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Greenpeace se posicionó a lo largo de los años como una de las principales organizaciones a nivel mundial que trabaja en la protección del medio ambiente.

Hoy queremos contarte cómo el sueño de un planeta más sano y justo logró llegar hasta aquí.

La historia comenzó el 15 de septiembre de 1971, cuando un pequeño equipo de personas defensoras del medio ambiente zarpó de la ciudad de Vancouver, Canadá, en una embarcación pesquera llamada Phyllis Cormack.

Su misión era protestar contra las pruebas nucleares subterráneas que el ejército estadounidense realizaba en Amchitka, una pequeña isla volcánica frente al oeste de Alaska. El grupo creía que la acción individual y no violenta podía ser un importante agente de cambio.

La tripulación del Phyllis Cormack (también llamado “Greenpeace”) a bordo del barco.

Amchitka era propensa a los terremotos, por lo que las y los activistas temían que una tercera prueba nuclear, que consistía en una explosión subterránea, desencadenara devastadores terremotos y tsunamis en la isla. El lugar era el último refugio para 3 mil nutrias marinas en peligro de extinción y hogar de águilas calvas, halcones peregrinos y otros animales salvajes.

De camino a Amchitka, a bordo del barco Phyllis Cormack, uno de los miembros fundadores de la organización, Bob Metcalfe, llamó a la radio CBC e hizo una declaración. “Llamamos a nuestro barco Greenpeace porque es el mejor nombre que se nos ocurre para unir los dos grandes temas de nuestro tiempo, la supervivencia de nuestro medio ambiente y la paz del mundo (…) No nos consideramos radicales. Somos conservadores. Insistimos en conservar el medio ambiente para nuestros hijos y las generaciones futuras”.

© Greenpeace / Rex Weyler

Antes de que Greenpeace llegara a Amchitka, el barco fue interceptado por una nave de la armada estadounidense y se vio obligado a retroceder. Cuando los activistas regresaron a Vancouver se enteraron de que su acción inaugural había provocado una oleada de interés público y generado una empatía colectiva por su causa.

Ciudadanos de Vancouver esperan en el puerto el regreso del la tripulación a bordo del Phyllis Cormack.

Aun así, Estados Unidos detonó la bomba. Sin embargo, se escuchó la voz del grupo que viajó en el viejo barco.

Las pruebas nucleares en Amchitka finalizaron ese mismo año y la isla fue declarada más tarde un santuario de aves.

“Greenpeace es la mayoría, apoyada por la mayoría, actuando para todos”. Bill Darnell, integrante de la tripulación del Phyllis Cormack.