En el blog anterior, comenzamos a listar los desafíos ambientales que depara 2026 para nuestro país. En ese caso, de manera más estricta, abordamos cuatro ejes relacionados a la conservación del mundo natural. Sin embargo, las problemáticas que demandan atención y acción inmediata no se agotan allí. Por el contrario, la realidad de la crisis climática y la pérdida de biodiversidad es tan compleja que las metas se multiplican y las posibles soluciones deben estar en el centro de la discusión

Es así que nos vemos frente a un escenario que exige que dejemos de mirar para otro lado y aceptemos que este mundo, en pleno cambio, nos exige pensar y accionar soluciones para realidades emergentes muy graves, como las de las personas que son obligadas a dejar sus hogares y ciudades a causa de eventos climáticos extremos; o la de quienes están respirando aire contaminado poniendo en riesgo su salud -muchas veces sin saberlo siquiera-. 

Este contexto también nos pide que tomemos medidas de fondo, como la de reducir emisiones de gases de efecto invernadero, al abandonar de forma gradual pero sostenida  los combustibles fósiles (principales causantes del calentamiento global). A partir de exigir el liderazgo de los países que más contribuyen a la crisis, los cuales deben cumplir los compromisos de financiar a países megadiversos como Colombia, para que puedan iniciar la transición. Como si esto fuera poco, todas estas medidas impostergables se darán en un año en que nuestro país elige un nuevo gobierno nacional

© Basile Barjon / Greenpeace

En 2026 la vara está muy alta, es momento de encarar los desafíos ambientales con la convicción necesaria para lograr estar a la altura de lo que está en juego. 

1. Transición energética justa y salida progresiva de los combustibles fósiles será tema central

Este año, Colombia será sede de una cita trascendental, que nos posiciona en el centro del debate global sobre la transición energética justa, porque se llevará a cabo la Primera Conferencia Internacional para la Eliminación Progresiva de los Combustibles Fósiles en Santa Marta, un espacio clave en un contexto de crisis climática y ecológica sin precedentes.

Cuando hablamos de transición energética nos referimos al cambio global y gradual de un sistema energético basado en combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas) hacia fuentes más limpias y renovables como la solar y la eólica, entre otras, con el objetivo de reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero para combatir el cambio climático.

Sin embargo, el desafío no es solo reducir emisiones, sino definir cómo se hace la transición, a qué ritmo y con qué criterios de justicia, entendiendo que las responsabilidades son comunes pero diferenciadas y que los países que más contribuyen a al calentamiento global y la pérdida de biodiversidad deben liderar con ejemplo, reduciendo sus emisiones, la dependencia a los combustibles fósiles y garantizando los compromisos adquiridos en materia de financiamiento, con recursos suficientes y accesibles para países como Colombia. 

Durante el debate, será vital tener como norte que la transición energética no puede reproducir desigualdades ni generar nuevos conflictos socioambientales, especialmente en territorios habitados por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas. Por el contrario, debe ir acompañada de financiamiento real para la protección de la biodiversidad, los bosques, océanos y las comunidades que hoy están en primera línea de la crisis climática y quienes deben estar en el centro de la toma de decisiones.

2. Aire contaminado: una crisis de salud pública subestimada

La contaminación del aire sigue causando enfermedades y muertes prematuras en Colombia y contribuyendo al calentamiento global. En 2026, nuevamente saldrá el reporte que mide las emisiones de material particulado PM2.5 de IQAir, donde posiblemente volverán a evidenciar la falta de monitoreo suficiente, la débil gobernanza y la lenta transición energética que hoy contribuye a que respiremos un aire insalubre

El desafío es político: priorizar el derecho a respirar aire limpio en decisiones sobre transporte, energía e industria.

3. Crisis climática, derechos humanos y desplazamiento forzado a causa del cambio climático

La crisis climática profundiza desigualdades y vulnera derechos. En 2026, la sanción e implementación de la ley de desplazamiento forzado interno por causas climáticas será una prueba clave para el Estado colombiano.

Sin abordar las causas estructurales, deforestación, ganadería extensiva, dependencia fósil, la respuesta seguirá siendo reactiva. Así mismo, la protección de personas defensoras del ambiente y de comunidades en riesgo seguirá siendo un eje central.

4. Elecciones en Colombia: el desafío ambiental presidencial

Las elecciones presidenciales de 2026 representan una oportunidad, y una obligación, para colocar la naturaleza en el centro del debate político, no como una bandera partidista, sino como una responsabilidad de Estado. El desafío es romper la idea de que el ambiente es un tema “verde” o lejano. La protección del agua, del aire, de la tierra y de los ecosistemas sostiene la seguridad, la salud, la alimentación, el empleo, la economía y la paz. Sin naturaleza, no hay gobernabilidad.

Las y los candidatos no pueden limitarse a declaraciones generales. Deben presentar propuestas ambientales ambiciosas, medibles y financiadas, que incluyan deforestación cero, seguridad hídrica, transición energética justa, reducción de plásticos, protección de la biodiversidad y cumplimiento de compromisos internacionales. Más que promesas, el país necesita claridad sobre cómo gobernar en un contexto de crisis climática y ecológica. La naturaleza no es ideológica: es la base material de la vida cotidiana y del futuro del país.

5. Activando a la sociedad civil 

Sobrellevar el día a día, con las complicaciones propias de la vida y recibiendo noticias ambientales que desaniman, hacen que vivamos en una constante fatiga social que, sumada a la criminalización del activismo, crea un panorama difícil. En este contexto, la sociedad civil sigue siendo clave para exigir coherencia entre discurso y acción. En 2026, el reto es construir narrativas que conecten lo global con lo cotidiano y sostener la presión pública para que los compromisos ambientales se traduzcan en decisiones reales.

Desde Greenpeace continuaremos sosteniendo nuestro rol estratégico como actor de incidencia, movilización y vigilancia, articulando ciencia, territorios y ciudadanía, en donde juntos podamos defender la naturaleza como un bien común.

Los desafíos ambientales son muchos, pero la capacidad, la pasión y el compromiso de personas como tú puede hacer la diferencia. Luchemos juntos para proteger a nuestro planeta y crear el futuro justo, posible y feliz que merecemos.