Agua | Greenpeace Colombia

Disponibilidad del recurso

El agua dulce es un recurso finito, vital para el ser humano y esencial para el desarrollo social y económico. Sin embargo, a pesar de su importancia evidente para la vida del hombre, recién en las últimas décadas se empezó a tomar conciencia pública de su escasez y el riesgo cierto de una disminución global de las fuentes de agua dulce.

La superficie de agua sobre el planeta supera abundantemente a la continental y  más del 70% corresponde a mares y océanos, pero esta abundancia es relativa. El 97,5% del total existente en el planeta es agua salada, mientras que solo el 2,5% restante es agua dulce.

Del porcentaje total de agua dulce casi el 79% se encuentra en forma de hielo permanente en los hielos polares y glaciares, por lo tanto no está disponible para su uso. Del agua dulce en estado líquido, el 20% se encuentra en acuíferos de difícil acceso por el nivel de profundidad en el que se hallan (algunos casos superan los 2.000 metros bajo el nivel del mar). Sólo el 1% restante es agua dulce superficial de fácil acceso. Esto representa el 0,025% del agua del planeta.


La renovación de las fuentes de agua dulce depende del proceso de evaporación y precipitación. El 80% de la evaporación global depende de los océanos y solo el 20% de las precipitaciones terminan en las zonas terrestres, alimentando lagos, ríos, y aguas subterráneas poco profundas, donde la renovación se da por infiltración (1). Si bien el volumen de agua no ha cambiado en los últimos 30 mil años, estos recursos no son inagotables, ya que han sufrido un deterioro importante en la calidad, debido al crecimiento de la población y sus actividades relacionadas.

(1)“Informe GEO America Latina y el Caribe” Perspectiva del Medio Ambiente 2003, Programa de Naciones Unidas  para el Medio Ambiente (PNUMA), Costa Rica, octubre 2003.

Causas de pérdida de acceso al agua potable

Según la evaluación realizada por el proyecto GIWA (The GIWA Final Report “Challeges to International Waters”, GIWA (Global International Waters Assessment), la presión de las actividades humanas a escala global está deteriorando la capacidad de los ecosistemas acuáticos para cumplir con sus funciones esenciales, lo que perjudica la calidad de vida y el desarrollo social. Básicamente esas intervenciones humanas se dan a través del sobreuso del recurso, la contaminación, la sobrepesca y la modificación de los hábitat acuáticos. El cambio climático aparece como un quinto componente que exacerba a los otros cuatro. De acuerdo a la evaluación del proyecto GIWA, enfrentamos una crisis de proporciones globales en cuanto a la accesibilidad al agua potable para el 2020.
 
A inicios del siglo pasado la población mundial rondaba los 1.600 millones, mientras  la actividad industrial tenía un crecimiento moderado, generando pocos desechos industriales y la actividad agropecuaria era libre de fertilizantes y plaguicidas. A comienzos de este siglo, la población global aumentó a más de 6.000 millones de personas, la industria ha tenido un crecimiento exponencial al igual que los vertidos industriales, y la expansión y desarrollo de la agricultura se ha basado fuertemente en el uso de fertilizantes y otros productos químicos. Las grandes urbes junto al desarrollo industrial y a los cambios en las técnicas agrícolas, han generado una enorme cantidad de sustancias contaminantes, que afectan los cuerpos de agua debido a la contaminación con la consecuente pérdida de la capacidad de los cuerpos de agua superficiales para sostener su biodiversidad original. Por otro lado, y dada la triplicación en la demanda de agua en los últimos 50 años, la construcción de represas hidroeléctricas y el desvío de caudales importantes hacia regadíos, están afectando seriamente a los ecosistemas fluviales y generando nuevos conflictos entre las poblaciones ribereñas. El número de grandes represas (de más de 15 metros) se ha incrementado rápidamente en todo el mundo, pasando de aproximadamente unas 5.000 en el año 1950, a casi 45.000 actualmente (1).

Por otro lado, en la mayoría de las regiones, el problema no es la falta de agua dulce, sino la mala  distribución del recurso. La mayor parte del agua dulce se utiliza para la agricultura con ineficientes sistemas de riego. A nivel mundial se está dando un incremento sostenido en la demanda de productos agrícolas con alto consumo de agua.

(1) Sommer Marcos, “Agua, despilfarro, escasez y contaminación” en Ecoportal.net 
 

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