El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía se conmemora cada 17 de junio, desde hace 32 años. Esta fecha busca echar luz sobre cómo ciertas actividades humanas llevan a la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas y, por ende, a una disminución en sus condiciones, entre ellas, la productividad.

© Martin Katz / Greenpeace

La desertificación es un problema a nivel mundial, que ya afecta hasta el 40% de las tierras del mundo; tal cual alerta la Organización de Naciones Unidas (ONU). En otras palabras, la mitad de la humanidad ya sufre las consecuencias de la desertificación.

Este fenómeno surge a partir de la conjunción de la degradación del suelo por erosión y la fragilización de los ecosistemas. En este sentido, en nuestro país, los  datos del Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN) indican que cerca del 50% de la superficie nacional posee algún grado de erosión

En particular, las zonas más afectadas se encuentran en la cordillera de la costa y la precordillera andina, donde se han dado procesos de deforestación, cambios en los usos del suelo y sobreexplotación de recursos. 

Los impactos ya son visibles en los ecosistemas y en la producción agrícola. En Valparaíso, por ejemplo, se perdieron más de 6 mil hectáreas de frutales entre 2007 y 2014 debido a la sequía, que ya lleva 14 años. Inclusive, un estudio sobre erosión hídrica estimó que Chile perdió 2,91 mil millones de toneladas de suelo en dos décadas, una cifra que da cuenta de una crisis silenciosa que compromete la seguridad ecológica, alimentaria y productiva del país.

Desde Greenpeace sostenemos que la extracción intensiva de los recursos naturales es una de las razones que explican las actuales condiciones de desertificación y sequía en Chile. Lo que ha generado un desequilibrio en las condiciones ecosistémicas para el desarrollo de la vida humana y otras especies.

Como explica Silvana Espinosa, vocera de Greenpeace Chile, “la crisis hídrica y los problemas de desertificación no se enfrentan con discursos, sino con decisiones concretas. En este sentido, retirar decretos ambientales que funcionan como instrumentos destinados a fortalecer la seguridad hídrica representa una clara señal de retroceso. ”.

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