El nuevo año ya está en marcha y, con él, los desafíos en cuestiones ambientales que esperan resolución nos interpelan más que nunca. En un contexto global en que la crisis climática es acuciante, y en el que cada minuto perdido sólo agrava sus impactos en la vida de las personas y los ecosistemas, desde Greenpeace renovamos el compromiso por visibilizar las problemáticas más urgentes y accionar para proteger a nuestro planeta y a todos los que lo habitamos. 

Por eso, empezamos por repasar los desafíos que se refieren al mundo natural (y su conservación y uso sostenible): los océanos, los bosques, la inmensa y valiosa variedad de vida silvestre y el gran problema que atraviesa a todos, la contaminación plástica.

Océanos: del Tratado de Alta Mar a su implementación real

La zona de alta mar es la parte del océano que se encuentra más allá de la jurisdicción de cualquier país y, hasta ahora, estuvo prácticamente sin protección. La buena noticia es que durante este mes (enero de 2026) entra en vigor el Tratado de Alta Mar (BBNJ) o mejor conocido como “Tratado de los Océanos”, un hito histórico que por primera vez establece reglas vinculantes para proteger la biodiversidad en casi el 60 % del océano.

Es así que estamos ante un desafío que no es jurídico, sino político y operativo: lograr que el tratado se implemente efectivamente frente a la presión de la pesca industrial, la minería submarina y los intereses comerciales. La creación de Áreas Marinas Protegidas en aguas internacionales será una prueba concreta de voluntad política global.

Para Colombia, el reto es doble: aún no ha ratificado el tratado, lo que la deja por fuera de la toma de decisiones en un momento clave de la gobernanza oceánica, pese a ser un país bioceánico que se proyecta como líder ambiental.

2. Deforestación cero y protección de los bosques: condiciones esenciales para la estabilidad del país

En nuestro país, los bosques siguen desapareciendo a manos de la expansión de la ganadería extensiva, la infraestructura no planificada, la minería y economías ilegales, especialmente en la Amazonía. 

Con cada hectárea deforestada, se pierden ecosistemas que son el hogar de miles de familias y de infinidad de especies animales, vegetales y de hongos, además de desempeñar un rol central en el equilibrio del planeta. Este no es un problema ambiental aislado, sino que a su vez impacta directamente en el agua, el clima, la seguridad alimentaria y la estabilidad territorial.

Es por esto que el desafío para 2026 es cerrar la brecha entre compromisos y realidad: Colombia se comprometió en su Plan Nacional de Biodiversidad a reducir la deforestación a 30.000 hectáreas por año, lo cual representa una reducción del 74% en comparación de las 117.000 hectáreas deforestadas en 2024, pero los resultados siguen siendo frágiles. Medidas como la trazabilidad de la carne, una Amazonía libre de combustibles fósiles, y políticas de conservación y restauración efectivas serán determinantes.

3. Biodiversidad global: implementación, financiamiento y el Fondo de Cali

El desafío anterior se alinea con otro más global que tiene que ver con que, en 2026, durante la COP17 en Armenia, los países deberán demostrar avances reales para detener y revertir la pérdida de biodiversidad. Esto es lo esperable luego de que, tras la COP16, el mundo entró en una fase decisiva de implementación del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal acordado en la COP15 en Canadá

Colombia llega a este momento con una responsabilidad política particular: no solo por su biodiversidad, sino por el Fondo de Cali, creado para canalizar recursos públicos y privados derivados del uso de recursos genéticos de especies de fauna y flora hacia la protección de la biodiversidad en países de origen. Hoy, el fondo está prácticamente vacío y Colombia, junto a Latinoamérica, deben liderar la conversación sobre los compromisos financieros adquiridos por los países más ricos para la protección de los países megadiversos.

El gran desafío es evitar que la biodiversidad se convierta en una promesa sin financiamiento. Sin recursos públicos y reglas claras, los compromisos globales corren el riesgo de quedar en el discurso.

4. Plásticos y contaminación: una crisis visible que sigue sin solución estructural

Por último, no hay medio ambiente y clima sanos si no contemplamos cómo poner un freno a la contaminación por plásticos, que sigue creciendo a un ritmo alarmante. Aunque el problema es ampliamente reconocido, la producción global de plástico continúa aumentando, y el Tratado Global sobre Plásticos enfrenta un escenario incierto tras el estancamiento de las negociaciones internacionales.

Para 2026, el desafío es claro: avanzar hacia un tratado que reduzca la producción de plásticos y aborde todo su ciclo de vida, en lugar de seguir apostando únicamente por el reciclaje. En Colombia, esto implica enfrentar intereses corporativos y priorizar la prevención, la reducción y la transparencia de datos a partir de la implementación efectiva de la Ley 2232 que busca eliminar los plásticos de un solo uso a 2030.

De cara a 2026, en Greenpeace asumimos que los desafíos ambientales que enfrenta Colombia —la protección de los océanos, los bosques, la biodiversidad, las comunidades y la urgencia de frenar la contaminación plástica— requiere trabajo constante, presencia y acción decidida de todas y todos. A lo largo del año seguiremos investigando, denunciando y promoviendo soluciones reales, junto a las comunidades y a quienes creen que es posible hacer las cosas de otra manera.