Waldemar, el capitán que lleva el timón del Esperanza

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Noticia - 31 octubre, 2011
Felipe Vallejo nació en Ecuador y desde chico soñaba con trabajar en Greenpeace. Hoy es miembro de la tripulación que navega el Océano Pacífico en una campaña para proteger el atún , una especie que, por la pesca irresponsable, está al borde la extinción. Felipe comparte con nosotros sus experiencias a bordo del Esperanza, uno de los míticos barcos de Greenpeace. Ésta es la cuarta entrega ¡No te la pierdas!

¡Hola! Disculpen la ausencia estos días, es que la conectividad a bordo del Esperanza ha estado muy fluctuante. ¿Recuerdan que hace un tiempo les hablé de Ignacio? Bueno, hoy quiero presentarles al otro tripulante argentino del barco: Wally.

Se llama Waldemar Wichman, tiene 41 años y es el capitán del Esperanza. Cada vez que puede deja ver lo orgulloso que está de su provincia en Argentina, a la que llama “República de Corrientes”. Gracias a sus relatos, he podido conocer algo de esta parte tan linda de la Argentina que todavía no he tenido la suerte de visitar. Se ocupa de preservar la vida a bordo, de cuidar de los bienes de la organización y minimizar el impacto ambiental del barco y es el responsable último de todas las operaciones a bordo. ¡Mucha carga sobre sus hombros!

Después de cursar su entrenamiento en la Escuela Naval Militar en Río Santiago, provincia de Buenos Aires, y graduarse como oficial naval de la Armada Argentina ha tenido la suerte de navegar en todo tipo de embarcaciones: el Arctic Sunrise , el Esperanza y el antigüo Rainbow Warrior que acaba de dejar de operar con nosotros y se ha convertido en un hospital flotante. Wally es sin duda uno de los capitanes con más experiencia en nuestra organización.

Ha navegado por todos los océanos, incluidas las aguas del Ártico y de la Antártica donde estuvo defendiendo a las ballenas contra la matanza por parte de los balleneros japoneses, además de haber participado en nuestras campañas de desarme -bloqueo de los submarinos nucleares Trident en Gran Bretaña- contra la guerra de Irak en puertos de Bélgica y Holanda, contra la sobrepesca, contra los productos genéticamente modificados, contra la tala de bosques, contra la energía nuclear y muchas otras que lo han llevado a todos los rincones de la tierra y le han permitido cumplir con sus dos pasiones: navegar y cuidar el ambiente.

Éstas fueron las razones por la cuales siempre quiso poner sus habilidades a disposición de Greenpeace, aunque confiesa que jamás soñó con llegar a ser capitán de los barcos de Greenpeace. Él asegura que más bien la vida lo fue trayendo a este lugar.


Wally considera una suerte el poder tener un trabajo positivo, con significado, que busca mejorar la calidad de vida de todos y le motiva el trabajar generando cambios. Cree que la presencia de varios de sus compatriotas en nuestros barcos se debe a la calidad profesional de los argentinos. Quisiera ver a su país como uno de los jugadores claves a favor del ambiente a nivel mundial y trabaja con orgullo para llegar allí.


Para mí, es un gusto poder compartir estos meses en el mar con él, y a pesar de que a veces es un poco “peligroso” encontrarse con él en la mañana cuando acaba de despertar, a lo largo de los días y noches he podido disfrutar de conversaciones de política, de la situación social, historias del mar, cuentos de su tierra y muchas otros relatos y discusiones que han hecho que este viaje no sea solo un trabajo sino una fuente de aprendizaje y de forjar nuevas amistades… un viaje que nos enriquece a todos mientras intentamos ayudar a que el mundo siga siendo un buen lugar para vivir.

Ese es Wally, el mejor Capitán que podríamos desear. Prontito les traeré más noticias desde el Esperanza. ¡Hasta el próximo post, amigos!

Felipe.

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