En los últimos meses, el agua turquesa del Caribe, se volvió verde, café y hasta roja debido a las grandes cantidades de sargazo que han llegado a sus costas. El sargazo es un tipo de alga marina que llega a las playas periódicamente, sin embargo, en los últimos años la concentración de estas algas ha ido en aumento, y aunque en principio ha llamado la atención por las afectaciones a las actividades económicas importantes en esta región para el turismo, lo cierto es que la presencia de sargazo afecta, además, la salud del ambiente.

Desde el 2015, Greenpeace México ha llamado a las autoridades a investigar todas las posibles causas de la formación de sargazo y hoy reiteramos esta demanda haciendo eco de las preocupaciones de la ciudadanía y comunidades afectadas: es tarea de autoridades preocupadas y responsables de su entorno investigar este suceso y adoptar un enfoque ecosistémico como una estrategia general que se pueda integrar e implementar en los planes de gestión de las costas.

Sargazo en la Rivera Maya

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Recorrido de Greenpeace en 2015 para documentar la presencia de sargazo en las costas del caribe mexicano

Lamentablemente, el gobierno en sus diferentes niveles –local, estatal y federal- se ha preocupado más por retirar el sargazo que en tratar de entender y detener este fenómeno a pesar de ser una situación que se repite periódicamente. 

 

 

Aunque se ha identificado la posible relación entre la proliferación de las algas y el aumento de la temperatura del agua, algunas hipótesis señalan que el incremento de sargazo se debe a la presencia de mayor cantidad de nutrientes generados por actividades humanas, por ejemplo: materia orgánica y exceso de uso de fertilizantes en la agricultura, mismas que potencian la aparición de algas y su crecimiento. 

En este sentido, el uso excesivo de fertilizantes en la agricultura industrial podría ser una de las causas de la presencia masiva de estas algas. En México, la agricultura es el mayor contribuyente a los aportes de nitrógeno (62% en 2002), seguido por el tratamiento y gestión de las aguas residuales (16%) y por el transporte (14%). Se ha estimado que casi el 75% del nitrógeno aplicado en fertilizantes se libera a la atmósfera o se escurre hacia las aguas superficiales y solo el 36% de las aguas residuales es tratada y, aunque hay esfuerzos para mejorar esto, el tratamiento del agua es claramente insuficiente.

Florecimientos algales

Los seres humanos somos los principales impulsores de muchos florecimientos algales, mismos que son consecuencia de la eutrofización, y la gestión de estos excesos de nutrientes es fundamental para mantener la biodiversidad costera y los medios de vida de la comunidad. 

Los florecimientos de algas que causan los mayores impactos en los sistemas ecológicos, y a veces en las personas, son conocidos como Florecimientos Algales Nocivos, o FAN. Cuando éstos persisten, el oxígeno disuelto de forma natural en el agua se agota y vivir en esta «zona muerta» se vuelve muy difícil para muchos organismos. Estas áreas quedan casi desprovistas de su biodiversidad y tienen consecuencias ambientales y económicas graves.

El Golfo de México es el ejemplo clásico y muy bien estudiado de una zona muerta. El aumento del uso de fertilizantes químicos en el cinturón maicero de los Estados Unidos es, a menudo, citado como el principal culpable de este fenómeno anual que causa pérdidas de millones de dólares en la pesca y en los medios de vida; una situación de crisis que no parece mejorar.

Esto solo evidencia cómo actividades como la agricultura industrial, tienen impactos más allá del lugar donde son practicadas, y por lo tanto requieren medidas integrales para monitorear su alcance y detener las afectaciones que generan.

¿Quieres saber más sobre las zonas muertas?

Te recomendamos: 

Zonas Muertas: Los ecosistemas del mundo amenazados por la contaminación con fertilizantes, 2016, Greenpeace México.