha II

Greenpeace salió al cruce este viernes de las conclusiones a las que una Comisión Interministerial arribó sobre la "conveniencia" de concluir las obras de la central nuclear Atucha II. Según la organización ambientalista la planta nuclear ha sido un pésimo negocio para la Argentina y su finalización es inconveniente tanto por razones económicas como ambientales. Además publicó un informe en que muestra que cada peso invertido en Atucha II rendiría el doble en energía si fuese invertido en energía eólica.

"Se pretende pasar por alto que Atucha II es uno de los peores negocios que ha hecho el Estado argentino en materia energética, es una decisión caprichosa", señaló Juan Carlos Villalonga, de Greenpeace Argentina. "Se trata de un disparate económico, sin ningún sentido energético, económico ni científico", agregó.

Greenpeace demandó terminar con los subsidios permanentes que todos los argentinos pagan diariamente para que las plantas nucleares sigan funcionando manteniendo la ficción de que la energía nuclear es una opción viable. "Hoy existen formas de producción energética más económicas, seguras, limpias e inagotables, sin embargo no reciben ninguna atención por parte del estado, por qué tenemos que seguir pagando por una tecnología obsoleta y riesgosa?", cuestionó el especialista de Greenpeace.

En la construcción de Atucha II ya se llevan gastado más de 3.000 millones de dólares, sumando los costos financieros se estaría en los 4.000 millones y todavía son necesarios otros 700 millones de dólares para ponerla en marcha. Greenpeace asegura que "sumando estos gastos más los necesarios para que la planta cumpla con la legislación vigente en materia de seguridad y residuos nucleares, se alcanza una cifra que invertida en energía eólica generaría el doble en electricidad".

Aún sin concluirse esa central atómica, todos los años se gastan 15 millones de dólares en el mantenimiento de la obra. Este año la Planta de agua pesada en la Provincia de Neuquen recibió 13 millones de dólares para que subsista con el único objetivo de alguna vez producir agua pesada para Atucha II.

PROGRAMA ARCAICO, NACIDO CON FINES MILITARISTAS

En su informe publicado hoy, Greenpeace señala que "la decisión de construir Atucha II, la tercera planta atómica de la Argentina, fue adoptada durante la dictadura militar en los últimos años de los '70 como parte de un plan de desarrollo atómico que hoy ya no existe. No sólo esta decisión fue adoptada en un marco político completamente diferente del actual, sino que además es notablemente diferente el contexto energético y tecnológico a dos décadas de diferencia".

Los contratos para la construcción de Atucha II fueron firmados y ratificados por la Junta Militar en 1980. Las obras comenzaron en marzo de 1981 y alcanzaron casi su estado actual de avance durante los años 1982 y 1983.

La decisión de construir Atucha II fue claramente parte de un programa nuclear cuyo objetivo central era político y militarista, no un programa energético. Cuando acaba el gobierno militar a finales de 1983, comienzan los problemas para continuar esta obra. El funcionamiento de la central atómica Atucha II significará la generación de más de 4000 tn de residuos altamente radiactivos y cientos de miles de toneladas de residuos en la fabricación de combustible nuclear.

Para Greenpeace, no existen fundamentos económicos, ambientales ni políticos para continuar alentando inversiones en el área nuclear.

La Provincia de Buenos Aires debe rechazar la construcción de una nueva central nuclear en su territorio y el asumir mayores riesgos de accidentes, mayor cantidad de transportes de sustancias radiactivas y la generación de mayor cantidad de residuos nucleares de alta actividad en su territorio.

Por el contrario, Greenpeace plantea la reconversión del gasto hoy destinado a Atucha II en el desarrollo tecnológico en energías limpias y modernas. "Eólica, solar e hidrógeno son áreas de desarrollo que harían que las inversiones tengan un doble resultado positivo, en cuanto a producción energética y en materia de desarrollo científico-técnico. Debemos modificar esta presunción que existe en Argentina de que la energía nuclear es sinónimo de desarrollo científico de avanzada. Lo nuclear es una industria en baja a nivel mundial y con infinidad de problemas ambientales, técnicos y económicos", concluyó Villalonga