Ruckauf buscado por colaborar con la guerra contra los consumidores

Noticia - 14 mayo, 2003
Greenpeace distribuyó hoy naipes con el rostro del canciller Ruckauf, emulando lo hecho por Bush durante la guerra con los colaboradores del régimen iraquí. La Argentina, Canadá y Egipto apoyan la llamada “guerra contra los consumidores”, que acaba de desatar Estados Unidos en la Organización Mundial del Comercio (OMC)

Greenpeace distribuyó hoy naipes con el rostro del canciller Carlos Ruckauf (emulando lo hecho por Estados Unidos para identificar a los colaboradores del régimen iraquí) al apoyar oficialmente la denuncia de Estados Unidos ante la OMC contra la Unión Europea en torno de la moratoria que se aplica en el viejo continente a la aprobación de productos transgénicos.

Ruckauf, de esta forma, está colaborando en el debilitamiento de las regulaciones sanitarias de los transgénicos y boicoteando el derecho de los consumidores a saber qué comen.

"La Administración Bush de hecho está declarándole la guerra a los consumidores. Pero es una guerra que Bush no puede ganar. Presentar un caso ante la OMC para ayudar a la desesperada industria de semillas transgénicas a venderle a la gente algo que rechaza de plano es tomarla por estúpida y solo servirá para aumentar su rechazo. Esta medida de Ruckauf, además de ridícula, es económicamente contraproducente para la Argentina", dijo Daniela Montalto, de Greenpeace.

Greenpeace considera lamentable los gestos de complacencia absoluta, casi de relaciones carnales, de la Cancillería para con los intereses comerciales de Estados Unidos.

El gobierno argentino mantuvo siempre una política de "espejo" con la Unión Europea en la aprobación de transgénicos: es decir que la Argentina, para proteger sus exportaciones, no aprueba cultivos transgénicos de exportación a Europa que no estén autorizados allí. Fue así que la Argentina pudo aumentar sus exportaciones de maíz a Europa dado que Estados Unidos había liberado maíces transgénicos no comercializables en la Unión Europea.

Hacia fines del año 2000 la Argentina volvió a beneficiarse con la prohibición de otro transgénico: el maíz Starlink. Debido a sospechas sobre su potencial alergénico, la Argentina no lo liberó. Pero EEUU sí lo hizo sosteniendo que sería sólo para consumo animal. Con todo, el maíz Starlink se "filtró" a las góndolas americanas, provocando un gran escándalo nacional, lo que hizo perder a Estados Unidos más mercados, que fueron ganados por la Argentina.

Para Greenpeace todos los países tiene derecho a rechazar los alimentos transgénicos y a exigir su etiquetado para saber qué están comiendo.

"Cada vez más países dan a sus consumidores la posibilidad de poder elegir lo que comen, a diferencia de Estados Unidos y la Argentina, que utilizan a la OMC para defender los estrechos intereses de una industria en particular a expensas del medio ambiente, la seguridad alimentaria y los derechos de los consumidores”, concluyó Montalto.