Seguro te lo has preguntado más de una vez, y hasta fantaseaste con ser activista. En esta nota, un voluntario te cuenta en primera persona cómo fue poner el cuerpo en la acción en la que le pedimos a Eternit que deje de enfermar a Colombia con asbesto.

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© Camilo Rozo / Greenpeace

El asbesto enferma a Colombia. Sin embargo, Eternit sigue utilizando este material invisible y muy peligroso que causa cáncer para fabricar tejas de fibrocemento. Por eso, el pasado 15 de junio, 30 voluntarios caracterizados como enfermos y enfermeros realizaron una acción en la Plazoleta del Transmilenio en Bogotá para pedirle a Eternit que deje de producir y distribuir productos con asbesto.

Juan David Cruz Tovar fue uno de los valientes activistas que formó parte de la actividad. Es voluntario del grupo local de Bogotá hace cuatro años, y asegura que nunca se sabe que puede suceder antes, durante y después de una acción de Greenpeace: “Desde el momento en que uno se entera de que se va llevar a cabo, los nervios empiezan a correr por todo el cuerpo. Se siente a la sangre circular cada vez más rápido y se espera con entusiasmo a que llegue el día D”.

Definir roles antes de la acción también es una parte muy importante. “El tinto nos ayuda a estar más unidos y tranquilos mientras se termina de organizar a los voluntarios y definir funciones. ¡Todos quieren sostener el banner!”, asegura Juan David. “Según mi perspectiva, y por experiencia propia, es bastante desgastante estar más de una hora de pie sosteniéndolo porque no se tiene control sobre clima: hace calor, frío, llueve… Se te cansan los pies y las manos por el peso del banner, aunque siempre tienes a uno o dos compañeros que te ayudan”. A Juan David le tocó ser enfermero. Debía estar pendiente de los pacientes, acomodarlos en las camillas, cubrirlos con una sábana blanca, y colocarles la máscara de oxígeno.

 

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© Camilo Rozo / Greenpeace

Llegó la hora de la acción. Pero, ¿qué pasa? Siempre hay riesgos e imprevistos. “¡Un momentico! Nos dicen que nos detengamos. Hay varios miembros de la policía. Esperamos alrededor de diez minutos. Dan la orden que sigamos y por fin llegamos al sitio. El camión se parquea y comienzo a descargar las camillas y los tanques de oxígeno. Empieza a salir el sol”. Ahora sí, es hora de empezar.

Una de las principales características de los voluntarios y activistas es la versatilidad. En este caso, Juan David tuvo dos roles: “Estuve como enfermero alrededor de media hora y luego reemplacé a una compañera que debía irse. Nuevo rol: enfermo. Me quito los guantes, el gorro y me acuesto en camilla. Me cubro con la sabana. Pasan unos cuantos minutos y se da la orden: la actividad terminó. El sol se oculta”.

Al final, del día la sensación es la de haber dado todo por una causa noble como el cuidado del planeta. “Participar en una acción de Greenpeace es una experiencia muy chévere porque se realiza siguiendo ideales como la protección del medioambiente, la vida y la paz. Intentamos cambiar el mundo con una fracción de nuestro tiempo para que todos entiendan que estamos llevando a un final desastroso a nuestra Pachamama”.

¿Tú qué haces para cuidar al medioambiente? Firma aquí para pedirle a Eternit que deje de enfermar a Colombia con asbesto. 

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