
“Que vuelva el sol de una vez”; “No aguanto un día nublado más”, “¿Hasta cuándo tanta la humedad?, son los comentarios que más se repiten estos días en el trabajo, entre vecinos, en alguna reunión o navegando en las redes sociales. Es que el malestar que generan las condiciones climáticas de este invierno 2026 tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la provincia de Buenos Aires, ya está en boca de todos.
Los datos demuestran que no es sólo una sensación. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que durante junio hubo entre 12 y 16 días nublados, en julio entre 16 y 20, y en agosto ya suman 10 jornadas bajo nubes en los primeros 20 días del mes. Si bien esto está dentro de la tendencia (puesto que de los 90 días invernales de nuestro calendario suelen haber 40 completamente nublados, y cerca de 25 a 30 con nubosidad variable, según detalla el diario Infobae, lo que está ocurriendo es que estamos muy por debajo de los días de sol esperables en ese mismo período, que suelen ser cerca de 25.
De hecho, según la web especializada Tiempo Amba hubo sólo 4 días de sol pleno de los 31 días que tiene julio (en la Costa Atlántica fue aún peor, fueron sólo 3 días soleados). En tanto, en lo que va de agosto, van apenas 5 días en que las nubes dejan pasar los rayos del sol.
Más allá de la percepción, durante este invierno se registraron condiciones meteorológicas capaces de favorecer períodos de mucha humedad y nubosidad. Por ejemplo, el SMN señaló que hacia fines de julio se sucedieron centros de baja presión y frentes asociados, mientras una masa de aire cálido y húmedo se instaló sobre el norte y centro-este del país.
Esto no permite afirmar que todo el invierno haya sido excepcionalmente nublado, pero sí ayuda a entender por qué durante determinados períodos las nubes y la humedad pudieron persistir durante varios días.
Todo esto hace más ayuda a explicar por qué sentimos que estamos atravesando un invierno particularmente gris.
Pero, ¿por qué tantos días grises?
“En varias localidades venimos teniendo muchos días seguidos con mucha humedad, nubes y poco sol”, describe Agostina Rossi Serra, Licenciada en Ciencias Biológicas y especialista en biodiversidad de Greenpeace Argentina. Y explica por qué ocurre: El Niño es uno de los factores que puede estar influyendo. En nuestra región suele favorecer condiciones de mayor humedad y precipitaciones, aunque no explica por sí solo cada día nublado. También intervienen otros factores, como el ingreso persistente de aire húmedo, el paso de frentes y los sistemas de baja presión, que pueden hacer que las nubes se mantengan durante varios días.”.

El fenómeno El Niño, cuyas condiciones se consolidaron durante este invierno, modifica la circulación atmosférica sobre Sudamérica y, en particular, sobre la franja del centro-este de Argentina. De hecho, para el trimestre agosto-septiembre-octubre, el SMN prevé condiciones más lluviosas de lo normal no sólo en Buenos Aires sino en distintas zonas del país, mientras que en el AMBA octubre aparece como uno de los meses con mayor influencia de El Niño.
Para saber más sobre sus posibles efectos en el país, podés leer la siguiente nota:
¿Por qué los días nublados generan tanta melancolía? Una explicación posible
La falta de determinados estímulos ambientales, como la luz natural y el calor del sol —en especial en invierno, cuando más tiempo pasamos puertas adentro—, y el hecho de que un clima muy frío o lluvioso sea menos propicio para realizar actividades al aire libre, puede influir en nuestro estado de ánimo. Además, la exposición a la luz natural cumple un papel importante en la regulación de nuestros ritmos circadianos, que organizan funciones como el sueño y la vigilia. La luz y la oscuridad son, de hecho, señales ambientales que ayudan a sincronizar esos ritmos. Por eso, no resulta extraño que una sucesión de días grises pueda afectar cómo nos sentimos, especialmente cuando estamos acostumbrados a disfrutar de muchas horas de sol.
Richard Louv, en Last Child in the Woods (El último niño de los bosques), acuñó el concepto de “déficit de naturaleza” para describir los posibles efectos de una menor exposición a entornos naturales. Se trata de una idea interesante para empezar a pensar en ahondar en la importancia que tienen nuestro entorno y los estímulos naturales para el bienestar físico y psicológico.
Pero volviendo al punto, quizá los días nublados no sean, por sí mismos, los responsables de nuestra melancolía, pero sí pueden modificar el entorno, la cantidad de luz que recibimos y nuestras rutinas cotidianas. Y cuando todos esos pequeños cambios se acumulan, es posible que también cambie la forma en que nos sentimos.
Exigí acciones urgentes para mitigar y enfrentar la actual crisis climática.
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