En especial durante los veranos, hay días tan calurosos que todos rogamos que llegue la noche para que tengamos un poco de alivio. Pero el sol cae y la ciudad continúa siendo de fuego. Abrimos las ventanas pero el aire no se mueve. Así, hasta querer dormir termina siendo una misión imposible. 

Los activistas protestan por las insuficientes políticas climáticas en Austria y a nivel internacional. La instalación en llamas es una llamada de atención para salvar el Amazonas y es un símbolo de uno de los veranos más calurosos de la historia.

¿Te suena esta escena? Si has vivido algo similar en tu ciudad, queremos decirte que entonces sentiste de cerca los efectos de la isla de calor

Tal es el nombre que recibe la consecuencia por el cual áreas urbanas experimentan temperaturas significativamente más altas que las rurales. Detrás de este fenómeno está la planificación de la ciudad: concentración de edificios, pavimento y falta de vegetación.

<!-- wp:list -->
<ul><!-- wp:list-item -->
<li>Diversos reportes anticipan que este verano será uno de los más cálidos de los que el país tenga registro y este verano el termómetro ya marcó peaks sobre 35º en la zona centro sur. Greenpeace asegura que el Cambio Climático influencia las modificaciones a largo plazo en los patrones climáticos mundiales.</li>
<!-- /wp:list-item --></ul>
<!-- /wp:list -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Hace algunas semanas, la Dirección Meteorológica de Chile liberó su boletín con el pronóstico estacional para el trimestre Diciembre-Febrero que, como era de esperar, proyectó temperaturas sobre la media para este ciclo. Ejemplo de ello es lo que ocurrió en Navidad, fecha en que el termómetro marcó 36° en Los Andes y 35,9° en la comuna de Providencia. Enero no se ve distinto, el reporte proyecta temperaturas máximas sobre lo normal (+28ºC) en la zona central y norte del país, descendiendo recién a la altura de Osorno, lo que avizora un verano con varios episodios de olas de calor.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>¿Qué es una ola de calor?</strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>No existe un consenso absoluto en la definición de una ola de calor, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Organización Meteorológica Mundial (OMM), se entiende como un periodo inusualmente caliente, seco o húmedo, de día o de noche, que se inicia y termina de forma abrupta, con una duración de por lo menos dos a tres días, con un impacto discernible en los seres humanos y los sistemas naturales.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Diversos reportes alertan sobre la frecuencia con la que enfrentaremos este tipo de eventos. Sin ir más lejos, durante 2023, tal como lo señaló la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en conjunto con el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, el pasado mes de julio ha sido el más caluroso jamás registrado, con temperaturas de casi 67º en Irán y hasta 80ºC en el desierto de México. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Y todo hace pensar que el verano traerá fenómenos similares al hemisferio sur. Al reporte de la Dirección Meteorológica de Chile se suma el estudio realizado por el académico  del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (CITRA) de la Universidad de Talca, Patricio González, que prevé que este verano será uno de los más cálidos de la historia, en las ci&#xdade;s del centro sur estudiadas en este informe: Santiago, Talca, Chillán y Los Ángeles, donde se esperarían olas de calor con 35°C de temperatura promedio y registrando peaks históricos de hasta 43°C.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Las causas tras el fenómeno </strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Si bien las causas del surgimiento de olas de calor son varias, el componente humano representa una contribución importante a su ocurrencia.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Estefanía González, subdirectora de Campañas de Greenpeace, asegura que existen condiciones globales como el Cambio Climático que influencian las modificaciones a largo plazo en los patrones climáticos mundiales: <em>“En específico, esto se observa por ejemplo en la ocurrencia de fenómenos meteorológicos extremos como las sequías, inundaciones, aumento del nivel del mar y olas de calor, entre otros”</em>, explica.