Rex Weyler cuenta nuestra historia

Noticia - 29 abril, 2011
Rex Weyler fue el primer Director de la Fundación Greenpeace, el editor del primer newsletter de la organización, y el cofundador de Greenpeace Internacional en 1979. Fue también fotógrafo y reportero en las primeras campañas de focas y ballenas de Greenpeace y ha escrito una de las mejores y más exhaustivas historias de la organización, “Greenpeace” (Raincoast, 2004). Su libro, “Sangre de la Tierra, una historia del Movimiento Indoamericano”, fue nominado al Premio Pulitzer. “Verde profundo” es la columna mensual de Rex, donde recorre las raíces del activismo y el ecologismo, y nos cuenta acerca del pasado, presente y futuro de Greenpeace.

Capítulo 33: Ciencia y Retórica, Confesiones de Patrick Moore

Marzo de 2011

 

"Quien prefiere lo vivo a lo pintado es el hombre que piensa, canta o sueña.”
- Antonio Machado

Una o dos veces al año tomo una cerveza con mi viejo colega de Greenpeace Patrick Moore, aunque ya no concordamos en cuestiones ambientales. Hace veinticinco años, Moore se volvió consultor corporativo y ahora declara – en sus autopublicadas Confesiones de un Desertor de Greenpeace – que los ecologistas son “extremistas”. Él se retrata “sensible” y a Greenpeace como “cada vez más insensato”.

Su recuento de la historia de Greenpeace es en general preciso, y ocasionalmente egoísta. Moore afirma que abandonó Greenpeace en los años 1980s tras una campaña para “prohibir el cloro” en todo el mundo, pero Greenpeace nunca condujo tal campaña. Greenpeace combatió emisiones específicas de cloro orgánico - particularmente dioxinas - de industrias específicas, como molinos de pulpa canadienses cuyas aguas residuales causaron el cierre de playas de mariscos. Los viejos colegas recuerdan que Moore abandonó Greenpeace tras una lucha de poder con el entonces Director Ejecutivo David McTaggart. El cofundador de Greenpeace Bob Hunter recordó que Moore “quemó a viejos compañeros” y fue “depuesto”.

Moore puede tener derecho a su vista subjetiva de la historia, pero él va más allá de la opinión al falsificar eventos e interpretar selectivamente datos para apoyar a sus patrones corporativos. Por ejemplo, él llama a los ecologistas “asesinos” porque el DDT fue “descontinuado para usarse en el control de malaria por la Organización Mundial de la Salud y USAID.” Sin embargo, los representantes de la OMS y USAID dijeron a George Monbiot del Guardian del Reino Unido que ellos nunca dejaron de usar DDT para el control de malaria. Moore parece haber inventado esto.

¿A eso llamás ciencia?

Moore es listo y usa trucos retóricos tan viejos como Cicerón. Él insiste, por ejemplo, “No hay ninguna alarma sobre el cambio climático,” porque “el clima siempre está cambiando.” Esta clase del dispositivo semántico juega bien en clubes de discusión universitarios y almuerzos corporativos, pero no tiene ningún papel en la ciencia. En este caso, Moore se tropieza en la falacia común de “concreción fuera de lugar”, suponiendo que una palabra significa la misma cosa en contextos diferentes. El “cambio” de un día inoportunamente caliente o invierno frío no es equivalente a una tendencia del clima global. Moore debería saber esto.

Él declara que “la temperatura global dejó de elevarse desde hace 12 o 15 años” pero esta interpretación de los datos confunde una fluctuación rutinaria con una tendencia irrefutable. La temperatura de la tierra fluctúa debido a, por ejemplo, nevadas mayores que aumentan la reflexión de la luz, pero cuando examinamos un promedio de la temperatura (como con precios en materias primas para calibrar una tendencia) vemos que desde 1850, la temperatura media global se ha elevado de aproximadamente 13.7°C a 14.6°C, con un punto particularmente alto en 1999. Cuando la temperatura fluctúa naturalmente abajo de un punto, el calentamiento no “para”.

La calefacción de la Tierra continúa y la mayor fuerza que conduce aquel aumento es la acumulación de gases de desechos humanos en la atmósfera, constantemente calentando la Tierra con una fuerza de aproximadamente tres watts por metro cuadrado. En comparación, la fuerza solar ha fluctuado durante los últimos 25 años en aproximadamente una treintava parte de la fuerza de los gases de invernadero humanos.

Eligiendo los mejores datos

Moore tiende a elegir los datos que le gustan e ignorar los datos que podrían poner en duda sus conclusiones. Él promueve la energía nuclear como una fuente de energía limpia, baja en carbono, pero ignora datos que revelan el costo en carbono de la energía nuclear. Por ejemplo, Mark Jacobson de la Universidad de Stanford comparó las emisiones de CO2 del ciclo de vida de fuentes de energía y encontró que la nuclear es la opción más alta fuera de los hidrocarburos. Jacobson encontró que la electricidad nuclear – debida a la construcción, minería, etcétera – emite entre seis y 60 veces más carbono que el viento y la energía solar concentrada. La energía nuclear es un cerdo de carbono.

