
En el inicio de la COP17 en Yerevan, Greenpeace llama a los gobiernos a demostrar que los compromisos asumidos para frenar la pérdida de biodiversidad se traducen en resultados concretos. La organización reclama avances en implementación, financiamiento, protección efectiva del 30×30 y eliminación de incentivos que perjudican la naturaleza.
Bogotá, 19 de octubre de 2026.– Desde hoy y hasta el 30 de octubre, gobiernos de todo el mundo se reúnen en Érevan, Armenia, para la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, donde Greenpeace estará presente para exigir que los compromisos asumidos por los países se traduzcan en acciones concretas para proteger la naturaleza. A casi dos años de la COP16 celebrada en Cali, la cumbre marca un punto de inflexión: los gobiernos deben demostrar cuánto han avanzado en el cumplimiento del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal y qué medidas están tomando para alcanzar las metas de 2030.

Para Greenpeace, el desafío es claro: pasar de los acuerdos a la implementación. La protección de la naturaleza requiere políticas públicas, presupuestos, controles y decisiones económicas coherentes con los compromisos asumidos. No alcanza con anunciar objetivos si los bosques siguen bajo presión, las comunidades carecen de recursos para proteger sus territorios y las actividades que destruyen los ecosistemas continúan recibiendo incentivos.

“La COP17 debe poner la implementación en el centro de la agenda. Los gobiernos ya asumieron compromisos para detener y revertir la pérdida de biodiversidad; ahora tienen que demostrar qué están haciendo para cumplirlos. Necesitamos resultados concretos en los territorios, financiamiento accesible para países como Colombia y decisiones que estén a la altura de la crisis que enfrentamos”, señaló Laura Caicedo Valencia, coordinadora de campañas de Greenpeace Colombia.
¿Qué espera Greenpeace de la COP17?
- Cerrar la brecha de implementación. Acelerar el cumplimiento del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, con planes nacionales, responsables definidos, presupuestos y mecanismos de seguimiento público que permitan medir los avances hacia 2030.
- Garantizar financiamiento y revisar los incentivos perjudiciales. Movilizar recursos suficientes, predecibles y accesibles para proteger la biodiversidad, especialmente para pueblos indígenas y comunidades locales. Esto también implica eliminar, reducir progresivamente o reformar los incentivos que promueven la destrucción de la naturaleza, incluidos los subsidios perjudiciales.
- Garantizar una protección efectiva del 30×30. Conservar al menos el 30 % de las áreas terrestres, aguas continentales, costeras y marinas para 2030 debe significar proteger efectivamente los ecosistemas, preservar la conectividad ecológica y garantizar los derechos de las comunidades, no solamente sumar hectáreas en un mapa.
- Integrar biodiversidad y clima. Abordar ambas crisis de manera conjunta, reconociendo el papel de los ecosistemas en la regulación climática y la necesidad de proteger territorios estratégicos como la Amazonía.
Colombia: del liderazgo internacional a los resultados concretos
Como país anfitrión de la COP16 y uno de los más biodiversos del planeta, Colombia llega a Armenia con una responsabilidad particular. El liderazgo que ejerció en Cali debe reflejarse ahora en avances verificables en sus políticas y decisiones nacionales.
Para Greenpeace, esto implica:
- Sostener la reducción de la deforestación, con especial atención a la Amazonía y a las presiones que persisten sobre sus bosques.
- Garantizar la protección efectiva de áreas estratégicas, como los parques nacionales naturales Tinigua, Sierra de La Macarena y Chiribiquete.
- Avanzar en la implementación del Plan de Acción de Biodiversidad al 2030, con presupuesto, coordinación entre sectores, responsables y seguimiento público.
- Implementar efectivamente la Ley de Ganadería Sostenible y Libre de Deforestación, con trazabilidad verificable, controles e información pública que permitan transformar las cadenas productivas vinculadas con la pérdida de bosques.
- Proteger los derechos territoriales y garantizar la participación efectiva de los pueblos indígenas y las comunidades locales, con acceso a recursos para sostener la conservación.
- Alinear las decisiones económicas con los compromisos ambientales, revisando los recursos e incentivos públicos destinados a actividades que puedan contribuir a la deforestación y la degradación de los ecosistemas.
“Proteger el 30 % del planeta no puede significar solamente sumar hectáreas bajo alguna categoría de conservación. La protección debe ser efectiva: mantener los bosques en pie, preservar los hábitats, garantizar la conectividad de los ecosistemas y respetar los derechos de quienes habitan y cuidan esos territorios”, agregó Caicedo.
Y concluyó: “El éxito de la COP17 no debería medirse por la cantidad de nuevos anuncios, sino por la capacidad de los gobiernos para demostrar que están cumpliendo sus compromisos. Colombia tuvo un rol central en Cali y hoy tiene la oportunidad de demostrar que ese liderazgo se traduce en decisiones, recursos y resultados concretos para la naturaleza en un momento socioambiental tan crítico como el que atraviesa el país.”


