La política energética del gobierno federal, al igual que en las administraciones anteriores, coloca a los combustibles fósiles en un lugar de privilegio en la generación eléctrica, marginando la participación de las fuentes de energías renovables.

Hoy vemos con preocupación que el uso de combustóleo para generar electricidad está aumentando  en centrales eléctricas como la ubicada en la ciudad de Tula, Hidalgo. La quema de combustóleo es altamente dañina para la salud humana y el medio ambiente.

La termoeléctrica de Tula es obsoleta y ha sido descuidada durante años; es una de las principales fuentes de emisión de dióxido de azufre en el mundo, lo que agrava la de por sí terrible situación de deterioro ambiental y de salud pública que existe en la zona, caracterizada como región de emergencia ambiental (REA). México necesita diversificar la manera de generar electricidad y sustituir progresivamente el uso de combustibles fósiles. El potencial de participación de las renovables en esa tarea es inmensa y el Estado debe tener un rol preponderante en su desarrollo.