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Según la vocera de Greenpeace, el aumento de la temperatura media es consecuencia directa de la acción antrópica debido al uso indiscriminado de combustibles fósiles, los que liberan gases contaminantes como el dióxido de carbono y el metano. Estos a su vez crean el efecto invernadero, una especie de manto que cubre al planeta que captura el calor del sol y eleva la temperatura en la tierra.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Otras acciones humanas, como la deforestación, la agricultura intensiva y los cambios en el uso del suelo son agravantes de esta situación, pues la pérdida de bosques y degradación de los suelos se traduce en la eliminación de la vegetación que cumple funciones de regulación climática, que protege a los seres vivos de las altas temperatura. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En esta misma línea, otro protagonista de las olas de calor es El Niño Oscilación del Sur (ENOS), un fenómeno climático que incide directamente en el Océano Pacífico y está compuesto por dos fases; la Niña y el Niño. <em>“Actualmente, nos encontramos viviendo las consecuencias de la Fase El Niño, el cual se caracteriza por un anormal calentamiento de la superficie de las aguas del Océano Pacífico, lo que impacta provocando más lluvias intensas y temperaturas más altas de las normales, desencadenando incendios forestales y afección a la biodiversidad”</em>, indica González. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Consecuencias de este fenómeno y cómo hacerle frente</strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Si bien las consecuencias del calor extremo son numerosas, por lo general se clasifican en dos tipos: aquellas que afectan a las personas y las que tienen repercusiones en el medio ambiente.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En relación a la primera categoría, destacan las amenazas a la salud y el bienestar de las personas, tales como: dolores de cabeza, hinchazón de manos y pies, sudoración excesiva, deshidratación e, incluso, la muerte. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Según la OMS, el estrés térmico -cuando el cuerpo no puede refrigerarse- puede desencadenar agotamiento o insolación y agravar afecciones como enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales, así como problemas de salud mental, siendo las personas mayores, los lactantes, quienes trabajan al aire libre y los enfermos crónicos los más vulnerables a estas afecciones.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>“En el caso de Chile, también son vulnerables las personas con menos recursos o que no puedan tomar medidas para mitigar los efectos del calor, como acceder a áreas verdes o a infraestructuras que les permita resguardarse en las horas de más altas temperaturas”</em>, manifiesta la vocera de Greenpeace.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Respecto de los efectos en el medio ambiente, se observa que las olas de calor, sumadas a condiciones de poca humedad y fuertes vientos, propician la expansión de los incendios forestales, cuya ocurrencia se ha incrementado dramáticamente durante la última década. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>“Históricamente, las zonas más afectadas están entre las regiones de Valparaíso y La Araucanía, consumiendo miles de hectáreas de vegetación, provocando la muerte de animales o su ahuyentamiento debido a la pérdida de sus hábitats, además de las consecuencias a nivel humano, donde se han tenido que producir evacuaciones, pérdida de enseres y hogares, afección a la salud e incluso la muerte de personas, como consecuencia de estos siniestros”</em>, expresa Estefanía González.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Frente a estos escenarios, la protección de la naturaleza es clave. Sin ir más lejos, Chile cuenta con ecosistemas que ayudan a ser más resilientes ante los impactos de las olas de calor y a muchos de los eventos climáticos extremos, por lo que deben protegerse.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>“Los bosques nativos, los océanos y los humedales, entre otros, son grandes reguladores del clima y nos permiten hacer frente a las altas temperaturas. Es vital que, frente a la ocurrencia cada vez más agresiva y recurrente de este tipo de eventos climáticos, seamos capaces de proteger estos ecosistemas de forma decidida y con sentido de urgencia”</em>, concluye González.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p></p>
<!-- /wp:paragraph -->
Greenpeace Seúl junto con jóvenes activistas realizan una actuación en las calles populares de Sinchon, Seúl, colocando carteles con “Esperanza”, “1,5 grados” e imágenes de personas tomadas con una cámara térmica.

