El atentado con explosivos del gobierno francés contra el barco “Guerrero Arco iris” en Auckland, Nueva Zelanda- que se llevó la vida del fotógrafo Fernando Pereira- nos recuerda que existen fuerzas en el mundo que defenderán sus intereses y su poder sin importar las consecuencias. Que no se detendrán ante nada. Cuarenta años después, esto sigue siendo cierto.

Mientras la crisis climática se agrava el costo de enfrentar sus impactos sigue aumentando, y muchos de los mecanismos que antes protegían las normas ambientales o humanitarias están siendo desmantelados o ignorados. En este contexto los ataques al activismo y a la sociedad civil se intensifican. 

Hoy a 40 años del atentado contra uno de nuestros barcos insignias recordamos que a las bombas, balas o a los daños físicos con lo que nos quieran frenar no son las únicas amenazas que enfrentamos. En los últimos meses, organizaciones ambientales y de derechos humanos como Greenpeace hemos sido objeto de discursos de odio y ataques legales que buscan paralizar nuestra capacidad de trabajar. 

Grandes corporaciones contaminantes y grupos que se benefician de la destrucción de la naturaleza y de incumplimientos legales están usando su poder para reducir nuestro derecho a protestar pacíficamente y silenciar la disidencia. Claro ejemplo de esto son las medidas SLAPP (Demandas Estratégicas contra la Participación Pública), las intimidaciones legales diseñadas para agotar los recursos de una organización o al menos destruir su capacidad de hacer campañas.

Los últimos 40 años nos han enseñado que ellos solo ganan si nosotros nos rendimos. No lo hicimos. No lo haremos. Incluso después de un ataque tan grave como el sufrido por el barco Rainbow Warrior pudimos seguir resistiendo, luchando y ahora más que nunca debemos convertir la esperanza en acción y, al hacerlo, generar la valentía para resistir.

¿Qué pasó la noche del bombardeo al Rainbow Warrior?

