
Jurel, sardina y caballa son alternativas nutritivas, ricas en omega-3 y más económicas. Greenpeace llama a preferir especies nativas frente al salmón de cultivo, un producto caro, que no tiene ventajas nutricionales exclusivas y cuya producción genera una preocupante huella ambiental en los frágiles ecosistemas australes.
21 septiembre, 2026. Después de buena comida y celebraciones, septiembre suele venir acompañado de otro clásico nacional: el intento por volver a comer un poco más liviano. Con la primavera instalada y el verano acercándose, pescados, ensaladas y preparaciones frescas comienzan nuevamente a ganar espacio en la mesa. Pero si el objetivo es comer mejor, no hay ninguna razón nutricional para que el salmón sea el pescado elegido.
Chile cuenta con especies como el jurel, la sardina y la caballa, capaces de entregar proteínas y cantidades importantes de los mismos omega-3 —EPA y DHA— que suelen utilizarse para promocionar el consumo de salmón. De hecho, una muestra de caballa chilena registró 1,37 gramos de EPA+DHA por cada 100 gramos, prácticamente lo mismo que los 1,36 gramos encontrados en una muestra de salmón escocés de cultivo. En sardinas en conserva la referencia llega aproximadamente a 1,4 gramos y, si se consumen con sus espinas, suman además un importante aporte de calcio.
El jurel también tiene argumentos para volver al plato. Dos muestras chilenas registraron entre 0,34 y 0,79 gramos de EPA+DHA por cada 100 gramos: incluso el valor más bajo supera en una porción de ese tamaño la referencia diaria de 250 miligramos utilizada para adultos sanos.
“Existe una idea bastante instalada de que si queremos incorporar pescado y omega-3 a nuestra alimentación tenemos que recurrir al salmón, pero no es así. En Chile tenemos diversas especies que son excelentes alternativas nutricionales y que además son mucho más accesibles”, señaló Dominique Charlin, experta en Biodiversidad de Greenpeace.
La diferencia se hace todavía más evidente al mirar el precio. Una comparación realizada en agosto encontró el filete fresco de salmón a $21.590 por kilo. En formatos grandes, el jurel en conserva podía costar entre 32% y 66% menos por kilo drenado, mientras que la sardina en conserva era alrededor de 25% más barata.
Lo que el salmón deja detrás

Pero existe una diferencia todavía mayor. El salmón no es una especie nativa de Chile y su cultivo industrial tiene importantes impactos sobre los ecosistemas australes donde se instala.
“Cuando elegimos qué pescado poner en nuestra mesa también debemos mirar qué hay detrás de su producción. El salmón chileno proviene de una industria que introduce una especie exótica en ecosistemas particularmente frágiles, deja una importante huella ambiental y acumula múltiples infracciones e incluso ilegalidades por parte de distintas empresas, comprometiendo ecosistemas australes que debiéramos estar protegiendo. Frente a alternativas locales, nutritivas y más económicas, vale la pena preguntarnos por qué seguimos poniendo al salmón en el centro de nuestra alimentación”, agregó Charlin.
Cabe señalar que la evidencia científica ha documentado impactos localizados de eutrofización bajo las jaulas, alteraciones de los sedimentos y pérdida de biodiversidad bentónica; también identifica los escapes de salmones -especies introducidas- como uno de los riesgos ambientales asociados a esta actividad. Entre 2004 y 2021 se reportaron en Chile 109 episodios de escape que involucraron aproximadamente 8,53 millones de salmones y truchas de cultivo.
A ello se suma el uso intensivo de medicamentos para sostener la producción. Según Sernapesca, durante 2025 el índice de consumo de antimicrobianos en centros que cerraron su ciclo productivo alcanzó 313,81 gramos por tonelada producida. Los salmones de cultivo reciben además pigmentos (como la astaxantina) en su alimentación para desarrollar el color rosado que los consumidores reconocen en el producto final y que solo el salmón silvestre desarrolla gracias a su dieta rica en crustáceos.
Por eso, después de los excesos dieciocheros, quizás el cambio más sencillo no sea dejar de comer, sino elegir distinto. Jurel, sardina y caballa permiten incorporar proteínas y omega-3, gastar menos y diversificar nuestro consumo hacia especies propias de nuestras costas.


