El Niño está activo y fortaleciéndose, según confirma la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés). Por lo tanto, es inminente que empecemos a sentir su influencia en nuestro país durante la segunda parte del año, tal como adelantamos en mayo.

Además, advierte el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales  (IDEAM), hay 81% de probabilidades de que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre, especialmente en las zonas Pacífica, Andina y Caribe, y 97% de probabilidades de que persista hasta el primer trimestre del 2027.  

Estamos hablando del fenómeno climático natural que produce un calentamiento del Océano Pacífico ecuatorial que, en Colombia se traduce en menos lluvias, temperaturas elevadas, riesgos de desabastecimiento de agua e incendios forestales. 

Obviamente, El Niño tiene impactos diversos en todos los ecosistemas. Hoy en especial, queremos hacer foco en los glaciares y en cómo sufren esta variabilidad climática, basándonos en investigaciones llevadas adelante por el IDEAM en las últimas dos décadas

Glaciares (nevados) de Colombia y El Niño: ¿qué impactos tiene? 

Las evidencias recolectadas por el IDEAM son contundentes: el derretimiento de los glaciares colombianos aumenta considerablemente durante los fenómenos de El Niño, llegando a perder hasta 2,4 veces más hielo que durante condiciones normales. Así lo difundieron los integrantes del Grupo de Monitoreo de Ecosistemas de Alta Montaña Ideam, Andrés Felipe Cruz Mendoza y Jorge Ceballos. 

© en https://archivo.minambiente.gov.co/

Se trata de un dato alarmante que se suma a una situación de por sí muy delicada, porque los glaciares de Colombia se derriten aproximadamente un 35 % más rápido que el promedio mundial (Organización Meteorológica Mundial, 2026).

Tras el último evento de El Niño (2023-2024) los investigadores de IDEAM comprobaron que, a nivel nacional, Colombia perdió 2.26 km² de área glaciar (de 33.09 km² en 2022 a 30.8 km² en 2024), una reducción de 6.84%, un valor superior a la tendencia de las últimas cuatro décadas de 3 a 5 % anual. En otras palabras, la huella que dejó tras de sí fue realmente fuerte e irreparable. 

Por citar un ejemplo, en el glaciar Santa Isabel, nevado que está en proceso de extinción, el área se redujo 45 % (0,29 km² a 0,16 km²).  A la par, El Niño provocó que Conejeras, que es parte de este glaciar, se derritiera más rápido, al punto que se extinguió en enero de 2024 – junto con la actividad turística que se asociaba a la zona- .

¿Qué esperar con los glaciares frente a un nuevo episodio de El Niño? 

De cara a un nuevo El Niño se estima que el área glaciar colombiana se reduzca alrededor de 1,5 km² (5%). Es probable que, hacia finales de 2026 o inicios de 2027, el área glaciar colombiana se sitúe entre 27 y 28 km². 

Por supuesto, la proyección está sujeta a la intensidad y duración que tenga el fenómeno climático, así como a las condiciones atmosféricas locales. Al mismo tiempo, habrá matices en el comportamiento de cada uno de los seis actuales nevados, dependiendo de su tamaño, altitud y clima local.

Lo que no está en duda es que son los glaciares ubicados a menor altitud y de menor tamaño los que serán más vulnerables a la influencia de El Niño. El pronóstico es triste: se estima que aproximadamente 11 áreas de estos podrían extinguirse o reducirse de manera considerable. Entre ellos se encuentran: Pico Güicán, Pico Blanco y Pico Uwa, en la Sierra Nevada El Cocuy o Güicán; Guardián, Codazzi, Ramírez, Ojeda, Menders y Ruiz Erazo, en la Sierra Nevada de Santa Marta; y El Hongo y Laguna Verde, en el nevado Santa Isabel.

Al mismo tiempo, esta mayor fusión glaciar sumado al incremento de la temperatura del aire y la modificación de los patrones de precipitación, se espera que haga crecer los aportes hídricos provenientes de los glaciares hacia los ecosistemas de páramo circundantes.

Más aire caliente y menos precipitaciones, más riesgo de perder glaciares 

Hay factores del próximo fenómeno El Niño que son los que incrementarán el derretimiento glaciar, entre ellos: el aumento la temperatura del aire, la disminución de la nubosidad y, con ella, una menor precipitación en forma de nieve -fundamental para el equilibrio de los glaciares-. 

Este escenario ocurre en un contexto en que, en los últimos 15 años, ya se está dando una tendencia a la disminución de las precipitaciones de nieve, particularmente en el PNN Los Nevados. Encadenado a esto, al haber menos cobertura de nieve sobre los glaciares, el albedo (como se conoce a la capacidad del glaciar para devolver gran parte de la energía del sol al espacio) también disminuye de manera considerable. Entonces, el hielo queda expuesto y, al tener una superficie menos reflectiva que la nieve, termina absorbiendo una mayor cantidad de energía solar, aumenta su temperatura y el punto de fusión llega antes. 

Todo este proceso que está ocurriendo, sólo se incrementaría si coincide El Niño con la temporada seca habitual de fin e inicio de año. 

En definitiva, El Niño no traerá buenas noticias para los glaciares ni para los ecosistemas en general. Algo esperable cuando se da en un contexto de crisis climática generada por las actividades del hombre y de vulnerabilidad de muchos territorios, dos factores pueden volver sus impactos más peligrosos.

FIRMA AHORA para enfrentar la actual crisis climática

Los Estados deben tomar medidas urgentes para mitigar sus causas y adaptarnos ante los impactos, que ya están afectando a millones de personas en nuestro país.