Rex Weyler cuenta nuestra historia

Página - 10 junio, 2010
Rex Weyler fue el primer Director de la Fundación Greenpeace, el editor del primer newsletter de la organización, y el cofundador de Greenpeace Internacional en 1979. Fue también fotógrafo y reportero en las primeras campañas de focas y ballenas de Greenpeace y ha escrito una de las mejores y más exhaustivas historias de la organización, “Greenpeace” (Raincoast, 2004). Su libro, “Sangre de la Tierra, una historia del Movimiento Indoamericano”, fue nominado al Premio Pulitzer. “Verde profundo” es la columna mensual de Rex, donde recorre las raíces del activismo y el ecologismo, y nos cuenta acerca del pasado, presente y futuro de Greenpeace.

Capítulo 24: viviendo como una cuenca

junio 2010

“La naturaleza es la primera profesora ética de la humanidad.”  -- Peter Kropotkin, Zoólogo y geógrafo ruso.

A veces, mientras abogo por la ecología y la paz, paso mucho tiempo con libros y pantallas de computadora, y no suficiente tiempo con la verdadera profesora.

Mi hogar está en la costa oeste de Canadá y – como las comunidades de todo el mundo – aquí luchamos contra un asalto incesante a nuestra naturaleza remanente. Recientemente visité uno de nuestros paisajes silvestres amenazados, Bute Inlet, donde General Electric y su socio local quieren convertir 17 arroyos y ríos en plantas eléctricas. Llaman a esto “energía verde”.

El plan sería excavar lechos de ríos, desviar el agua en tubos masivos e instalar turbinas para generar cerca de 1,000 megawatts de capacidad energética. Para exportar la electricidad, GE reemplazaría cientos de kilómetros de bosques por líneas de transmisión. Esta destrucción masiva de la naturaleza es sólo el inicio. Las compañías energéticas ponen sus ojos en 700 cuencas del oeste canadiense.

Tenemos grupos – como la asociación Ciudadanos por la Energía Pública, Comité por la Naturaleza de Canadá Occidental, Greenpeace, Vigilantes de las aguas y la Alianza por los Ríos – trabajando para salvar estas cuencas. Estamos en contra de mucho dinero, tráfico de influencias y corrupción. Como otras comunidades alrededor del mundo, estamos trabajando diariamente para preservar nuestra naturaleza y a veces la lucha se siente abrumadora.

Sin embargo, ayuda realmente pasar tiempo dentro de la naturaleza que uno trata de preservar. Los lugares salvajes aún pueden enseñarnos lecciones esenciales acerca de por qué hacemos este trabajo, por qué existe Greenpeace y por qué nos levantamos diariamente y regresamos a la lucha para salvar lo que queda de la naturaleza salvaje.

Valores de las Cuencas

Hace cuarenta años, durante las campañas tempranas de Greenpeace, todos eramos voluntarios. Teníamos muy poco dinero y generalmente estábamos endeudados. Sin embargo, montando las campañas en mar y tierra, recibimos de la naturaleza una educación invaluable. Hoy, las campañas de Greenpeace proveen este mismo regalo extraordinario a voluntarios y tripulaciones.

Aprendí las mejores y más importantes lecciones de ecología pasando tiempo con focas harpa en los témpanos de hielo; con ballenas en el océano; con delfines y peces voladores, tortugas marinas y tiburones; con ríos, árboles, cabras de montaña y caribús. En bosques libres y apacibles descubrí lo que realmente significa ecología.

En la naturaleza, atestiguamos las fortalezas y debilidades de cada criatura, el poder y vulnerabilidad de los ecosistemas naturales, los micro hábitats que sostienen especies únicas, la simbiosis dentro de cada comunidad ecológica y el servicio incansable de polillas, bichos, gusanos y lobos.

Mientras estaba en un kayak en la naturaleza de Bute, recordé aquel sentimiento de vivir dentro del abrazo de la naturaleza salvaje. Sentí gran alivio en la calma del cuidado de la naturaleza – el océano y los bosques parecen poseer una inteligencia y magnificencia más allá de cualquier cosa que los humanos podrían reproducir. Mientras caminábamos en la playa rocosa y explorábamos por un denso valle, atestigüé el río como un sistema vivo.

