Rex Weyler cuenta nuestra historia

Página - 5 abril, 2010
Rex Weyler fue el primer Director de la Fundación Greenpeace, el editor del primer newsletter de la organización, y el cofundador de Greenpeace Internacional en 1979. Fue también fotógrafo y reportero en las primeras campañas de focas y ballenas de Greenpeace y ha escrito una de las mejores y más exhaustivas historias de la organización, “Greenpeace” (Raincoast, 2004). Su libro, “Sangre de la Tierra, una historia del Movimiento Indoamericano”, fue nominado al Premio Pulitzer. “Verde profundo” es la columna mensual de Rex, donde recorre las raíces del activismo y el ecologismo, y nos cuenta acerca del pasado, presente y futuro de Greenpeace.

Capítulo 22: Energía neta

Abril 2010

"El objetivo de la vida es vivir en armonía con la naturaleza."
Zenón (335 - 264 AC)

 
 
Como ecologistas interesados en llevar a la civilización humana de vuelta a una relación sana con la Tierra, nos vendría bien entender ciertas reglas de la naturaleza, entre ellas, el efecto de la “energía neta”.
 
La energía neta, a menudo llamada 'retorno de la inversión energética', es la energía que un organismo obtiene de la luz del sol menos la energía que utiliza para acumularla. Funciona igual que el 'ingreso neto', pero en este caso se cuentan las unidades energéticas, es decir, calorías o kilovatios-hora, en lugar de dinero.

La energía se mide mediante la proporción, por ejemplo, tres a uno (3:1), que significa que un organismo utiliza una caloría de energía para obtener tres calorías de energía del alimento. Todos los animales, incluso los seres humanos, necesitan un excedente de energía para las demás actividades que realizan, como mantener el calor de la sangre y el funcionamiento del cuerpo, para emigrar, hacer su refugio, reproducirse, cuidar de su descendencia, etc.  
 
Los organismos deben obtener energía en una proporción superior a 1:1. Por ejemplo, una trucha de río que usara una caloría de energía para poder conseguir una caloría de energía de su alimento, tendría cero energía neta y moriría. En una población común de truchas, los individuos que gastan más energía de la que obtienen, mueren, y los que obtienen una cantidad positiva de energía neta, crecen.

Desperdiciar la energía es una mala estrategia en la naturaleza. Para ahorrar energía, las truchas aprenden a esconderse tras las rocas para evitar la corriente rápida y esperar que su alimento pase flotando por donde están. Los peces migratorios, como el salmón, deben conseguir alimento con un mínimo de 3:1 de energía neta y no quemar más de una caloría para conseguir 3 calorías de su alimento.

La energía neta a lo largo de la historia

Las comunidades de cazadores y recolectores del Pleistoceno probablemente subsistían con proporciones de 4:1 o 5:1 de energía neta, lo que significa que quemaban hasta una caloría de energía por cada cuatro o cinco calorías que recolectaban y consumían. No hay datos precisos, pero los investigadores han llegado a este cálculo a partir de las observaciones modernas.

El estudio de Richard Lee sobre el pueblo "Kung moderno del Kalahari (The Kung San: Men, Women and Work in a Foraging Society, Cambridge University Press, 1979) mostró que una comunidad próspera de 20-30 forrajeros eficientes puede subsistir con una proporción de 10:1 de energía neta. Este nivel de energía neta, relativamente alto, fue lo que permitió a algunas culturas explorar el mundo e incursionar en las artes.

La primera explosión demográfica humana no se debió únicamente a la agricultura, sino a la domesticación de los animales, que permitió a los humanos aprovechar la energía de estos para sí. Además, los seres humanos aprendieron a aprovechar la energía neta de otros seres humanos mediante la práctica de la esclavitud.

Un buey o un esclavo puede producir 5:1 de energía neta mediante su trabajo, pero si el amo le da a uno u otro apenas lo indispensable para que sobreviva, a fin de que efectivamente exista con una proporción de 1:1, es el amo quien se apropia de la energía neta excedente.

Los reyes, los emperadores y los primeros industriales se hicieron ricos extrayendo la energía neta del suelo, de los recursos, de los animales y de otros seres humanos. La agricultura, la ganadería, la esclavitud y la explotación de los trabajadores permitieron a las clases dominantes adquirir y acaparar energía neta que luego utilizaron para construir castillos y carruajes, fundir acero, emprender guerras y acumular más recursos. Los talleres de trabajo esclavizado, conocidos como 'sweat shops' son una forma de cosechar energía neta.

La agricultura modesta, preindustrial puede alcanzar una proporción de 10:1 de energía neta y, en algunos casos, mantener este nivel de extracción de energía del suelo haciendo rotación de cultivos y devolviendo nutrientes al suelo. No obstante, en la naturaleza, 'el éxito' tiene ciertos límites.

A medida que un organismo o sociedad humana se vuelve, más  'eficiente' y hábil para extraer energía de su hábitat, tiende a mermar los recursos de una región en particular. Históricamente, los cazadores y recolectores siguieron un estilo de vida seminómada para compensar este hecho. Muchos asentamientos antiguos se mudaban debido a que se volvían demasiado “exitosos’' y agotaban su entorno.

El microbiólogo del suelo, Peter Salonius, de Canadá, explica que la humanidad probablemente empezó extralimitar la capacidad de recuperación de la Tierra cuando abandonó la caza y la recolección para dedicarse a la agricultura, tendencia que alcanzó su clímax con la agricultura industrial. 