Internacional, 4 de febrero de 2013- En la víspera del encuentro de ministros de Medio Ambiente del Consejo Ártico (1), se filtró una copia del anunciado acuerdo del Consejo sobre respuestas ante derrames de petróleo. Tras casi dos años de desarrollo, el acuerdo pone de manifiesto las graves e inadecuadas medidas de control de vertidos y la falta de sanciones efectivas.
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            El acuerdo no ofrece ninguna pauta de cómo una empresa debe actuar ante un derrame de petróleo en el Ártico.
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<p>El <a href="http://act.gp/W7vvWm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">documento</a> filtrado se titula "<strong>La cooperación en materia de contaminación marina por petróleo. Preparación y Respuesta en el Ártico</strong>" (Co-operation on Marine Oil Pollution Preparedness and Response in the Arctic), y está programado para ser aprobado por los países miembros, en la reunión de ministros de exteriores en el mes de mayo (2).<br><br>El borrador, al que tuvo acceso Greenpeace, contiene <strong>conceptos vagos</strong>, por ejemplo sostiene que los países deben adoptar "medidas apropiadas" para hacer frente a un derrame de petróleo, pero sin especificar de qué medidas se trata. Además, <strong>el documento omite puntos cruciales, como las obligaciones de pago para las empresas petroleras en caso de un derrame transfronterizo.</strong><br><br>Ben Ayliffe, responsable de la campaña internacional de Greenpeace en el Ártico, declaró:"Este borrador no inspira ninguna confianza en la aptitud y capacidad que tiene el Consejo Ártico para proteger esta frágil región en caso de que ocurra un derrame. Es increíblemente vago porque <strong>no responzabiliza a las empresas por las consecuencias de sus errores</strong>, de este modo no hay ningún elemento que asegure aptitud para lidiar con un accidente".<br><br>Para la organización ecologista, existen serias dudas sobre el papel que jugaron las compañías petroleras en la redacción de este documento y sobre la capacidad del Consejo Ártico para vigilar este entorno natural de manera eficaz. Existen <a href="http://www.flickr.com/photos/arctic_council/8199302131/in/set-72157632051103100/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">fotos</a> subidas en la galería del Consejo Ártico que muestran a representantes de la industria petrolera participando en el grupo de trabajo, incluso en la reunión final en la que se aprobó el documento filtrado hoy. (3)<br><br>"El acuerdo exige muy poco a Canadá, Dinamarca, Groenlandia, las Islas Faroe, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y EEUU, por lo que <strong>es efectivamente inútil</strong>. Aunque el mundo este pendiente del Consejo Ártico, éste no está superando el examen", concluye Ayliffe.<br><br>Pese a las promesas de que éste sería el primer acuerdo jurídicamente vinculante, el documento <strong>no logra establecer las medidas necesarias:</strong> un equipo de respuesta, métodos <br>para el tapado urgente de pozos o una metodología de limpieza a utilizar en este ecosistema. En cambio, sólo se basa en pedidos para que los países del Ártico traten de tomar "medidas apropiadas dentro de los recursos disponibles".<br><br>Según Greenpeace, ninguna petrolera ha demostrado jamás que puede limpiar un derrame <br>de petróleo en el hielo.<strong> El acuerdo no ofrece absolutamente ninguna pauta de cómo una </strong><br><strong>empresa debe parar y limpiar un accidente</strong> como el del Golfo de México (Deepwater Horizon) (4). <br><br>El Consejo Ártico también comote un error al no exponer los requisitos técnicos mínimos que los países deben cumplir antes de realizar perforaciones. <strong>Dado que muchas de las áreas de perforación en el Ártico son muy remotas, no hay ninguna garantía de que los recursos para el control del derrame estarán disponibles o serán los adecuados</strong> (5).</p>
<h3 id="a0">Participá ahora. Pedile al presidente Obama que suspenda los permisos de Shell para perforar en el Ártico, hacé <a href="http://www.greenpeace.org/archive-argentina/es/participa/ciberacciones/tell-obama/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">click aquí</a>.</h3>
<p><br><strong>Notas:</strong><br><br>(1) El Consejo Ártico es un foro de alto nivel para el debate político sobre las cuestiones comunes a los gobiernos de los Estados del Ártico y sus habitantes. El Consejo Ártico es el único foro circumpolar para las discusiones políticas sobre cuestiones relativas al Ártico, con la participación activa de todos los Estados del Ártico y sus pueblos indígenas. Para saber más, entrá en  <a href="http://www.arctic-council.org/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">www.arctic-council.org</a><br><br>(2) Para ver la versión completa del documento "La cooperación en materia de contaminación marina por petróleo. Preparación y Respuesta en el Ártico" hacé <a href="http://act.gp/W7vvWm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">click aquí </a><br><br>(3) Fotos publicadas en la cuenta de Flickr del Consejo Ártico muestran a representantes  de la industria del petróleo que participaron en los grupos de trabajo, incluso en la reunión final en la que se finalizó el documento. En la foto se puede ver a Peter Velez, representando a Shell como parte de la delegación de EEUU (segundo a la izquierda), mientras que Vladimir Dimitrov (sin fotografiar)  de Gazprom también estuvo presente en el lugar. Para ver la imagen hacé <a href="http://www.flickr.com/photos/arctic_council/8199302131/in/set-72157632051103100/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">click aquí</a><br><br>(4) La plataforma Deepwater Horizon se hundió en abril de 2009 en aguas del golfo de México. El derrame de petróleo se estima en 779.000 toneladas de crudo.</p>
<p>(5) Incluso el vicepresidente de Shell en Alaska, Pete Slaiby ha admitido: "No tengo por qué endulzar las cosas, me imagino que habrán derrames".</p>
<p><a href="https://unite.greenpeace.org.ar/form-unite?ref=webnot_artico_informe_filtrado" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><img src="/argentina/Global/argentina/graphics/2011/banners/boton_dona_blog2_small.png" alt="" width="455" height="33" border="0"></a></p>
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El Rainbow Warrior en el puerto de Auckland, Nueva Zelanda, después del bombardeo producido por agentes del servicio secreto francés.

En 1985, el barco Rainbow Warrior acababa de regresar de evacuar la isla de Rongelap, contaminada por la radiación, y se encontraba cargando combustible y realizando tareas de mantenimiento antes de una protesta planificada contra las armas nucleares francesas en el atolón de Mururoa.

