Acompáñanos a repasar la cronología más reciente (y triste) de los incendios en la zona centro sur de Chile:

  • 400 mil hectáreas fueron arrasadas por el fuego en la temporada de 2017. 
  • 5 años después, volvió a ocurrir. En 2023, ardieron otras 400 mil hectáreas . Es decir que territorios enteros, con toda la vida que albergaban, se hicieron cenizas ante nuestros ojos. 
  • En enero pasado (apenas unos meses atrás) hubo devastadores incendios que afectaron a Ñuble, Biobío y La Araucanía.

© Cristobal Olivares / Greenpeace

La evidente repetición de este fenómeno no es casualidad. Por el contrario, es la muestra más clara de lo que la ciencia considera como un nuevo régimen de megaincendios. En otras palabras, una trágica “nueva normalidad”.

Y el tiempo no para. Por eso, nos encontramos frente a otra temporada estival que promete ser compleja, debido a que el fenómeno de El Niño ya está presente en el Pacífico y podría intensificarse hacia el verano 2026-2027. Para la región centro-sur esto se traduce en condiciones climáticas más secas que, sumadas a temperaturas extremas, baja humedad, viento y abundante vegetación, pueden favorecer la rápida propagación del fuego. 

Si miramos la mitad del vaso lleno, podemos decir que tenemos algunas cosas a favor. Por ejemplo, contamos con esta información de manera anticipada y aún tenemos un margen para actuar. Además, no es la primera vez que nos enfrentamos a semejante panorama, así que sabemos a lo que se avecina. 

“No se trata de una amenaza desconocida. Chile ya ha experimentado temporadas en que condiciones meteorológicas extremas han contribuido a incendios de una magnitud extraordinaria”, explicó Silvana Espinosa, experta de Clima y Ecosistemas de Greenpeace. Eso debería darnos una ventaja para saber cómo actuar de manera más adecuada y, poniendo el foco en el contexto de cambio climático, empezar a ver “a los incendios como un riesgo que debemos prevenir y ante el cual debemos adaptarnos a tiempo”, remarcó. 

En este sentido, como sociedad somos conscientes de esta encrucijada y nos negamos a seguir normalizando que cada verano el fuego arrase miles de hectáreas, hogares, animales y vidas.

Estamos a tiempo de actuar: la prevención es clave 

No podemos saber con exactitud cuándo ni en qué punto comenzará el próximo incendio. Pero la ciencia sí identifica zonas de Chile con mayor riesgo, donde el calor, la sequía, la vegetación seca y la cercanía entre viviendas y áreas naturales pueden hacer que una chispa escale rápidamente. Por eso, de algo sí estamos seguros: podemos estar mejor preparados para que un foco no se transforme en catástrofe. 

Greenpeace desplegó en el Congreso Nacional un lienzo exigiendo a los diputados y diputadas votar y aprobar el proyecto de ley que regula la prevención de incendios forestales y rurales.

Sin embargo, parece que los gobernantes insisten en ir en la dirección contraria. Ante los riesgos que aumentan, nuestro país debilita su capacidad de prevención y adaptación, en vez de fortalecerla. De hecho, la Ley de Prevención de Incendios continúa en trámite mientras los instrumentos destinados a preparar a Chile frente a los impactos de la crisis climática han retrocedido: el decreto del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático de biodiversidad fue retirado de Contraloría en marzo.

Ante esta situación, aprobar la Ley de Prevención de Incendios Forestales es urgente y necesario, por lo que la campaña #ChileSinCenizas continúa juntando firmas para que Chile deje de reaccionar ante el fuego y comience a prevenirlo.

Como explica Espinosa, éste “es sólo un primer paso para contar con mejores herramientas de prevención, disminuir la vulnerabilidad de los territorios y establecer responsabilidades frente a una amenaza creciente”. Existe otra discusión que Chile necesita, y que es mucho más profunda. Aquella que debe responder a “cómo preparamos nuestras ciudades y zonas rurales para temperaturas más extremas, cómo manejamos los territorios y reducimos su exposición al fuego, cómo protegemos y restauramos ecosistemas que aumentan nuestra resiliencia y, sobre todo, cuánto estamos dispuestos a invertir hoy para evitar las pérdidas de mañana”. 

Esta lucha recién comienza y, para que desde Greenpeace podamos seguir presionando para lograr una solución integral y efectiva a los incendios, te pedimos que nos apoyes. No recibimos dinero de empresas, partidos políticos ni gobiernos. Solo contamos contigo.