Petróleo, maíz e historia

El descubrimiento del carbón y del petróleo transformó de nueva cuenta a la humanidad, porque dio lugar a una nueva y particular bonanza de energía neta. Los hidrocarburos enterrados en la Tierra representan 500 millones de energía solar captada por la fotosíntesis, convertida en biomasa, depositada en el lecho de los océanos y en el suelo de los bosques, y concentrada por presión gravitacional por miles de años.

En la actualidad, la humanidad quema casi 5 millones de años de luz solar almacenada. Es un retiro enorme y de golpe, del almacén de energía del planeta. La concentración de dicha energía era de tal magnitud, que nos brindó “energía neta” sin precedente.

La primera ola de pozos de petróleo modernos, más o menos de 1920 a 1940, produjo una proporción de energía neta superior a 100:1. Producir 100 barriles costaba el equivalente a un barril. De pronto, quienes vivían en el mundo industrializado gozaban de tanta energía neta barata que literalmente podían dominar el mundo entero. La Segunda Guerra Mundial fue, en parte, por la energía, especialmente en los campos petroleros del Caspio, en el Oriente Medio y en el norte de África. Churchill lo reconoció cuando dijo: "Tenemos que buscar el petróleo... comprarlo con regularidad y a precio bajo en la paz, y con absoluta certidumbre en la guerra."

En 1990, el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, dijo con respecto de la guerra del Golfo Pérsico: "Estamos ahí porque... esa parte del mundo controla el suministro mundial de petróleo y quien controle el suministro de petróleo … tendrá a la economía mundial por el cuello."

La energía es la capacidad para hacer trabajo. El flujo de energía neta es el representante del trabajo real realizado por un organismo o comunidad de organismos, incluso la sociedad humana. La energía neta es, por tanto, representante de la actividad económica humana.

No obstante, el petróleo ya no rinde el 100:1 de energía neta. Los campos petroleros han bajado hasta 20:1, 15:1 y 10:1 y ya estamos excavando en las arenas bituminosas de 4:1 y 3:1. Esto lo cambia todo.

Suelo, petróleo y problemas

La llamada “revolución verde” en la agricultura del siglo XX, fue en realidad una “revolución negra” impulsada por el petróleo barato. Según Dave Hughes, en Carbon Shift de Homer-Dixon, un barril de petróleo equivale a la energía necesaria para que un hombre trabaje sin parar 8.6 años.

El desafío que enfrenta la humanidad, como lo documenta Salonius en su estudio, es que nuestra adicción a la energía barata ha creado una sociedad que no puede mantenerse sola. Finalmente, todavía necesitamos tomar nutrientes y energía del suelo, pero éste necesita ecosistemas complejos para poder reciclar bien dichos nutrientes y evitar la erosión.

A medida que los seres humanos inventaron métodos refinados para extraer alimentos y energía del suelo, como el arado, los bueyes, los esclavos, el tractor de diesel, fueron agotando los nutrientes del suelo y provocando erosión. Hasta ahora, hemos perdido 6 millones de hectáreas de suelo cultivable y provocado la formación de casi 14 millones de hectáreas de nuevos desiertos cada año. Por si fuera poco, hemos creado un sistema agrícola que depende de la alta energía neta, poco costosa, del petróleo, que está desapareciendo.

El Dr. David Pimentel, de la Universidad de Cornell, ha demostrado el efecto de la energía neta a medida que utilizamos más petróleo para cultivar alimentos. Pimentel afirma que en el siglo XVII, las granjas preindustriales podían producir maíz a una proporción superior a 10:1 de energía neta, 10 calorías de maíz por una caloría de trabajo agrícola.

Para el año 1910, debido al costo de los hidrocarburos, la proporción de energía neta era inferior a 6:1, y hoy en día es menor a 2:1. Las truchas pueden lograr un resultado mejor en los riachuelos, escondiéndose detrás de las rocas para atrapar insectos.

Sin embargo, nuestra situación de energía neta es todavía peor. Muchos de los alimentos que se consumen en el mundo industrializado llegan con una energía neta negativa, es decir, se necesitan más calorías para cultivar, procesar y entregar el alimento que las que contiene. Algunas carnes y verduras que se consumen en Europa y Norteamérica han invertido la proporción de 10:1 de las granjas preindustriales a 1:10 de energía neta. En estos casos, se invierten 10 calorías de trabajo para entregar 1 de alimento. En la naturaleza, ésta es una buena receta para la extinción.

La humanidad ha logrado salirse con la suya hasta el momento porque quemamos hidrocarburos que equivalen a 500 millones de años de energía solar almacenada, cada año. Nada de esto puede sostenerse. A media que la humanidad agote dicha reserva imposible de resurtir, el valor de la energía neta caerá como piedra, desde el apogeo de los hidrocarburos cuando era de 100:1, hasta 10:1 y las cifras de 4:1 y 3:1 de las arenas bituminosas. Los hábitos que aprendimos en la época de la energía barata no sobrevivirán en una sociedad que dependa de la proporción de 4:1 de las arenas bituminosas.

La era de los hidrocarburos fue una bonanza de energía neta para la humanidad, que no volverá a repetirse con el petróleo de poca energía neta que tenemos en la actualidad, ni con ningún combustible 'supletorio'. Una granja eólica puede lograr una proporción de 18:1 de energía neta en condiciones excelentes, pero puede producir niveles tan bajos como 4:1 o 5:1. El etanol elaborado con maíz produce un nivel de energía neta apenas superior a 1:1.

Ninguna especie puede sobrevivir si tiene que gastar más energía para encontrar alimento, de la que obtendrá de dicho alimento. Si queremos alcanzar algo cercano a la sustentabilidad real, debemos consumir menos energía y cortar el cordón umbilical que une nuestra agricultura con los hidrocarburos.

Rex Weyler

 

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