Un piloto explorador me dijo una vez que podía identificar corrientes de buen salmón desde el aire, por los listones verde oscuro tejidos por el bosque. No tenía que ser un biólogo para notar el efecto de la circulación de nutrientes por un río. Los ríos salpicantes y agitados crean zonas riparias húmedas y productivas, cunas de vida que vinculan ecosistemas acuáticos y terrestres. Los ríos circulan nutrientes y proveen autopistas para el transporte de la vida silvestre. Cuando un salmón o trucha nada río arriba, acarrea nutrientes. Los osos y mapaches llevan los esqueletos de peces a los bosques, dejando un rastro de nutrientes.

Cuando una sola hoja cae en una corriente, los microorganismos la descomponen y distribuyen la riqueza orgánica río abajo, proporcionando alimento a las larvas de insectos. Los cangrejos y anfibios comen las larvas e insectos. Estos, a cambio, son comidos por peces, aves y mamíferos. Los nutrientes son depositados y absorbidos en el suelo del bosque y son regresados por los árboles, para caer y reiniciar el ciclo. Este ciclo de nutrientes produce los listones de vida que el piloto explorador podía ver desde el aire.

Los suelos riparios húmedos proveen hábitats críticos para juncos, pastos, amaranto, lirios y ciertos árboles. En nuestra región, el sauce, corno, cedro rojo y álamo negro se dispersan en estos bosques húmedos del norte. Prosperan las frambuesas de diversas especies. Árboles y arbustos cuelgan sobre ríos y corrientes, agua refrescante, suelo y aire, beneficiando a peces e invertebrados mientras limitan el crecimiento de algas. Las raíces proveen estructura, colectan el sedimento y refuerzan los bancos de ríos. Los árboles caídos crean estanques y hábitats especiales para especies acuáticas delicadas.

En muchas regiones del mundo, hasta 80 por ciento de la vida silvestre depende de ríos y hábitats riparios por lo menos en una parte de su ciclo de vida. La rica vida animal empieza con las moscas, ninfas y escarabajos, y sube en la cadena alimentaria hasta los copépodos, anfípodos y peces. Los ríos proporcionan el hábitat para engendrar y criar salmón, trucha y otros peces anádromos, para ranas y salamandras raras, cada una jugando un papel vital en la costura del ecosistema.

La gente y los ríos
Este día vimos garzas azules, patos reales, pájaros carpinteros y martín pescadores de cinturón sumergirse en piscinas. En el dosel vegetal pudimos escuchar los variados tordos, gorriones y pájaros cantores que vienen al norte en el verano. Estos milagros de la vida representan algo más precioso que todo lo que uno podría comprar con dinero o diseñar con la mejor ingeniería del mundo.

Históricamente, la humanidad creció en el regazo de la naturaleza en dichos valles de ríos. Nuestros ancestros nacieron en las cuencas y pasaron sus vidas enteras viviendo de la generosidad de las cuencas. Me siento afortunado de haber conocido comunidades indígenas que aún hoy viven de la generosidad de sus cuencas. Es una ilusión particular de nuestra era industrial el buscar “sustentabilidad” convirtiendo nuestras últimas cuencas silvestres en plantas energéticas para dar combustible a un mayor consumo humano.

Los asentamientos humanos tradicionalmente florecieron a lo largo de ríos por razones muy buenas: alimento abundante, agua limpia, recursos materiales y corredores de transporte. Incluso en nuestro mundo moderno, los ríos proporcionan servicios ambientales que podrían no parecer obvios. Los ríos purifican agua para uso humano. Los suelos filtran y almacenan agua durante las lluvias fuertes y previenen inundaciones. La vegetación riparia controla la erosión y secuestra carbono, mientras los microorganismos del suelo descomponen los contaminantes y liberan nutrientes.

Las cuencas silvestres aún proporcionan servicios, educación, placer e inspiración a nuestras comunidades. Incluso en regiones asentadas, los ríos proporcionan parques y rutas verdes, mejorando el valor de la comunidad.

Los ambientes humanos pueden oscurecer nuestra conexión a la naturaleza. Muchos de nosotros vivimos en ambientes dominados enteramente por el diseño humano, terreno pavimentado, construido o aplanado. Cuando somos suficientemente afortunados de encontrarnos en ambientes no humanos, nace algo dentro de nosotros. Recordamos algo que no podemos definir o controlar, algo más allá de nosotros que provee para nosotros. Se levanta un gran peso de nuestras ocupadas mentes. Este sentimiento es la memoria genética de vivir dentro del cuidado de la naturaleza.

Rex Weyler

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