Alrededor de 50 voluntarios de Greenpeace Argentina realizan una auditoría de marca por plásticos en La Lucila, Buenos Aires

Cada vez que agarramos el celular, somos alcanzados por infinitos fragmentos de información que moldean cuáles son los temas más urgentes, aquellos que nos “deben” importar. En la coyuntura actual, es válido decir que -por lógicas razones-, las cuestiones bélicas y políticas han desplazado del interés general a la crisis climática hasta excluirla casi por completo de la agenda mediática.

Lo cierto es que por más que no figure en los medios de la forma prioritaria que requiere, la crisis climática continúa siendo el desafío más grande que atraviesa la humanidad en este momento. De hecho, es considerada como la mayor amenaza para la salud global en el siglo XXI, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

A pesar del intento de rezagar a esta gran problemática de la atención pública, la realidad de que vivimos en un planeta cada vez más caliente, producto de las actividad humanas y la quema de combustibles fósiles, está presente en el día a día de las personas. Incluso en quienes la sienten como una amenaza latente, al punto de afectarles en su salud mental y en su ánimo. Es decir, eso que recibe el nombre de ecoansiedad y que en los jóvenes se siente más fuertemente.

¿Qué pasa con la ecoansiedad en los jóvenes de América Latina? 

En América Latina se realizaron dos muestreos en el último tiempo que indagan sobre ecoansiedad en los jóvenes, relevados desde el suplemento América Futura del diario El País

Por un lado, una revisión cualitativa en Colombia publicada en la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, comprobó que al pensar en el futuro, las nuevas generaciones de la región sienten más ansiedad, miedo, tristeza, incertidumbre e impotencia, en particular entre quienes viven en comunidades expuestas a incendios, sequías, inundaciones y otros eventos climáticos extremos. A partir de este muestreo, han concluído que el cambio climático es un factor que está afectando de manera significativa la salud mental de este grupo etario.

El otro estudio que calificó a la ecoansiedad como un fenómeno emergente con implicaciones clínicas, sociales y ambientales, salió en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social. Además marca un factor interesante: la preocupación crece entre quienes consideran más insuficientes las respuestas de los gobiernos y cuanto más cerca están de los efectos del cambio climático. 

Si bien la evidencia científica sobre ecoansiedad en América Latina es aún  limitada, los sondeos que se van haciendo consolidan la certeza de que la crisis climática está presente en la conciencia y en la sensibilidad de este sector de la sociedad.

El mejor antídoto contra la ecoansiedad: hacer comunidad y activar por las causas que te movilizan 

La buena noticia es que el antídoto para este malestar está al alcance de todos. Basta con decidirse a pasar de la preocupación a la acción y sumarse a algún grupo que lleve adelante causas que sean de tu interés para contrarrestar el sentimiento de  impotencia y malestar que aflora cuando todo parece estar mal. 

De hecho, el estudio hecho en México -que citamos en el apartado anterior-, ratificó que ser parte de acciones que movilizan hacia la participación comunitaria, el activismo ambiental o la denominada “ansiedad práctica” —una respuesta orientada a la acción en lugar de la parálisis— es la mejor herramienta para sobreponerse a la ecoansiedad, adaptarse a un presente difícil y moldear un futuro mejor, a pesar de todas las adversidades. 

Si esta idea te entusiasma, te invitamos a conocer nuestro programa de voluntarios