Crédito: AFP Autor: PRAKASH MATHEMA

Nuestros pensamientos están con las familias afectadas en Nepal y Tíbet frente a las mortíferas inundaciones repentinas ocurridas tras el colapso de una masa de hielo en el Himalaya. Aunque todavía se investigan las causas de este evento, ocurre en un contexto de creciente preocupación por los impactos de la crisis climática sobre los ambientes de alta montaña. El aumento de las temperaturas y el retroceso de los glaciares suman presión sobre sistemas naturalmente dinámicos y frágiles.

La transformación ya es evidente en Nepal: según Naciones Unidas, el país perdió cerca de un tercio de su hielo en poco más de 30 años y sus glaciares se derritieron un 65% más rápido durante la última década que en la anterior.

Lo que ocurrió en Asia no es una predicción, pero sí es una advertencia que también debemos escuchar desde los Andes.

Los glaciares y las capas de hielo almacenan cerca del 70% del agua dulce del planeta. Además, los glaciares alimentan cuencas hidrográficas y contribuyen a la disponibilidad de agua para millones de personas.

Te convocamos a continuar sumándote al reclamo en defensa de los glaciares y del agua, un patrimonio que nos pertenece y necesitamos proteger entre todos. Sin glaciares no hay agua. Sin agua no hay futuro.

Sin embargo, la crisis climática combinada con otras intervenciones humanas -como el avance de industrias extractivas- agrega presión sobre sistemas frágiles y dinámicos que ya están siendo transformados, como los ambientes de alta montaña. El retroceso de los glaciares y la degradación del hielo presente en estos ambientes pueden afectar no solo su función como reservas de agua, sino también la estabilidad del terreno. La cordillera de los Andes es un territorio geológicamente activo y también está expuesto a los impactos de la crisis climática. 

En este escenario, la respuesta debería ser aumentar el conocimiento, el monitoreo y la protección de nuestros glaciares, no debilitarlos ni sumar nuevas presiones sobre ellos. Argentina decidió reducir la protección legal de parte de sus ambientes glaciares y periglaciales. 

La flexibilización de la Ley de Glaciares en el Congreso debilitó esa protección justamente cuando la crisis climática exige fortalecerla.Contar con un inventario completo, reglas claras y estudios adecuados es fundamental para conocer estos ecosistemas, monitorear sus cambios, evitar subestimar los cambios y amenazas que enfrentan y garantizar que ninguna actividad ponga en peligro su integridad y las funciones ambientales que cumplen.

La importancia de proteger el ambiente periglacial y su relación con la estabilidad de la montaña

A la importancia del ambiente periglacial como reserva de agua se suma otra función: el hielo presente en el suelo y las rocas también puede contribuir a la estabilidad del terreno en zonas de alta montaña.

Cuando ese hielo se degrada o descongela por el aumento de las temperaturas, el terreno puede volverse más inestable y aumentar la susceptibilidad a desprendimientos, deslizamientos y otros movimientos en masa. Esto no significa que el deshielo provoque automáticamente estos eventos: intervienen múltiples factores.

En los Andes, esto es especialmente relevante porque gran parte de ese hielo se encuentra bajo la superficie y es mucho menos visible que los glaciares. Además de cumplir una función hídrica, forma parte de un sistema de montaña que ya está siendo transformado por la crisis climática.

Por eso, proteger el ambiente periglacial no es solamente proteger agua: también es evitar sumar presión sobre ambientes de alta montaña cada vez más vulnerables.

Sin conocimiento y monitoreo adecuados aumenta el riesgo de desconocer o subestimar cambios y amenazas en los ambientes de alta montaña

El Inventario Nacional de Glaciares debe entenderse como una herramienta de conocimiento, protección, control y monitoreo. Si bien no puede impedir físicamente un desprendimiento glaciar ni garantizar que un evento extremo no ocurra, su importancia preventiva está en permitir saber dónde se encuentran estos ambientes, conocer sus características, registrar cambios y monitorear su evolución.

Cuando los riesgos aumentan, la protección no puede disminuir.

Por eso, necesitamos recuperar la protección de la Ley Nacional de Glaciares original. Casi 900.000 personas ya reclamamos ante la Justicia que esa protección sea restituida. Hoy tenemos todavía más razones para defenderla. Mientras esperamos una respuesta de la Justicia, seguimos defendiendo estos ambientes frente a daños que pueden ser irreversibles.

No esperemos a ver estas imágenes en nuestro país para actuar.

Te convocamos a continuar sumándote al reclamo en defensa de los glaciares y del agua, un patrimonio que nos pertenece y necesitamos proteger entre todos. Sin glaciares no hay agua. Sin agua no hay futuro.