
Se cumplen 40 años desde la primera vez que se conmemoró el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines. Desde entonces, cada 23 de julio -por iniciativa de la Comisión Ballenera Internacional (CBI)-, se busca generar conciencia sobre la importancia de estos animales que no sólo son maravillas de la naturaleza sino ingenieros ecosistémicos indispensables.
Greenpeace está ligado a la protección de las ballenas desde sus inicios. De hecho, fuimos un actor fundamental para lograr que la CBI decretara, en 1982, una moratoria a la caza comercial que se hizo efectiva cuatro años después (y que esta efeméride recuerda). Este logro tuvo consecuencias muy positivas, como lograr que especies icónicas, como la ballena jorobada, regresaran del borde de la extinción, logrando restablecerse con éxito en varias de sus rutas históricas.
Sin embargo, países como Japón, Islandia y Noruega pasaron por alto la normativa intencional y continuaron con las capturas bajo la implementación de un falso programa científico. Para fines del siglo XX, se estimó que la caza comercial llevó a la desaparición de tres millones de ballenas.


Considerando que al día de hoy no sólo hay que defenderlos de la caza con arpón, es un buen momento para que sigamos hablando sobre las ballenas y los delfines para conocerlos y entender que sin ellos, no hay clima estable ni océanos saludables.
¿Cuál es la situación actual de las poblaciones de ballenas y delfines?
Lamentablemente, alrededor de un tercio de las especies de cetáceos del mundo están en peligro crítico. Para entender la magnitud de la amenaza, podemos citar casos extremos como la ballena franca del Atlántico Norte, de la cual quedan menos de 250 ejemplares, o la vaquita marina en México.
En tanto, también las 5 especies de delfines de río (como el delfín rosado del Amazonas o el del Ganges) se encuentran en la misma situación alarmante. Las causas detrás de esta triste realidad son la contaminación y fragmentación de hábitats, que han hecho caer las subpoblaciones por debajo de los 100 individuos.
¿Cuáles son los principales peligros que acechan a ballenas y delfines?
Son diversos los peligros que acechan a ballenas y delfines, entre ellos la contaminación acústica generada por prospecciones sísmicas que buscan combustibles fósiles en el lecho marino, el choque contra embarcaciones de carga pesada producto del aumento del tráfico marítimo y la ingestión masiva de microplásticos y desechos plásticos que inundan su hábitat.

La captura incidental en redes de pesca industrial (conocida como bycatch) es otro gran peligro. Esta causa por sí sola se estima que provoca la muerte de unas 300.000 ballenas y delfines al año a nivel global.
¿Cuáles son las especies de delfines y ballenas que viven en Chile?
En nuestras aguas podemos encontrar al animal más grande de la Tierra: la Ballena Azul (Balaenoptera musculus). Tiene sus áreas críticas de alimentación al noroeste de la Isla de Chiloé y el Golfo de Corcovado, donde se han censado al menos 100 individuos. Esta maravilla se ve amenazada principalmente por las colisiones con grandes embarcaciones mercantes y la destructiva industria salmonera.

La Ballena Jorobada (Megaptera novaeangliae) frecuenta los canales australes de la Patagonia chilena. Sufre enredos constantes en la infraestructura pesquera y acuícola abandonada.


Otros cetáceos que habitan aguas de Chile son franca austral, jorobada, rorcual común, minke enana, sei, de Bryde, franca pigmea, minke antártica.
¿Qué se puede hacer para protegerlos?
Hay que tener en cuenta que las ballenas y delfines recorren los corredores biológicos de América del Sur. Entonces, si queremos cuidarlos de verdad, debemos empezar por proteger sus rutas migratorias, para que puedan desarrollarse y prosperar. Y esto sólo puede lograrse si hay una acción unificada para poner fin a la impunidad corporativa en el mar.

El Tratado Global de los Océanos, que puede proteger el 30% de las aguas internacionales para 2030, es una herramienta central para cambiar esta historia. En América Latina y el Caribe, sólo han ratificado cinco países: Chile, Cuba, Belice, Panamá y Santa Lucía. Desde Greenpeace exigimos la ratificación e implementación efectiva cuanto antes.
Tal vez haya que cerrar diciendo lo obvio, las ballenas y los delfines merecen vivir en un planeta sano -como todos los seres vivos que habitamos este planeta- porque, además de todo, son nuestros aliados. Por ejemplo, las ballenas ayudan a mitigar la crisis climática -la misma que causa la actividad humana- al capturar dióxido de carbono (33 toneladas de CO2 en su cuerpo a lo largo de su vida que, al morir, Bse fija en el fondo marino) y al multiplicar el fitoplancton gracias a sus rutas de alimentación, contribuyendo indirectamente a la producción del 50% del oxígeno del planeta de la atmósfera terrestre.