Moore declara que la energía nuclear puede ser producida “a menor costo”, pero él se equivoca en esta cuenta también. La energía nuclear ha requerido subsidios públicos masivos, y los presupuestos se han revuelto fuera de control. En Canadá por ejemplo, se espera que el proyecto nuclear Darlington cueste 28 mil millones de dólares, en vez de los 6 mil millones de dólares prometidos. Además, estos costos de construcción no incluyen futuros decomisos, accidentes o almacenaje de residuos, un problema peligroso que no ha sido solucionado.

Walt Patterson, un físico que aconsejó a Greenpeace sobre cuestiones nucleares en los años 1970s, ahora trabaja en Chatham House, de Londres. Hoy, Patterson llama a la energía nuclear la opción de energía “más lenta, más cara, más estrecha, más inflexible y más arriesgada”. Patterson es un físico nuclear.

En contraste, Moore es un consultor de relaciones públicas corporativas. Durante los últimos 25 años, Moore ha vendido su afiliación a Greenpeace a algunas de las compañías más poderosas y predadoras del planeta. Por ejemplo, él promovió Asia Pulp and Paper, la célebre compañía indonesia de tala, ligada al dictador General Suharto, denunciado por el Observatorio de Derechos Humanos y 35 organizaciones indonesias por abusos de derechos humanos, y fue boicoteado por mayoristas como Office Depot, Volkswagen y Hugo Boss por crímenes sociales y destrucción ecológica.

El hombre de paja ataca

Uno de los trucos retóricos favoritos de Moore es el ataque del “hombre de paja”, un argumento contra un opositor imaginario. En la defensa de la tala industrial, Moore ataca “grupos ambientales” que creen que hay “algo fundamentalmente incorrecto en cortar árboles” y quienes quieren querer “dejar de usar madera”. Pero no hay grupos ambientales que aboguen por estas ideas. Moore inventa este objetivo imaginario, el hombre de paja, y luego lo ataca. Durante décadas, los ambientalistas han abogado por la tala selectiva y han apoyado iniciativas de escala comunitaria que cosechan madera para energía y construcción, preservan el bosque y permiten un uso múltiple y sostenido para el humano y comunidades silvestres.

Finalmente, Moore culpa a los pobres de la destrucción forestal. Él afirma que “el uso forestal no sostenible [no tiene] nada que ver con la industria forestal, y todo que ver con la pobreza.” Él deja de mencionar a gigantes de la tala como su cliente Asia Pulp and Paper. Él ignora la devastación perpetrada por compañías como Monsanto y Cargill, quienes destruyen millones de acres de bosques y desplazan a la gente indígena autosuficiente, no para cultivar alimento para los pobres, sino para sembrar cultivos comerciales para los ricos. Moore declara, “la pobreza es el problema ambiental,” pero él evita los datos que muestran que una sexta parte de la humanidad – los ricos – utilizan cinco sextas partes de los recursos del mundo y exportan el impacto ambiental saqueando naciones pobres. Sin embargo, culpar de la destrucción ecológica a los pobres le ayuda a racionalizar los excesos de sus clientes.

Le pagan para decir que se equivocó

Moore ha servido como consultor de relaciones públicas corporativas mucho más tiempo de lo que trabajó para Greenpeace, y él nunca ha trabajado como científico. Los científicos hacen la investigación primaria, confirman hechos, revelan datos contrarios, citan fuentes y discuten respetuosamente los puntos de vista discrepantes. Yo trabajo con científicos alrededor del mundo abordando cuestiones ambientales y los mejores científicos parecen humildes con su conocimiento, no condescendientes, muestran respeto hacia otros científicos y evitan trucos retóricos que distorsionan los datos.

Moore llama su libro una ‘Confesión’, pero admite sólo que sus antiguas preocupaciones por la radiación nuclear deben haber estado equivocadas, ya que él ha sido contratado ahora para tomar la posición opuesta. Los historiadores literarios occidentales dan crédito a Agustín de Hippo por la primera 'Confesión' hace dieciséis siglos. Agustín rechazó su pasado cuando él ganó el patrocinio de la oligarquía romana. En su papel como el escritor de discursos, él tomó prestados los dispositivos oratorios de Cicerón para ayudar a justificar las atrocidades – guerra, genocidio y tortura – de sus patrones. Él retorció el significado de 'paz' sugerir que la inquisición creó una ‘Paz mayor’. Él explicó, “hay muchas cosas verdaderas que no es útil que sepa la muchedumbre vulgar, y ciertas cosas, que aunque sean falsas es oportuno que la gente las crea.” Los Obispos recompensaron bien a Agustín por su inteligencia y lealtad.

Las opiniones esculpidas de Moore parecen graciosas y esporádicamente plausibles después de una cerveza o dos, pero en el libro quedan sujetos al escrutinio de la historia. La humanidad afronta un dilema serio en cuanto a la escala de nuestro consumo, empobrecimiento humano y abuso ecológico. Los desiertos crecientes, bosques encogidos, acuíferos drenados, suelos agotados, especies desaparecidas, mares ácidos, cumbres de montaña podadas, las mil millones de personas hambrientas y un planeta que se calienta como un flambé hablan más convincentemente que los trucos retóricos que promueven los negocios como de costumbre.

Rex Weyler

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