
Los pingüinos tienen dos fechas al año para celebrarlos. La primera es el 20 de enero, cuando se busca poner el foco en cómo se ven afectados por el cambio climático. La segunda es ahora, 25 de abril, cuando conmemoramos su Día Mundial con el objetivo de remarcar la importancia de cuidar a estas aves marinas, algo que sólo lograremos si, primero, cuidamos su hábitat.
© Christian Åslund / Greenpeace
La ocasión es perfecta, entonces, para hacer un llamado de atención por el pingüino de Humboldt (Spheniscushumboldti), una especie que tiene en nuestro país la colonia más grande del mundo. Lamentablemente, su situación poblacional ha empeorado al punto que, hace muy poco, ha pasado de considerarse “Vulnerable” a estar ahora catalogada como “En Peligro” (EN), según el último Proceso de Clasificación de Especies Silvestres llevado a cabo por el Ministerio del Medio Ambiente de Chile, y aprobado por el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático.

Aún estamos a tiempo de conservar su hogar y evitar que esta especie de ave emblemática de nuestro país y vital para la salud del océano desaparezca.
Conocer y valorar para defender
No se puede cuidar aquello que no se conoce. Por eso, empezamos por contarte más sobre el pingüino de Humboldt, una de las 18 especies que existen hoy en el mundo, según datos de Bird Life.



Primero, tengamos en cuenta que si bien son aves, los pingüinos no vuelan, pero sí nadan. Es que durante su evolución, sus alas se redujeron en aletas fuertes y rígidas que les ayudan a impulsarse rápidamente a través del agua. Sus patas y cola funcionan como timones para dirigir mientras nadan. Esta destreza les permite ir en busca de alimento para sus polluelos, viajando dentro de los 20-35 km alrededor de la colonia -si son ejemplares adultos-, hasta 72 km mar adentro -si son aves incubadoras-.
Se caracterizan por su plumaje blanco y negro, que muchos dicen que los hacen ver como si llevaran un “esmóquin”. Miden 70 centímetros de alto y pesan 4 kilos, lo que es en una contextura promedio entre sus pares, ni muy pequeños ni muy grandes. Más allá de estos detalles, lo que es indudable es que su estampa los convierte en una de las aves más hermosas del planeta.

Su hogar es la corriente de Humboldt y la colonia más importante, se encuentra en el archipiélago del mismo nombre, que concentra el 80% de su población.
Éste hábitat está conformado por un conjunto de ocho islas e islotes, al que también se lo conoce como el “Galápagos chileno”, donde convive con otras 560 especies marinas.

Con precisión, puede decirse que en nuestro país habita desde las costas de Arica hasta la región de Los Ríos, zona prioritaria para su supervivencia y anidación, ya que concentra las especies marinas que le sirven de alimento.
Es importante tener presente que el pingüino de Humboldt desempeña un papel crucial en su ecosistema marino costero, tanto que los científicos los consideran “bioingenieros”. Esto se debe a que, entre sus funciones, regula poblaciones de peces e invertebrados, y sus excrementos aportan nutrientes como nitrógeno y carbono a los suelos de islas y costas, actuando como fertilizantes y facilitando floraciones algales que sirven de alimento a otras especies.
¿Qué amenaza su supervivencia?
Esta especie sufre una suma de presiones y amenazas debido a las actividades humanas, como degradación y perturbación de los sitios de nidificación, presencia de especies exóticas invasoras que afectan huevos, crías o hábitat, disminución de la disponibilidad de alimento, asociada a sobrepesca, impactos del cambio climático (variación de temperatura del mar, eventos extremos), captura incidental en actividades pesqueras, enfermedades que afectan la supervivencia de la especie como la gripe aviar y alta concentración de la población en pocas colonias.
Esta situación ya crítica podría empeorar en caso de que aumente la expansión industrial en la zona. Como por ejemplo el proyecto Dominga, que busca instalarse cercano al archipiélago donde habita la mayoría de los ejemplares de esta especie. De concretarse, sus consecuencias podrían ser irreversibles: contaminación acústica, aumento del tráfico marítimo y riesgo de derrames, lo que podría incidir en alteraciones en las rutas de alimentación, entre muchos otros.
En conclusión, en el Día Mundial del pingüino, mostramos el caso de una especie muy especial para Chile, que tenemos la enorme responsabilidad de cuidar.
Firma la petición y ACTÚA para decir NO a la insistencia del megaproyecto minero-portuario Dominga.
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