¿Qué es el efecto isla de calor y por qué surge? 

En 1817 Luke Howard descubrió la existencia de este fenómeno por primera vez. 

Recién para 1958 surgió el concepto “isla de calor urbana” -tal como lo conocemos hoy- de la mano del climatólogo inglés Gordon Manley. Cuando el científico relacionó la reducción de las precipitaciones de nieve en las cis de su país con el aumento de las temperaturas en los ámbitos urbanos. 

Desde entonces, se comprobó que al crecer la infraestructura urbana (desde edificios hasta calles y autopistas) cambian las propiedades térmicas y reflectivas, lo que afecta al microclima local. Es entonces que esas zonas se vuelven más propensas a retener el calor.

Esto se debe en parte a que los materiales de construcción utilizados en las urbes, que generalmente son oscuros, absorben más energía del sol. Con una dispersión más lenta de la radiación solar, hay más chances de que se generen las islas de calor. 

<!-- wp:paragraph -->
<p>Diversos reportes anticipan que este verano será uno de los más cálidos de los que el país tenga registro y este verano el termómetro ya marcó peaks sobre 35º en la zona centro sur. Greenpeace asegura que el Cambio Climático influencia las modificaciones a largo plazo en los patrones climáticos mundiales.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Enero, 2023 Hace algunas semanas, la Dirección Meteorológica de Chile liberó su boletín con el pronóstico estacional para el trimestre Diciembre-Febrero que, como era de esperar, proyectó temperaturas sobre la media para este ciclo. Ejemplo de ello es lo que ocurrió en Navidad, fecha en que el termómetro marcó 36° en Los Andes y 35,9° en la comuna de Providencia. Enero no se ve distinto, el reporte proyecta temperaturas máximas sobre lo normal (+28ºC) en la zona central y norte del país, descendiendo recién a la altura de Osorno, lo que avizora un verano con varios episodios de olas de calor.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>¿Qué es una ola de calor?</strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:image {"id":11321,"sizeSlug":"large","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image size-large"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-chile-stateless/2024/01/58b1cd68-gp0stsbpy-corea-del-sur-©-soojung-do-fotos-olas-de-calor-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-11321" /></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>No existe un consenso absoluto en la definición de una ola de calor, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Organización Meteorológica Mundial (OMM), se entiende como un periodo inusualmente caliente, seco o húmedo, de día o de noche, que se inicia y termina de forma abrupta, con una duración de por lo menos dos a tres días, con un impacto discernible en los seres humanos y los sistemas naturales.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Diversos reportes alertan sobre la frecuencia con la que enfrentaremos este tipo de eventos. Sin ir más lejos, durante 2023, tal como lo señaló la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en conjunto con el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, el pasado mes de julio ha sido el más caluroso jamás registrado, con temperaturas de casi 67º en Irán y hasta 80ºC en el desierto de México. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Y todo hace pensar que el verano traerá fenómenos similares al hemisferio sur. Al reporte de la Dirección Meteorológica de Chile se suma el estudio realizado por el académico  del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (CITRA) de la Universidad de Talca, Patricio González, que prevé que este verano será uno de los más cálidos de la historia, en las ciudades del centro sur estudiadas en este informe: Santiago, Talca, Chillán y Los Ángeles, donde se esperarían olas de calor con 35°C de temperatura promedio y registrando peaks históricos de hasta 43°C.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Las causas tras el fenómeno </strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Si bien las causas del surgimiento de olas de calor son varias, el componente humano representa una contribución importante a su ocurrencia.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Estefanía González, subdirectora de Campañas de Greenpeace, asegura que existen condiciones globales como el Cambio Climático que influencian las modificaciones a largo plazo en los patrones climáticos mundiales: <em>“En específico, esto se observa por ejemplo en la ocurrencia de fenómenos meteorológicos extremos como las sequías, inundaciones, aumento del nivel del mar y olas de calor, entre otros”</em>, explica.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Según la vocera de Greenpeace, el aumento de la temperatura media es consecuencia directa de la acción antrópica debido al uso indiscriminado de combustibles fósiles, los que liberan gases contaminantes como el dióxido de carbono y el metano. Estos a su vez crean el efecto invernadero, una especie de manto que cubre al planeta que captura el calor del sol y eleva la temperatura en la tierra.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Otras acciones humanas, como la deforestación, la agricultura intensiva y los cambios en el uso del suelo son agravantes de esta situación, pues la pérdida de bosques y degradación de los suelos se traduce en la eliminación de la vegetación que cumple funciones de regulación climática, que protege a los seres vivos de las altas temperatura. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En esta misma línea, otro protagonista de las olas de calor es El Niño Oscilación del Sur (ENOS), un fenómeno climático que incide directamente en el Océano Pacífico y está compuesto por dos fases; la Niña y el Niño. <em>“Actualmente, nos encontramos viviendo las consecuencias de la Fase El Niño, el cual se caracteriza por un anormal calentamiento de la superficie de las aguas del Océano Pacífico, lo que impacta provocando más lluvias intensas y temperaturas más altas de las normales, desencadenando incendios forestales y afección a la biodiversidad”</em>, indica González. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Consecuencias de este fenómeno y cómo hacerle frente</strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Si bien las consecuencias del calor extremo son numerosas, por lo general se clasifican en dos tipos: aquellas que afectan a las personas y las que tienen repercusiones en el medio ambiente.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En relación a la primera categoría, destacan las amenazas a la salud y el bienestar de las personas, tales como: dolores de cabeza, hinchazón de manos y pies, sudoración excesiva, deshidratación e, incluso, la muerte. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Según la OMS, el estrés térmico -cuando el cuerpo no puede refrigerarse- puede desencadenar agotamiento o insolación y agravar afecciones como enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales, así como problemas de salud mental, siendo las personas mayores, los lactantes, quienes trabajan al aire libre y los enfermos crónicos los más vulnerables a estas afecciones.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>“En el caso de Chile, también son vulnerables las personas con menos recursos o que no puedan tomar medidas para mitigar los efectos del calor, como acceder a áreas verdes o a infraestructuras que les permita resguardarse en las horas de más altas temperaturas”</em>, manifiesta la vocera de Greenpeace.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Respecto de los efectos en el medio ambiente, se observa que las olas de calor, sumadas a condiciones de poca humedad y fuertes vientos, propician la expansión de los incendios forestales, cuya ocurrencia se ha incrementado dramáticamente durante la última década. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>“Históricamente, las zonas más afectadas están entre las regiones de Valparaíso y La Araucanía, consumiendo miles de hectáreas de vegetación, provocando la muerte de animales o su ahuyentamiento debido a la pérdida de sus hábitats, además de las consecuencias a nivel humano, donde se han tenido que producir evacuaciones, pérdida de enseres y hogares, afección a la salud e incluso la muerte de personas, como consecuencia de estos siniestros”</em>, expresa Estefanía González.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Frente a estos escenarios, la protección de la naturaleza es clave. Sin ir más lejos, Chile cuenta con ecosistemas que ayudan a ser más resilientes ante los impactos de las olas de calor y a muchos de los eventos climáticos extremos, por lo que deben protegerse.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>“Los bosques nativos, los océanos y los humedales, entre otros, son grandes reguladores del clima y nos permiten hacer frente a las altas temperaturas. Es vital que, frente a la ocurrencia cada vez más agresiva y recurrente de este tipo de eventos climáticos, seamos capaces de proteger estos ecosistemas de forma decidida y con sentido de urgencia”</em>, concluye González.</p>
<!-- /wp:paragraph -->
Paisaje urbano de Busan.
Paisaje urbano de Bogotá.

