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Amazonas en llamas

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Hace más de 20 años el trabajo de Greenpeace en Brasil comenzaba con la creación de una oficina en Manaos, una ciudad inaccesible excepto por barco o avión en el corazón de la selva amazónica. Allí empieza la denuncia de la deforestación ilegal.

Sólo tres años después, gracias a las campañas de la organización, se anunció el fin del comercio ilegal de caoba en Brasil.

Desde entonces, hemos ido desenmascarando nuevos delitos forestales y persuadiendo al gobierno de Brasil y a empresas como McDonald’s para que tomen medidas contra la destrucción de los bosques – y al hacerlo, protegimos a nuestro planeta de un cambio climático drástico.

Tierras sin deforestación

En 2003 la comunidad indígena Deni celebró el fin de una campaña de 18 años para declarar sus tierras libres de tala en el Amazonas. 13 voluntarios de nuestra organización, incluyendo un miembro de la comunidad ciberactivista, utilizaron tecnología GPS y un helicóptero durante un mes para crear un “corredor ecológico” sobre 3,6 millones de hectáreas de territorio.

Creación de reservas

En 2004 después de años de campaña de nuestra organización y otras ONG´s en el Amazonas, el gobierno brasileño enfrentó a las poderosas industrias de la soja, la carne y de madera ilegal mediante un decreto presidencial que determina la creación de dos reservas de protección masiva: Verde Para Sempre y Anfrisio Riozinho. De esta forma, se preservaron 2 millones de hectáreas de la selva amazónica.

Big Mac y árboles

En 2006, expusimos la aparentemente imparable expansión del cultivo de soja en la selva tropical más grande del mundo para satisfacer la demanda en espiral para la alimentación ganadera en Europa y China. Una vez ubicadas las principales compañías internacionales que utilizaban soja para la destrucción de la selva amazónica, hemos sido capaces de formar una alianza de productores de alimentos, supermercados y cadenas de comida rápida y otras organizaciones civiles para exigir un cambio.

En respuesta a esta presión, todos los grandes comerciantes de soja que operan en Brasil anunciaron una moratoria sobre el comercio de soja de tierra recientemente deforestada en la Amazonia, con efecto a partir de julio de 2006.  Desde entonces Greenpeace siguió presionando, logrando que se renueve cada año.

Nuestro informe “Consumiendo el Amazonas” mostró cómo McDonald’s alimentaba a sus productos de pollo de soja en las cenizas de las nuevas tierras deforestadas. Después de una campaña mundial, miles de seguidores escribieron a la sedes europeas de McDonald’s para exigirles que se detengan. La cadena de hamburguesas no sólo accedió, sino que en una alianza poco probable, ahora trabaja con otros grandes minoristas de alimentos para ayudar a terminar con la deforestación en la Amazonía brasileña.

Este anuncio también fue determinante para que otras empresas de alimentos y supermercados, como Marks & Spencer, Sainsbury, ASDA y Waitrose, se sumen a una política de deforestación cero. Además, gracias la presión de todas estas compañías sobre sus proveedores, como la multinacional de soja Cargill, se logró un acuerdo que establece una veda de dos años en la compra de soja que tenga como origen zonas deforestadas durante el último tiempo.

El mismo año un área del Amazonas que duplica el tamaño de Bélgica (tiene una superficie de 30.528 kilómetros cuadrados) recibió una mayor protección después de un decreto presidencial de Lula Da Silva. A través de este documento se reclama la preservación permanente de alrededor de 1,6 millones de hectáreas, por lo cual deben quedar fuera del alcance de la deforestación.

 Foto: Gabriel Bicho/Greenpeace.

Las tierras indígenas son esenciales para garantizar el estilo de vida de los pueblos originarios que las habitan, y hoy son la mayor barrera contra la deforestación en la Amazonía. En 2016 luego de una lucha de décadas por la demarcación de su territorio y contra la represa del río por la gigante central hidroeléctrica São Luiz do Tapajós,  más de 1.3 millones de personas se unieron a los guerreros Munduruku para decir “salvar el corazón de la Amazonía”. Y lo hicieron.

En 2018, después de dos años de intensa campaña que involucró a más de 2 millones de personas en todo el mundo. para proteger los corales en la desembocadura del río Amazonas, Ibama le negó la licencia ambiental a French Total , que quería explorar el petróleo en la región.

Selvas muertas, planeta muerto

Si bien las cuestiones relacionadas con la Amazonía son complejas, se reducen a un principio económico muy simple. Hoy en día, vale más para la industria ganadera arrasar con la selva tropical que dejarla tranquila. No hay actualmente ningún ahorro económico en salvar el bosque. Básicamente, el mercado considera que los árboles valen más muertos que vivos. Sin embargo, cuando se trata de detener el cambio climático, los bosques tropicales de la Tierra son invaluables.

Amazonas en llamas

La llamada “temporada de incendios” no es nueva en Brasil, pero este año los sofocos en el Amazonas aumentaron significativamente. Desde enero hasta el 20 de agosto, el número de incendios en la región fue 145% mayor que en el mismo período de 2018.

Con el apoyo de donantes, cada año Greenpeace Brasil realiza monitoreos de sobrevuelos de la región amazónica. El año pasado mostramos al mundo el daño que dejó el incendio entre los estados de Amazonas, Acre y Rondônia. Durante la investigación, identificamos brotes activos, especialmente alrededor y dentro de las áreas protegidas, como las tierras indígenas (TI) y las unidades de conservación, que representan un riesgo importante para su conservación. 

En 2019, desde principios de año, hemos estado presionando a las autoridades y denunciando, a través de nuestros canales de comunicación y en la prensa, el progreso de la deforestación y el desmantelamiento de la política ambiental de Brasil. Continuamos monitoreando el bosque y apoyando a su gente que, con su forma de vida tradicional, previene la degradación ambiental. Continuaremos haciendo más y más para la protección de la Amazonía. ¡Todavía tenemos mucho trabajo por hacer! 

La batalla para salvar el Amazonas es también la batalla para protegernos a nosotros mismos. La destrucción de los bosques aumenta el cambio climático y en última instancia, pone en peligro nuestra capacidad para sobrevivir. Los científicos nos dicen que estamos casi sin tiempo para prevenir un cambio climático catastrófico.

También nos dicen que la protección de la Amazonía es fundamental para la estabilización de nuestro clima y que no tenemos tiempo que perder. Es así de importante y de urgente.