<h2>Denuncia de la ONG contra Barrick Gold</h2><br />
	Se trata de la reserva San Guillermo, ubicada al norte de la provincia de San Juan, donde la empresa lleva a cabo los emprendimientos Veladero y Pascua Lama.
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	<p><strong>Buenos Aires, 20 de marzo de 2013.-</strong> La organización  presentó hoy el informe “Reserva de Biosfera San Guillermo en peligro” (1), para denunciar que la actividad minera amenaza esta área, declarada por la UNESCO la primera Reserva de Biosfera del país; territorio a proteger para las generaciones futuras por el valor de su biodiversidad.<br> <br>De acuerdo a la ONG ambientalista, la empresa minera Barrick Gold Corporation, ya afectó con su actividad los glaciares de la zona y está dañando el ecosistema.<br>“La Reserva San Guillermo es considerada el último lugar silvestre no boscoso de América del Sur”, explicó Gonzalo Strano, coordinador de la campaña de Glaciares  de Greenpeace, “la actividad minera dentro de la Reserva es una amenaza concreta para sus especies y sus cauces de agua”. <br> <br>La reserva San Guillermo tiene más de 900 mil hectáreas, está ubicada al norte de la provincia de San Juan y limita al oeste con la República de Chile. La organización ambientalista lanzó hoy a nivel nacional una campaña para concientizar sobre la necesidad de proteger la Reserva, hábitat del puma y otras especies y área de glaciares y ambiente periglacial.<br> <br>“La minería utiliza sustancias altamente tóxicas y explosivos, implica la remoción de grandes cantidades de roca y polvo, la construcción de diques de cola, caminos y otras estructuras como los utilizados para Veladero y Pascua Lama, que impactan dentro de la Reserva,” señaló Strano,  “es necesario que se tomen medidas para proteger este paraíso silvestre de esta actividad”. <br> <br>Greenpeace reclama al gobernador de San Juan, José Luis Gioja que dentro de los límites de la Reserva San Guillermo prohíba la exploración y explotación minera e hidrocarburífera, la instalación de obras y actividades industriales, y la disposición de productos contaminantes y residuos de cualquier naturaleza.<br> <br><strong>Notas al editor: </strong></p>
<p>(1)    Informe Reserva de Biosfera San Guillermo en peligro: <a href="http://www.greenpeace.org/archive-argentina/es/informes/Informe-Reserva-San-Guillermo" target="_blank" rel="noopener noreferrer">http://www.greenpeace.org/argentina/es/informes/Informe-Reserva-San-Guillermo</a><br> (2)    Audio: Gonzalo Strano, coordinador de la campaña de Glaciares de Greenpeace, disponible en: <a href="http://www.greenpeace.org.ar/Comms/130320reserva_san_guillermo_test_strano.zip" target="_blank" rel="noopener noreferrer">http://www.greenpeace.org.ar/Comms/130320reserva_san_guillermo_test_strano.zip</a><br> <br><strong>Contactos de Prensa:</strong></p>
<p><br>+ Gonzalo Strano, coordinador de la Campaña de Glaciares de Greenpeace, (011) 15.3304.3310<br>+ Mariana Ciaschini, Coordinadora de Prensa de Greenpeace Argentina (011) 153.304.3316<br> + Sol Gosetti, Coordinadora de Prensa de Greenpeace Argentina (011) 153.226.2600</p>
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La tripulación del Rainbow Warrior llevó a adultos, niños y 100 toneladas de materiales de construcción hacia la isla de Mejato, desde Rongelap.

Esa misma noche, la tripulación y los activistas habían estado celebrando un cumpleaños. La mayoría ya dormía cuando dos hombres se sumergieron en el agua y colocaron dos explosivos en el barco. El primero dio en la cubierta, dejando un gran agujero. Por lo cual, enseguida se procedió a la evacuación de la tripulación que estaba a bordo. 

Un enorme agujero en el costado del Rainbow Warrior tras el bombardeo de agentes del servicio secreto francés. © Keith Scott / Truth / Greenpeace

Tras este primer ataque, algunos integrantes volvieron para constatar los daños ocasionados. Entre ellos se encontraba el fotógrafo Fernando Pereira, quien había vuelto para buscar su equipo profesional.  Fue entonces que la segunda bomba impactó y provocó el hundimiento del barco. Fueron 4 minutos los que tardó en desaparecer bajo el agua. Pereira no pudo escapar y murió ahogado. Era padre de dos niños y recién había cumplido 35 años. 

