El mundo aún atraviesa una de las peores pandemias que ha vivido la humanidad en la época moderna, ya que ha significado millones de pérdidas humanas, económicas y décadas de retrocesos en derechos humanos que había costado mucho trabajo conquistar. 

No obstante, la COVID-19 también nos está dejando algunas lecciones importantes sobre qué necesitamos transformar para tener un planeta más saludable. Te decimos algunas: 

  • Necesitamos transporte menos contaminante para mejorar la calidad del aire

Investigadoras e investigadores de la Escuela de Salud Pública TH Chan de la Universidad de Harvard aseguran que existe mayor mortalidad en pacientes con COVID-19 que hayan estado expuestos por periodos largos a material particulado fino (PM2.5 por sus siglas en inglés,con diámetros de 2.5 micrómetros o menos) —la mayoría proveniente del transporte motorizado— que contaminan la atmósfera.

México se podría ahorrar hasta 871 mil millones de pesos si electrifica el transporte en las ciudades del país, pues actualmente los gastos para atender enfermedades derivadas de respirar aire contaminado, rebasan el Gasto del Sector Salud y el Presupuesto al Fondo para la Mitigación y Adaptación.

@Greenpeace / Carlos Tellez

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  • Adiós a la producción industrial de carne 

La ONU encontró en 2020 que la cría intensiva de animales es responsable de más de la mitad de todas las enfermedades infecciosas que se han transmitido entre animales y personas desde 1940. Esto es así, entre otras razones, porque las granjas industriales  usan antibióticos para desestresar a los animales que los vuelven cada vez más resistentes a las bacterias. No obstante, también tiene que ver que la población humana se expande cada vez más en áreas vírgenes con la construcción de vecindarios o la introducción de animales para domesticarlos o consumirlos, pero alterando el sistema ecológico.

Greenpeace busca la eliminación gradual de la crianza industrializada, ya que necesitamos abandonar este sistema que depende del uso excesivo de antibióticos para proteger la salud de las personas, los animales y las economías de futuras pandemias.

Cattle in an Ecological Farm in Kenya. © Cheryl-Samantha Owen / Greenpeace
© Cheryl-Samantha Owen / Greenpeace
  • Falso que los plásticos de un sólo uso disminuyan la propagación del virus 

Es falso que los plásticos de un solo uso, más allá de los necesariamente utilizados en el ámbito de la salud y en condiciones hospitalarias, resulten más eficientes para evitar la propagación de la COVID-19, como lo sustentaron numerosos expertos (virólogos, epidemiólogos, etc.), reunidos por Greenpeace Internacional.

Pese a la intención de la industria de aprovechar la pandemia para evadir las prohibiciones de plásticos en los estados,  diversos estudios científicos sobre el virus SARS-COV-2 demuestran que este agente patógeno puede permanecer en las superficies plásticas por períodos de entre dos y seis días, por lo que usar contenedores, utensilios y cubiertos desechables de este material para alimentos y bebidas, no garantiza higiene y tampoco evita infecciones”.

Siempre que sigamos correctamente las medidas que indican las autoridades sanitarias, como lavar nuestras manos con frecuencia y de manera adecuada y lavar los objetos con agua y jabón, podremos seguir utilizando vasos, platos, cubiertos y otros objetos reutilizables, de forma segura e higiénica. Es momento de dejar atrás la cultura del usar y desechar, avancemos hacia los reutilizables.

Clean Up Jakarta Day. © Dhemas Reviyanto / Greenpeace
© Dhemas Reviyanto / Greenpeace

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  • El poder es de la gente organizada 

La COVID-19 evidenció que mantener un sistema económico basado en la destrucción de los bosques y selvas y en la sobre explotación de los recursos naturales, tiene un impacto desigual en las sociedades, donde no todas las personas tienen sus derechos básicos garantizados.

Si bien en la sociedad impera una lógica de consumismo e individualismo, frente a la escasez de algunos servicios surgieron colectivos que llevaron a domicilio alimentos frescos de productoras y productores locales, como forma de ayudarles a subsistir durante el confinamiento; también hubo un llamado a consumir local, a apoyar a la tiendita de la esquina y a comprar menos en las grandes cadenas de supermercados; algunos colectivos feministas ofrecieron terapia o líneas de comunicación disponibles para mujeres en situación de violencia doméstica, agravada con el encierro. Estos son sólo algunos ejemplos de la enorme capacidad de la sociedad para movilizarse en tiempos críticos. 

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  • La recuperación debe ser verde y justa 

El desafío de recuperarnos luego de la emergencia sanitaria que vivimos por la COVID19 es grande, pero nos da la oportunidad de cambiar y enfrentar la crisis social, económica y climática. ¡Cambiemos nuestra forma de interactuar con el planeta y demos un giro como sociedad y como país!

Pidamos al Presidente de la República que priorice una visión de futuro sustentable para preservar la salud de los ecosistemas y deje atrás los combustibles fósiles como motor de desarrollo. Reconstruyamos nuestro país y hagamos un México más justo, equitativo y verde.

Tal vez la lección más grande que nos ha dejado esta pandemia es que somos personas capaces de adaptarnos a esos cambios, de transformar nuestras acciones y hasta de sacarle provecho a nuestras nuevas circunstancias. El hecho es que la población a nivel mundial está adoptando nuevos comportamientos de vida y de consumo. Sea cual sea tu elección, recuerda poner el cuidado del medio ambiente y la justicia social en el centro. Eso mejorará no sólo tu vida, sino la del planeta entero y de todos los seres (no sólo humanos) que lo habitan.