Humpback Whale in Tonga. © Paul Hilton / Greenpeace

Desde 1986, cada 23 de julio se conmemora su día. La iniciativa fue impulsada por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) con el objetivo de generar conciencia sobre la importancia de estos animales en el equilibrio del ecosistema marino y, de esa manera, evitar su caza, actividad que los llevó a estar cerca de su extinción. 

Desde Greenpeace señalamos que la caza comercial llevó a la desaparición de tres millones de ballenas en el último siglo. 

Nuestra organización está históricamente vinculada a esta causa porque fuimos un actor fundamental para lograr que la Comisión Ballenera Internacional (CBI) decretara en 1982 una moratoria a la caza comercial de ballenas que entró en vigencia en 1986, prohibiendo desde entonces su caza.

Una de las primeras campañas de Greenpeace fue contra la caza comercial de ballenas, que había devastado a la especie y la había llevado al borde de la extinción durante la primera mitad del siglo XX.

A pesar de esta normativa, Japón, Islandia y Noruega continuaron con las capturas bajo la implementación de un falso programa científico, desafiando la normativa internacional y las crecientes protestas ecologistas.

Ballenas, los mamíferos más grandes y maravillosos del mundo

Ballena Franca Austral

Las ballenas pertenecen a un grupo de mamíferos marinos conocidos como cetáceos. Es decir que sus crías se alimentan de leche materna. Existen dos tipos principales: las dentadas (como el cachalote) y las barbadas (como la ballena jorobada y la azul).

Una curiosa cría de ballena jorobada, de aproximadamente 2-3 días de edad.
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<figure class="wp-block-image size-large"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-chile-stateless/2024/07/ac0352cc-gpi-inundacion-rio-grande-do-sul-brasil-©-tuane-fernandes-greenpeace-2-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-12608"/><figcaption class="wp-element-caption">Inundacion en Río Grande do Sul, Brasil © Tuane Fernandes / Greenpeace</figcaption></figure>
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<p><strong><em>Por Matías Asun, director Greenpeace Chile</em></strong></p>
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<p>Hace unos días, <strong>un avión de Austrian Airlines quedó seriamente destruido tras enfrentar una atípica (y violenta) tormenta de granizos al aterrizar</strong>; unas semanas antes, un vuelo entre Singapur y Londres enfrentó graves turbulencias, las que dejaron a una persona muerta y más de 30 pasajeros heridos. En <strong>Brasil</strong>, en tanto, el Estado de Rio Grande do Sul lleva dos meses lidiando con<strong> inundaciones</strong> que no sólo han tenido un fuerte impacto en la actividad industrial, la economía y el fisco en ese país, sino también<strong> ha dejado más de 175 muertos, 38 desaparecidos y más de 600 mil personas desplazadas</strong>. </p>
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<p>En nuestro país, también hemos sido testigos de importantes eventos meteorológicos, como las <strong>inundaciones de junio y agosto de 2023 o los incendios forestales cada temporada estival</strong>. Más recientemente, hemos sido testigos del ingreso de sistemas frontales de diversa intensidad, los que han provocado desbordes de cursos de agua, inundaciones, socavones y cortes del servicio eléctrico afectando a miles de hogares en el país y dejando a miles de familias en absoluta vulnerabilidad.</p>
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<p>¿Qué tienen en común todos estos eventos (en apariencia, tan distintos)? T<strong>odos están estrechamente relacionados con uno de los mayores desafíos que enfrenta la humanidad hoy: la crisis climática.</strong> La emergencia que ha producido la pérdida progresiva y notoria de los equilibrios climáticos en nuestro planeta ha provocado nuevos riesgos en la vida cotidiana de las personas: <strong>los vuelos comerciales son cada vez más propensos a graves turbulencias, las lluvias </strong>(aunque profundamente esperadas en territorios como el nuestro) <strong>hoy provocan el temor de las personas, mientras que el calor acompañado de fuertes vientos nos obligan cada verano a ser doblemente precavidos.</strong> Vivimos una nueva era, donde la sequía y la inundación, como claros ejemplos de eventos climáticos extremos, son realidades constantes en un mismo territorio.</p>
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<p>Pese a la preocupación que esta situación despierta en la sociedad, lo cierto es que aún, <strong>a nivel mundial, estamos poco preparados para los graves eventos meteorológicos que estamos enfrentando.</strong> Vemos cómo cada año se invierten millones de dólares, los que se destinan a la gestión de las emergencias, cuando debiésemos pensar soluciones concretas que busquen prevenir estos fenómenos derivados de la crisis climática.</p>
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<p><strong>De poco y nada sirve ampliar el presupuesto destinado a emergencias declaradas cada año si no se realizan inversiones a la par para prevenirlas</strong>. Simplemente es guardar dinero en sacos rotos o construir hospitales en esquinas con semáforos rotos; tratar el síntoma y no la enfermedad, que se agrava día a día. Es primordial que los líderes mundiales tomen, en primer lugar,<strong> una actitud férrea para cuidar de manera efectiva y eficiente nuestros ecosistemas</strong>: glaciares, cursos de agua, humedales, bosques y nuestra biodiversidad, en general, son los principales salvavidas frente a estos fenómenos, regulando las temperaturas y logrando el balance natural del planeta. </p>
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<p>En segundo lugar,<strong> los Estados deben avanzar en la prevención de desastres, con planes reguladores adaptados a la realidad de cada territorio</strong> (considerando sus oportunidades y amenazas), así como nuevos métodos de construcción y de urbanización que se adapten a la realidad que hoy vivimos y que mitiguen los efectos de la crisis climática. </p>
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<p>Del mismo modo, <strong>debemos empezar a exigir a las empresas normativas de cumplimiento que consideren las crisis -climática, de contaminación y de biodiversidad-</strong> que estamos viviendo. Las reglas del juego no pueden ser las mismas, cuando las condiciones han cambiado tan drásticamente en los últimos años.</p>
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<p><strong>No nos podemos acostumbrar a ser meros espectadores de emergencias producidas </strong>-con cada vez mayor frecuencia- por el desborde de ríos, la inundación de ciudades completas o el surgimiento de socavones que amenazan edificios completos en el borde costero. <strong>Es urgente que actualicemos los estándares a la realidad actual del planeta y subamos las exigencias como una obligación en beneficio de todos, pues el costo de esta crisis hoy sólo lo están pagando las personas y no quienes la provocaron en primer lugar.</strong></p>
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Cachalotes en Sri Lanka