Al conocerse los hechos, el gobierno francés declaró no estar involucrado pero esta versión no se logró sostener. Muy pronto, el Primer Ministro admitió que la orden de concretar la operación había salido del mismo gobierno. Con ese atentado no sólo intentaban hundir un barco, sino un movimiento, atacar el activismo y silenciar la voz de la esperanza. Pero fracasaron.

Sunken Rainbow Warrior in New Zealand. © Gil Hanly / Greenpeace
Un grupo de oficiales observa el Rainbow Warrior, parcialmente hundido, durante las operaciones de rescate tras el bombardeo. © Gil Hanly / Greenpeace

En los meses siguientes, el mundo se indignó ante el terrorismo de Estado contra los manifestantes pacíficos. La historia del bombardeo, así como las pruebas nucleares y sus consecuencias, recibió una condena mundial. Personas de todo el mundo escucharon la historia de la tripulación a bordo del barco y su convicción de que la esperanza no es un estado mental pasivo ni simple, sino la decisión de actuar.

Un par de años después, en 1987, una corte internacional ordenó a Francia pagar a Greenpeace 8.1 millones de dólares estadounidenses en compensación por los daños causados de manera deliberada al bombardear el Rainbow Warrior.

En cuanto a los responsables del ataque, a la mayoría se les perdió el rastro. Sólo dos agentes fueron llevados a juicio. Dominique Prieur y Alain Mafart fueron sentenciados a 10 y 7 años de prisión en la base militar francesa en Polinesia. Sin embargo, a los dos años fueron liberados. 

Después del bombardeo, Greenpeace reemplazó al Rainbow Warrior con una nueva embarcación que lleva el mismo nombre (y que se financió usando el dinero que el gobierno francés tuvo que pagar como compensación.)  Durante más de 20 años el Rainbow Warrior II continuó la tradición de su predecesor navegando los mares del mundo en defensa de la naturaleza. Hoy el barco es un velero (Rainbow Warrior III) que nació en el año 2011  y sigue en actividad.

La esperanza es el martillo que rompe el cristal en tiempos de emergencia.

El Rainbow Warrior III recibe la escolta de delfines mientras navega en el estrecho de Cook en Nueva Zelanda. © Nigel Marple / Greenpeace

En lugar de ceder ante la violencia, Greenpeace y el movimiento ambiental redobló sus esfuerzos y continuamos las campañas contra las pruebas nucleares. Y en 1996, ganamos. Aunque no abandonamos nuestro trabajo. En los últimos meses, realizamos una gira por las Islas Marshall para documentar el legado persistente de las pruebas nucleares. Generaciones de habitantes de las islas aún viven con los impactos en la salud, la contaminación radiactiva de sus tierras y aguas, y el desplazamiento forzado de sus hogares. La sombra de la guerra nuclear, en lugar de alejarse, vuelve a crecer.

Dive on Rainbow Warrior Wreck in Matauri Bay, New Zealand. © Josh Chapman / Greenpeace
Dos buzos de Greenpeace visitan los restos del Rainbow Warrior original, que descansa en la bahía de Matauri, Northland, Nueva Zelanda. Llevan un cartel que dice «No seremos silenciados», en referencia al fallido intento de frenar a Greenpeace con bombas en 1985, y al intento actual de la industria petrolera de silenciarnos con una demanda de 600 millones de dólares. © Josh Chapman / Greenpeace

Hoy, al conmemorar el 40.º aniversario del ataque y la agresión al activismo, las fuerzas que llevaron al Rainbow Warrior al puerto de Auckland siguen dolorosamente presentes.

Desde Greenpeace Argentina como organización independiente —económica y políticamente—, rechazamos cualquier intento de intimidación contra la libertad de expresión y la protesta pacífica. Seguiremos defendiendo el derecho de personas, comunidades y activistas a alzar la voz en defensa del medioambiente. Porque de ello depende el futuro, no sólo de cientos de especies, sino que de nosotros mismos. No vamos a retroceder.