La salmonicultura intensiva es una amenaza para los océanos del sur de nuestro país. Áreas de aguas pristinas y de gran biodiversidad son destruidas por esta industria que busca ampliar sus centros de cultivo en zonas donde viven y transitan ballenas, delfines, pingüinos y aves, entre otras especies.

Además, la cría de salmones representa un riesgo para las actividades tradicionales de pesca y recolección que desarrollan comunidades y pueblos indígenas ancestrales.

Más del 50% de la superficie de la Región de Magallanes fue declarada con diferentes categorías de conservación (parques y reservas nacionales, reservas marinas e incluso categorías internacionales como reservas de la biósfera). Sin embargo, esto no pudo impedir que empresas salmoneras desarrollen proyectos altamente contaminantes en la zona.

En 2017 existían 344 solicitudes para nuevos centros de cultivo en la Región (12 fueron aprobadas y 50 rechazadas, pero aún quedaban pendientes 282). Durante 2018, las comunidades Kawéskar presentaron dos solicitudes de Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO) y consiguieron que el 80% de los permisos para salmonicultura que estaban en trámite en la zona queden frenados hasta nuevo aviso.

Pero el 20% restante puede seguir adelante. Entre ellos, los de la empresa de capitales noruegos Nova Austral. La compañía tiene cuatro proyectos aprobados para instalar 134 jaulas de cultivo de salmones en Puerto Williams, una región de aguas puras donde habitan ballenas, delfines y pingüinos.

Sin embargo, estas autorizaciones las obtuvo hace más de 15 años sin evaluaciones ambientales ni participación ciudadana. El gobierno debió cancelarlas, pero no lo hizo. Por eso, hoy estamos exigiendo que se frene la instalación de Nova Austral en el fin del mundo.

Desde Greenpeace reclamamos que todas las compañías que buscan expandir la salmonicultura en Magallanes retiren sus solicitudes para nuevas concesiones. Esto es clave para lograr una protección efectiva y real del océano, su biodiversidad y las comunidades que viven en el área.

¿Conoces las consecuencias de la salmonicultura?

El desastre ambiental en Chiloé

En 2016, el gobierno chileno violó la legislación nacional e internacional y autorizó el vertido de 5 mil toneladas de salmones en estado de descomposición al mar (sin estudios previos ni evaluaciones de riesgo).

Esto desencadenó una de las crisis sociales y ambientales más graves de nuestra historia. El mar de Chiloé fue un vertedero en el momento justo en el cual se daban las condiciones perfectas para el desarrollo de la marea roja.

Los pescadores y mariscadores perdieron su trabajo, los comerciantes no tenían qué vender, el océano quedó contaminado y cientos de especies murieron (peces, aves y mamíferos). Los chilotes vieron su alimento arruinado. Cada uno de ellos sufrió día tras día la destrucción de su mar. Y todo podría haberse evitado.

Nuestro mar es uno de los patrimonios más importantes que tenemos y es urgente defenderlo. No esperaremos a que explote otra crisis, estamos trabajando ahora.

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Reporte Crisis Social Ambiental Chiloé (resumen ejecutivo) (2016)

Reporte Crisis Social Ambiental Chiloé (anexo metodológico) (2016)

 

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