
Sólo si cuidamos la salud de nuestros océanos podremos proteger a las ballenas, los mamíferos marinos más grandes y maravillosos que existen.
© Alex Westover / Greenpeace
Desde los orígenes mismos de Greenpeace, nuestra lucha siempre estuvo ligada a la defensa de estos increíbles animales. De hecho, nuestro nombre quedó para siempre asociado a esas primeras campañas, llevadas adelante por los fundadores de nuestra organización, que lograron frenar la caza comercial que las estaba llevando a un punto crítico de su supervivencia.
Por eso hoy, en un nuevo Día Mundial de las Ballenas, volvemos a hablar de ellas y de la multitud de desafíos y problemas que deben sortear día a día para poder vivir en esos ecosistemas tan amenazados.


¿Cuáles son los riesgos que amenazan la supervivencia de las ballenas?
Actualmente, las ballenas (y con ellas otras especies marinas) corren diversos riesgos que son producto tanto del impacto del cambio climático como del accionar humano:
1. Pesca intensiva y salmonicultura
2. Búsqueda de hidrocarburos que perturba su hábitat con perforaciones y bombardeos sonoros
3. La contaminación acústica que desorienta a los animales
4. La contaminación con sustancias tóxicas, entre ellas, vertidos de petróleo, productos químicos, residuos plásticos e industriales
5. Intenso tráfico marítimo
6. Las capturas de ejemplares que continúan realizando países como Japón, Islandia y Noruega bajo el pretexto de un falso programa científico y pese a que la caza de estos cetáceos está prohibida desde 1986, cuando entró en vigencia una moratoria mundial sobre su caza.
¿Qué puedo hacer para ayudar a las ballenas?
Lo principal es entender que si el océano, es decir, su hogar, no está sano, ellas tampoco pueden estarlo. De por sí ya el cambio climático y la contaminación los afectan, disminuyendo la cantidad de alimentos disponible para las ballenas y alterando la temperatura del mar, ambos factores que impactan en su bienestar y comportamiento.


En este sentido, estas son algunas maneras de las que puedes ayudar a proteger a las ballenas:
Para ayudar a que menos basura ingrese en el agua que ellas habitan.
De esa manera, podrás participar de acciones o protestas que frenen estos avances y así preservar su hogar (por ejemplo, de compañías que quieran buscar petróleo o tierras raras en el lecho marino, del tráfico excesivo de grandes embarcaciones en rutas que frecuentan las ballenas, etc.)
Como los Tratados de Plástico que son centrales para lograr acuerdos amplios entre naciones que permitan un mayor alcance del cuidado de todo el ecosistema marino se hace prioritario.
Como venimos haciendo desde hace 50 años. Desde nuestros inicios, participamos en forma activa de los debates en los organismos internacionales y nos manifestamos pacíficamente ante las embajadas y los gobiernos de países balleneros para que suspendan la cacería de manera definitiva.
AsóciateEn América Latina se pueden encontrar ocho especies de ballenas, entre ellas, la jorobada, arenquera, minke y de aleta. De acuerdo a la temporada es posible ver ballenas en diferentes lugares. En Chile, puedes ver ballenas azules en la Isla Grande de Chiloé y en el Golfo de Corcovado.
¿Por qué se celebra el Día Mundial de la Ballena y cuál es su importancia como especie?
En 1980, el fundador de la Pacific Whale Foundation, Greg Kauffman, instauró esta fecha inamovible que sirviera para tomar conciencia sobre el peligro de extinción de las ballenas jorobadas que viven frente a la costa de Maui, Hawái. Sin embargo, muy pronto, su propósito se expandió y abarcó a todas las ballenas que habitan en los océanos de nuestro planeta.

Es por eso que, desde entonces, cada nuevo 19 de febrero volvemos a hablar de ellas, para conocerlas más y aprender a cuidarlas. Para resaltar que sólo la caza comercial mató 3 millones de ballenas en el último siglo y que éste no es el único factor que deja su supervivencia como especie pendiendo de un hilo.
Cuidar a las ballenas no es solo una cuestión de empatía: es una decisión inteligente para la salud del planeta. Estos gigantes del océano cumplen un rol clave en la estructura y dinámica de los ecosistemas marinos. Al alimentarse y desplazarse, influyen en el ciclo de nutrientes y ayudan a mantener el equilibrio natural del mar.
Además, almacenan grandes cantidades de carbono en sus cuerpos a lo largo de su vida, contribuyendo a mitigar el cambio climático. Y hay más: sus fecas estimulan el crecimiento del fitoplancton, diminutos organismos que producen gran parte del oxígeno que respiramos y que sirven de base para miles de especies marinas. Es decir, cuando protegemos a las ballenas, estamos fortaleciendo toda la red de vida del océano.
Como si fuera poco, también funcionan como verdaderas “centinelas” del mar. Al ser especies sensibles a los cambios ambientales y recorrer enormes distancias entre zonas de alimentación y crianza, pueden alertarnos tempranamente sobre alteraciones en los ecosistemas.
Proteger a las ballenas es, en definitiva, proteger el océano. Y proteger el océano es proteger nuestro propio futuro.
En la actualidad, la cacería sigue siendo una amenaza para estos cetáceos, aunque otras causas ambientales también están afectando su supervivencia.
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