Un frente frío, combinado con temperaturas oceánicas inusualmente altas en el Caribe colombiano, intensificó lluvias, vientos y crecientes de ríos. En un contexto de calentamiento global, una atmósfera más caliente retiene más vapor de agua, lo que aumenta la intensidad de las precipitaciones extremas.

El resultado termina siendo devastador, inundaciones severas desde ciudades costeras hasta el sur del Caribe, con impactos críticos en Córdoba y Sucre. El desbordamiento del río Sinú ha afectado a más de 140.000 personas y ha dejado bajo el agua hasta el 80% del territorio en algunos municipios de Córdoba. Sin embargo, la tragedia no puede explicarse sólo por el clima.

La crisis climática intensifica estos eventos, en este las intensas lluvias ocurrieron en temporada de sequía. No obstante, el desastre ocurre cuando esa lluvia cae sobre territorios sin planificación adecuada, con humedales destruidos, sistema hídrico fallido y una gestión, prevención y adaptación del riesgo débil o insuficiente. Córdoba y Colombia no están viviendo sólo una emergencia ambiental, está enfrentando las consecuencias de decisiones acumuladas que no priorizaron la adaptación climática ni la protección de sus ecosistemas, y con ello a las personas.

Cuando el agua baje, los problemas no se irán. Inundaciones como ésta dejan como saldo comunidades y especies desplazadas y aisladas, viviendas destruidas, cultivos perdidos y medios de vida en riesgo. También traen consigo riesgos a la salud pública, especialmente para niñas, niños, y personas mayores, debido a la exposición a agua contaminada y enfermedades transmitidas por distintos vectores.

La tragedia no es solo climática: cuando la falta de adaptación y prevención hace estragos

El cambio climático incide en el Caribe colombiano de maneras muy negativas al volverla una de las regiones más vulnerables al aumento del nivel del mar, erosión costera, a las lluvias extremas y a los eventos meteorológicos intensos. Si a estos factores le sumamos la deforestación, la ocupación de zonas inundables, comunidades en condición de vulnerabilidad y la falta de adaptación y prevención del riesgo, tenemos el combo perfecto para el desastre

Por eso, cuando hablamos de que el cambio climático está modificando los patrones de lluvia -volviendo los fenómenos más intensos, impredecibles y devastadores, incluso en temporadas que antes eran secas- no nos referimos a conceptos técnicos lejanos. Hablamos de hechos concretos y de comunidades y ecosistemas que ven cómo su realidad cambia de un día para el otro. 

El agravante de lo que ocurrió en Córdoba y Sucre, entre otros departamentos del país, es que el riesgo estaba anunciado y, a pesar de saberlo, no se evitó la tragedia. No hubo adaptación ni decisión política que llegase a tiempo, lo que dejó a pobladores y ecosistemas enteros sin protección. 

Por eso, no estamos sólo ante un fenómeno natural. Estamos ante una emergencia socio ambiental global agravada por la falta de medidas políticas nacionales. ⁣Es tiempo de dejar de normalizar que cada temporada deje comunidades bajo el agua o la tierra.⁣

Hay sólo una cosa segura: va a volver a llover. La diferencia será si el Estado sigue llegando tarde o si empieza a proteger de verdad a las personas y a los ecosistemas antes de la emergencia.

¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar? 

Como ciudadanos podemos exigir políticas públicas urgentes y estructurales que contemplen las siguientes medidas integrales:

  • Recuperación y protección de humedales y sistemas naturales como amortiguadores de inundaciones.
  • Gestión del riesgo oportuna, enfocada en la prevención y basada en ciencia, participación comunitaria y justicia social.

El clima cambió.⁣ Ahora deben cambiar las decisiones.⁣