
Una encuesta internacional impulsada por Greenpeace revela una alta preocupación ciudadana por el deterioro de los océanos y una demanda clara por más protección marina. Contaminación, sobreexplotación y actividades industriales aparecen entre las principales amenazas identificadas por las personas consultadas en Chile.
08 de junio de 2026. El océano es mucho más que una inmensa extensión de agua. Es el sistema que hace posible la vida en el planeta. Cubre más del 70% de la superficie terrestre, produce cerca de la mitad del oxígeno que respiramos, regula el clima global y absorbe alrededor del 90% del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Pero este equilibrio vital está bajo una presión creciente. La ciencia advierte que el océano se está calentando a una velocidad preocupante: la tasa de calentamiento se ha duplicado en las últimas dos décadas y el contenido de calor oceánico alcanzó nuevos récords durante 2025. Las consecuencias ya son visibles: olas de calor marinas más frecuentes e intensas, aumento acelerado del nivel del mar y alteraciones profundas en los ecosistemas que sostienen la biodiversidad y los medios de vida de millones de personas.
A esta amenaza se suman la contaminación, la sobreexplotación de recursos, la acidificación y la pérdida de biodiversidad. El océano ha perdido parte de su oxígeno desde la década de 1960 debido al calentamiento y al aporte de contaminantes, mientras ecosistemas fundamentales como praderas marinas, manglares y arrecifes de coral continúan deteriorándose en distintas regiones del mundo. En Chile, un país cuya historia, identidad y economía están estrechamente vinculadas al mar, esta realidad representa uno de los desafíos ambientales más urgentes de nuestro tiempo.
“Los océanos sostienen la vida, pero hoy enfrentan una presión sin precedentes. Durante décadas se ha tratado a estos ecosistemas como una fuente inagotable de recursos y un espacio disponible para actividades industriales cada vez más intensivas. La evidencia demuestra que ese camino tiene límites y hemos llegado a ellos. Proteger los océanos ya no es una opción: es una necesidad para asegurar el bienestar de las personas, la biodiversidad y las futuras generaciones”, señaló Dominique Charlin, experta en Biodiversidad de Greenpeace.
Ocean Justice: la ciudadanía toma la palabra sobre el futuro del océano
Con el objetivo de conocer cómo las personas perciben el estado de los océanos y las amenazas que enfrentan, Greenpeace Internacional desarrolló la encuesta Ocean Justice en seis países: Chile, India, Reino Unido, Senegal, Sri Lanka y Tailandia. El estudio consultó a seis mil personas sobre los impactos ambientales, sociales y económicos asociados a actividades como la pesca industrial, el desarrollo costero y el deterioro de la salud marina.
En Chile fueron encuestadas mil personas a lo largo del país, y los resultados muestran una sociedad profundamente conectada con el mar: un 59% de los participantes declaró vivir junto a la costa; de ellos, un 81% reside en ciudades o áreas urbanas y un 19% en zonas rurales. Sin embargo, sólo un 9% señaló trabajar a tiempo completo en actividades ligadas al mar, mientras que un 30% lo hace ocasionalmente y un 13% de manera estacional.
La preocupación por el impacto ambiental de las actividades industriales en los océanos es particularmente alta. Al pedir evaluar en una escala de 1 a 10 (donde 1 es “nada” y 10 “mucho”) en qué medida creen que la explotación industrial de los mares -como la sobrepesca, la industria de harina y aceite de pescado o las pisciculturas- contribuye a la crisis climática, un 38% respondió con la máxima valoración posible (10 o “mucho”), mientras que otro 48% eligió las opciones 7, 8 o 9. En contraste, apenas un 5% consideró que estas actividades tienen una baja incidencia (opciones 1 a la 4).
Los resultados también muestran claridad respecto de las amenazas que afectan la salud de los ecosistemas costeros. La contaminación -por plásticos, químicos y combustibles, entre otros- aparece como la principal preocupación para las personas consultadas (con 62%). Le siguen el agotamiento de las poblaciones de peces (35%), la pesca industrial, incluyendo grandes buques, pesca de arrastre y pisciculturas (31%), y la extracción de combustibles fósiles en el mar (28%). Más atrás se ubican el calentamiento de los océanos (22%), la falta de medidas efectivas de conservación (19%), la minería submarina (14%) y el tráfico marítimo (9%).
“Lo que observamos es una ciudadanía que identifica con claridad las amenazas que enfrentan los océanos y que espera respuestas concretas. Existe una conciencia creciente de que la contaminación, la sobreexplotación y ciertas actividades industriales están deteriorando ecosistemas fundamentales para la vida y para las comunidades costeras”, destacó Charlin.
La encuesta también consultó quiénes son percibidos como los principales responsables del daño a los océanos. En primer lugar aparece la industria de los combustibles fósiles (36%), seguida por las grandes empresas pesqueras (33%) y los gobiernos que no impulsan leyes suficientes para proteger el mar (27%). También fueron mencionadas las empresas generadoras de residuos (25%), las personas que contaminan directamente el océano (23%), los grandes buques de carga (18%), la industria minera, especialmente la minería submarina (17%), y los países con altas emisiones (13%).
Respecto de las prácticas pesqueras consideradas más dañinas, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada lidera ampliamente las menciones con un 61%, seguida por la pesca con dinamita o explosivos (60%) y la pesca de arrastre de fondo (47%). Más atrás aparecen la industria de harina y aceite de pescado (22%) y las redes de deriva o enmalle (18%).
Un mandato ciudadano para proteger el océano
Cuando se consulta por las medidas que deberían impulsar los gobiernos para resguardar la salud de los océanos, las respuestas reflejan una fuerte demanda por mayor regulación y protección. Un 47% considera prioritario hacer cumplir las leyes contra la contaminación marina; un 39% plantea que las empresas contaminantes deben asumir los costos de los daños que generan; un 36% apoya la prohibición de los plásticos de un solo uso; un 33% respalda la creación y protección de áreas marinas; y un 29% cree fundamental fortalecer la educación oceánica.
La señal más contundente surge al preguntar por las prioridades para la gestión de las zonas costeras de Chile. Un 81% de las personas encuestadas afirmó que la conservación marina y la protección de los océanos deben ser la principal prioridad. En comparación, un 41% mencionó la economía y la producción, mientras que un 30% destacó los usos tradicionales y culturales.
“Los resultados entregan un mensaje claro: las personas quieren océanos sanos y esperan que las decisiones públicas estén a la altura de ese desafío. La conservación marina ya no es una demanda de especialistas o de organizaciones ambientales; es una prioridad ciudadana. Hoy existe una oportunidad histórica para avanzar en soluciones que protejan nuestros ecosistemas marinos y aseguren un futuro más justo y resiliente para quienes dependen de ellos”, concluyó Charlin.
La encuesta también mostró cuáles son las voces que generan mayor confianza para abordar los temas oceánicos. Los científicos encabezan la lista con un 53%, seguidos por pescadores y comunidades costeras (39%), organizaciones internacionales de la sociedad civil (27%) y vecinos de zonas costeras, como guías turísticos (25%). Una señal de que la ciudadanía busca respuestas basadas en evidencia, experiencia territorial y compromiso con la protección del mar.