Ballena de Minke capturada por un barco ballenero japonés

Lejos del romántico relato de Ismael a bordo del  Pequod en Moby-Dick, la novela de Hernan Melville, la caza de ballenas no ha dejado de ser una actividad comercial importante para la Agencia Japonesa de Pesca (AJP) y nuevamente tenemos que lamentar la muerte innecesaria de estos maravillosos cetáceos.

Aunque en 2014 celebrábamos la decisión de la Corte internacional de Justicia (CIJ), que obligaba al gobierno japonés a renunciar a la caza de ballenas en el Antártico, este decidió hacer caso omiso de la prohibición y presentó ante la Comisión Ballenera Internacional (CBI) una solicitud para reiniciar hoy la caza de un cupo “limitado” de 333 ejemplares de ballenas de Minke o  rorcuales, con fines supuestamente científicos sobre mares Antárticos.

De acuerdo con la Agencia Japonesa de pesca, la captura de estos ejemplares es necesaria para recabar información de la especie y así establecer cuotas de capturas que no afecten su supervivencia. Sin embargo, algunos grupos científicos manifiestan que no es necesario la caza de los ejemplares para obtener esta información, que la podrían obtener con pequeñas muestras de piel o grasa. Estas muestras permiten realizar biopsias y otorgan información sobre los estados reproductivos de la especie.

Zodiac de Greepeace atrapado por el ballenero Nisshin Maru cuando se evitaba la caza de ballenas en el año 2000.

En 2008 Greenpeace denunció que estas cazas - con fines científicos- no eran sino la fachada de la comercialización ilegal de carne de ballena que podía encontrarse en los mercados de Japón. Afortunadamente, el consumo de este alimento está disminuyendo cada vez más entre la población nipona.

Esta omisión del derecho internacional por parte del gobierno japonés pone una vez más en peligro a las ya diezmadas poblaciones de ballenas en el mundo. Como desde hace más 40 años en Greenpeace repudiamos esta acción y hacemos un llamado a concientizar sobre la importancia de proteger a estos mamíferos marinos.

Actualmente este no es el único desafío que enfrentan las ballenas para sobrevivir; como si el cambio climático, la contaminación de los océanos y la sobrepesca no fueran suficientes desafíos, ahora hay que sumar nuevamente la caza indiscriminada.