Otro factor que contribuye a su ocurrencia es que vivimos en cis que están cada vez  más densamente construidas. Y así, esta dinámica que ya es lenta de por sí hace que el aire caliente se mantenga por varias horas en este tipo de colonias. 

A su vez la ubicación geográfica de una ciudad, las variables del clima local y la intensidad de cambios estacionales también afectan su formación. 

Por último, hay una vinculación cercana con el cambio climático porque a medida que las temperaturas globales aumentan, las cis experimentan un calentamiento adicional.

Debido a la crisis climática, los veranos en Viena son cada año más calurosos. La ciudad se convierte en una isla de calor urbana, donde no refresca por las noches ya que el hormigón mantiene el calor atrapado. Muchos cinos luchan contra el calor, que cada año provoca graves problemas de salud y de sueño. En 2018, 766 personas murieron en Austria debido a las olas de calor.

Por todo esto, no hay que subestimar lo que genera el efecto isla de calor. No se trata sólo de restar confort a quienes habitan las cis sino que la salud de las personas se ve en riesgo real a causa del estrés térmico, golpes de calor y problemas respiratorios que puede generar. 

Pero las complicaciones que traen no terminan ahí. Pues también contribuyen a la mala calidad del aire al aumentar la formación de contaminantes atmosféricos. 

¿Qué soluciones existen frente al efecto isla de calor? 

Para que las cis puedan “refrescarse” hay que empezar por exigir a los gobiernos que tomen medidas como sumar espacios verdes (o ampliar los existentes), plantar más árboles (y cuidar mucho a los que ya tenemos)

Cis como París ya tomaron la posta en este sentido plantando 25.000 árboles donde antes había asfalto, con la meta puesta en crear 300 hectáreas adicionales de áreas verdes de aquí a 2040.

https://twitter.com/davidlois_UNED/status/1664273421705052163?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1664273421705052163%7Ctwgr%5E320102cc12b0f8a9d53d1b1050830ad5ce876791%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.greenpeace.org%2Fchile%2Fblog%2Fissues%2Fclimayenergia%2Fcis-y-cambio-climatico-menos-coches-mas-verde-y-otra-forma-de-vida-es-posible%2F

Considerando que en nuestro país, sólo 5,7% de la población en el gran Santiago acceden al porcentaje de área verde recomendada por habitante según el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano -10 m2 por persona-, podemos decir que hay mucho trabajo por hacer en este sentido. 

Sin ir más lejos, está comprobado que las urbes donde hay cuerpos de agua y parques no se padecen temperaturas tan altas a lo largo del año.

Otra solución posible es crear un plan que permita aplicar a la brevedad la tecnología de las cubiertas verdes, que tiene el potencial de ayudar a mitigar el efecto isla de calor urbana. 

Se trata de un sistema de ingeniería que permite el crecimiento de vegetación en la parte superior de los edificios (techos o azoteas), manteniendo protegida su estructura. Al igual que en otras áreas verdes, la vegetación que crece sobre una cubierta da sombra a las superficies y remueve calor del aire por evapotranspiración. 

En definitiva, lo importante es prestar atención a este fenómeno que es habitual en muchas urbes del planeta para poder implementar medidas concretas a tiempo.