Se las considera como las “ingenieras” de los ecosistemas que habitan porque cumplen un rol central en su estructura y dinámica, ayudando a mantenerlos en equilibrio.   

Gracias a su gran tamaño, y al tipo de presas que depredan, afectan el ciclo de nutrientes. Por ejemplo, almacenan grandes cantidades de carbono directamente en sus cuerpos, y a través de sus fecas (ricas en hierro, nitrógeno y otros nutrientes) pueden estimular el crecimiento de pequeñas algas conocidas como fitoplancton, que se transforman en alimento de miles de especies en el océano, como peces, aves y mamíferos marinos,  incluídas las ballenas. 

Como explican desde el Instituto de Conservación de Ballenas, “Estos eventos de fertilización también pueden facilitar la mitigación de los impactos negativos del cambio climático. La cantidad de hierro contenido en las fecas de las ballenas puede llegar a ser 10 millones de veces mayor que el nivel de hierro en el ambiente marino, desencadenando importantes florecimientos de fitoplancton, que a su vez secuestran miles de toneladas de carbono de la atmósfera anualmente”.

La gran mayoría de las ballenas son migratorias, moviéndose desde sectores de alimentación a sectores de crianza. 

Por todo esto, el estado de las poblaciones de ballenas actúa como indicador de la salud de su entorno en general,sirviendo para entregar alertas tempranas sobre posibles cambios en los ecosistemas. 

Incluso al morir, sus enormes cuerpos que caen al fondo marino cumplen una función clave, convirtiéndose en la mayor y más nutritiva fuente de alimento, capaz de sostener una sucesión de conjuntos de  animales grandes (que se conocen como macrofaunales) por varias décadas.

Sobre los delfines, los nadadores más inteligentes

Delfines giradores en Sri Lanka.

En la naturaleza, son nadadores elegantes y ágiles como pocos, además de ser muy veloces: pueden alcanzar más de 30 kilómetros por hora. Durante sus desplazamientos salen a menudo a la superficie del mar para respirar, haciéndolo una media de dos o tres veces por minuto. 

