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Por Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace

El inicio de un nuevo año siempre es un momento ideal para hacer balances de lo pasado y proyectar los desafíos del periodo por venir. Algo que se vuelve particularmente importante este 2026, considerando que pronto comenzaremos también un nuevo ciclo político en el país, con la instalación de un nuevo gobierno y de una nueva composición del Congreso.

No cabe duda que son muchos los desafíos que hoy enfrenta el país en materia económica, de derechos sociales y, por cierto, de seguridad. Sin embargo, en la priorización de asuntos se suele olvidar una materia clave (tal vez la más importante, sobre todo si consideramos sus variadas consecuencias): la crisis climática. Este problema no sólo está generando la pérdida acelerada de biodiversidad y cientos de miles de hectáreas producto del impacto de eventos meteorológicos extremos (sequías, inundaciones, incendios, etc) o la degradación constante de estos territorios, sino que también está provocando cada vez más muertes. En efecto, según la OMS, más de 250 mil muertes adicionales podrían ocurrir cada año producto del alza de temperaturas.

Pero la crisis climática no sólo pone en riesgo la vida de las personas más vulnerables, sino que también amenaza la calidad de vida y la estabilidad económica de todo el mundo. Las cifras al respecto son elocuentes y no dejan espacio a la interpretación: según la ONG Christian Aid, el costo de la crisis climática en 2025 -considerando daños materiales y pérdidas directas de infraestructura y actividad económica- se alzaría por sobre los 120 mil millones de dólares; mientras, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que sólo el alza de 1.5°C en la temperatura podría provocar una reducción de 2,2% de las horas de trabajo a nivel mundial hacia 2030, con un costo de al menos 2,4 billones de dólares para la economía mundial.

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Estas estimaciones ponen en contexto la importancia del desafío y los esfuerzos que deben desplegar los gobiernos para poder abordar de manera correcta este enorme problema.

Es por eso que llama tanto la atención la falta de alusiones a esta temática en nuestro país. De hecho, durante todo el periodo de elecciones (parlamentaria y presidencial) ninguna candidatura se refirió proactivamente al clima o al medio ambiente, mientras que en los debates estas materias quedaron relegadas a la discusión puntual de ciertos proyectos de inversión, y no a una mirada sistémica de lo que necesita construir el país para proteger su biodiversidad y su economía.

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En los próximos días el presidente electo dará a conocer al gabinete con el que asumirá este 11 de marzo el gobierno. Es de esperar que junto a la presentación de esos nombres, se expongan también las ideas, iniciativas y propuestas para prevenir y mitigar los efectos de la crisis climática en nuestro país, siendo conscientes que no abordar estas materias repercutirá en una mayor migración (tanto interna, como externa), mayor inseguridad y más pobreza para el país.