Viajan en grupos sociales y se comunican entre sí por un complejo sistema de chirridos y silbidos que del mismo modo les sirve para ecolocalizar a sus presas. Pueden producir hasta 1.000 “ruidos de clic” por segundo. Estos sonidos viajan bajo el agua hasta que encuentran objetos, luego regresan a sus remitentes de delfines, revelando la ubicación, tamaño y forma de su objetivo. 

Se encuentran en los océanos tropicales y otras aguas cálidas de todo el mundo. En el pasado, los delfines eran buscados por su carne y grasas. Hoy en día, la pesca del delfín se encuentra muy limitada pero siguen en peligro por la pesca comercial de otras especies como el atún, y pueden quedar mortalmente enredados en redes y otros equipos de pesca.

Además de la caza, ¿qué otros peligros acechan a las ballenas?

“Las ballenas corren diversos riesgos producto del impacto del cambio climático y del accionar humano. Los océanos están expuestos por la pesca intensiva, la búsqueda de hidrocarburos y la contaminación con materiales tóxicos, entre ellos, vertidos de petróleo, productos químicos, residuos plásticos e industriales, lo cual representa una amenaza para las ballenas y otras especies marinas”, explica Matías Arrigazzi, especialista en biodiversidad de Greenpeace Andino.

Al mismo tiempo, “La pesca intensiva no sólo provoca una disminución en la población de peces y crustáceos, sino que además reduce considerablemente la cantidad de alimento al que las ballenas pueden acceder. Por otro lado, otros riesgos que los cetáceos sufren son los choques con embarcaciones o enmallamientos que pueden provocar su muerte”, agrega Arrigazzi. 

“A esto se le suma la contaminación acústica producto de actividades como la exploración sísmica, lo que impacta directamente en el comportamiento y la salud de las ballenas para comunicarse, alimentarse y habitar los océanos”

Greenpeace, décadas trabajando por la defensa de las ballenas

El trabajo de nuestra organización fue fundamental para frenar la matanza de ballenas. En alta mar, hemos puesto nuestros cuerpos, gomones y barcos entre los arpones de los cazadores y estos mamíferos marinos.

Lancha inflable del barco de Greenpeace MY Esperanza expone con un cartel a los patrocinadores corporativos de la caza de ballenas, junto a una ballena minke muerta mientras es trasladada por el Kyo Maru No. 1.(2006)
Inflable del barco MY Esperanza de Greenpeace muestra una pancarta de “Gortons”, corporaciones patrocinadoras de la caza de ballenas, junto a una ballena minke muerta mientras es trasladada por el Kyo Maru No. 1.
Greenpeace protesta contra los balleneros con una pancarta que dice en español "Salven a las ballenas" en el puerto de Paita, Perú.
Greenpeace protesta contra los balleneros.

También, participamos en forma activa de los debates en los organismos internacionales y nos manifestamos pacíficamente ante las embajadas y los gobiernos de países balleneros para que suspendan la cacería de manera definitiva.

Hoy celebramos su día contigo porque sabemos que juntos podremos seguir trabajando para proteger a esta especie única.

¿Qué más se puede hacer para proteger a las ballenas y los delfines?

Para que las ballenas, los mamíferos marinos más grandes que existen, los delfines -y toda la vida marina en su conjunto- estén a salvo, necesitamos océanos saludables.

Por eso, ante este panorama crítico desde Greenpeace resaltamos que es necesario avanzar con políticas locales y acuerdos globales que permitan proteger los océanos.

También luchamos para que el Tratado Global de Plásticos se haga realidad y permita abordar la contaminación por plásticos a nivel mundial, regulando su producción, consumo y gestión de residuos a lo largo de todo su ciclo de vida. Considerando que este tipo de contaminación es uno de los grandes problemas de los océanos, ya que se calcula que ocho millones de toneladas de plástico entran al océano cada año, según afirmó el oceanógrafo Simon Van Gennig (PhD) al diario Clarín

Asimismo, destacamos lo importante de luchar contra el crisis climática y de biodiversidad para cuidar las poblaciones de estos mamíferos y el bienestar de sus siguientes generaciones.

Dile Sí a la protección de las ballenas en protegelasballenas.org