Un nuevo episodio de El Niño podría llegar entre los meses de mayo y julio de este año y extenderse hasta fin de año, tal cual anticipó la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Pero eso no es todo, porque podríamos estar ante el más fuerte en 140 años, con consecuencias que se extenderían hasta 2027, alertaron organismos climáticos internacionales. Por eso lo denominaron el “Súper Niño”.

Entre los posibles impactos para nuestro país se cuentan mayor riesgo de incendios forestales, olas de calor, estrés hídrico y afectación a la producción de alimentos. Las regiones Caribe, Andina y Pacífica son las más vulnerables, y podrían sufrir las peores consecuencias en materia de salud pública y posibles tensiones socioambientales.

Vale remarcar que este tipo de fenómenos no afecta a todas las personas por igual sino que suelen pagar más, quienes se encuentran en condición de vulnerabilidad: resultando en familias campesinas sin cosecha, municipios sin agua, comunidades indígenas y locales de la Amazonia expuestas a incendios, y las ciudades costeras con fuertes olas de calor. 

Ante la proximidad de este escenario crítico, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) y el Ministerio de Ambiente ya activaron alerta temprana

Mientras tanto, desde Greenpeace, queremos compartir información clara para que todas las personas estén informadas (y prevenidas). Y, al mismo tiempo, exigimos con anticipación que la respuesta a El Súper Niño no se limite a apagar incendios después del desastre. La verdadera preparación pasa por proteger a la ciudadanía, la naturaleza y ecosistemas claves como la Amazonía, reducir las emisiones que amplifican estos fenómenos y avanzar hacia un modelo que no destruya la naturaleza que nos protege. 

Empezar por el principio: El Niño explicado de forma sencilla 

Para entenderlo de manera más sencilla, es mejor imaginar que el océano Pacífico es una olla de agua gigante. En condiciones normales, los vientos empujan el agua caliente hacia el lado oeste del océano, lejos de América. Pero, cada cierto tiempo, esos vientos se debilitan y el agua caliente regresa hacia las costas de América del Sur. Eso es El Niño: un calentamiento inusual de la superficie del océano Pacífico que desordena el clima de todo el planeta.

El Niño suele tener una frecuencia promedio de diez o quince años en su versión más intensa,  y cada vez que llegan reconfigura el clima del planeta durante meses.

¿Cómo impacta El Niño en nuestro país?

Cuando aterriza en Colombia, El Niño se traduce en que hay menos lluvia de lo normal, las temperaturas suben, los ríos bajan de nivel, los embalses se vacían, aumentan los incendios forestales y los cultivos se secan. En pocas palabras: menos agua donde más se necesita.

Sequía en la Amazonía de Brasil
Lago Padre, en Manacapuru, estado de Amazonas.
El matrimonio formado por José Ribamar da Penha y María Dinaires vive con sus perros, sus siete hijos y siete nietos en la plataforma flotante Beira Rio, anclada junto al puente del río Madeira, en Porto Velho, estado de Rondonia.

Su familia se ha visto afectada por la grave sequía que azota la región norte y desearía poder vivir en otro lugar, ya que la situación se les está haciendo cada vez más difícil.
Familia afectada por la grave sequía en Porto Velho, estado de Rondonia.
© Marizilda Cruppe / Greenpeace

A su vez, en la vida de colombianos y colombianas se siente de las siguientes formas: 

  1. Las familias campesinas pueden perder su cosecha de papa o maíz y hay menos oferta en las ciudades
  2. Municipios se pueden quedar sin agua potable por sequía. 
  3. La factura de energía sube porque los embalses se vacían o por la necesidad de usar más ventilación a raíz de la sensación térmica en ciudades costeras. 
  4. El precio del mercado aumenta cuando los alimentos escasean. Un fenómeno de El Niño fuerte podría incrementar la inflación de alimentos, con cultivos como la yuca, la palma de aceite y productos básicos como el café, el arroz, el maíz y la papa en zona de riesgo.
¿Está relacionado el cambio climático con El Niño? 

Para los escépticos primero diremos que sí, que está claro que El Niño existía desde antes. Pero eso no quita que ahora exista un agravante: el cambio climático, que lo hace más intenso. Es decir, El Niño ya era poderoso pero, en un planeta más caliente, es más destructivo. 

Esta capacidad de destrucción es amplificada por el cambio climático que hace que los fenómenos meteorológicos extremos dispongan de más energía y humedad a raíz del incremento de las temperaturas del aire y del océano. 

A la vez, el fenómeno llega a un planeta que ya no tiene los mismos amortiguadores naturales que solía tener para reducir sus consecuencias. 

¿Podría darse un súper Niño? 

Organismos meteorológicos internacionales calculan25% de probabilidad de que adquiera características de súper Niño. Se habla de un “súper El Niño” cuando el calentamiento del océano es excepcionalmente intenso, lo que amplifica todos sus efectos: sequías más prolongadas, temperaturas más extremas, incendios más devastadores. 

¿Cómo afecta El Niño a la Amazonia y los ecosistemas?

El Niño llegará a una Amazonía ya debilitada, en gran parte debido a la deforestación impulsada por el avance de la frontera agropecuaria y la producción de carne vacuna. Esa deforestación ya pone en jaque la función climática irreemplazable de este ecosistema, que es el de generar lluvia a través de los llamados “ríos voladores”, regular la temperatura regional y absorber carbono. 

En este contexto, el pronóstico que trae El Niño no es bueno: la Amazonia y el norte de Sudamérica, incluidas zonas de Colombia, enfrentarán sequía hidrológica, incendios forestales y temperaturas extremas a causa del fenómeno de El Niño.

El riesgo de incendios en la Amazonia es mayor en las áreas donde el almacenamiento de agua subterránea está comprometido por la sequía. Estos reservorios tardan mucho en recuperarse cuando se ven afectados por sequías consecutivas y extremas.

De hecho, en Parques Nacionales Naturales ya se observan incendios activos. Un bosque que ya está herido arde más fácil. 

Por todo esto, proteger la Amazonía de la deforestación no es solo una causa ambiental, sino nuestra mejor defensa frente a fenómenos meteorológicos, tales como El Niño.

Activista de Greenpeace sostiene una pancarta con el mensaje “Esto es una emergencia climática” en el lago Tarumã, en Manaus, donde la sequía es severa.
© Marizilda Cruppe / Greenpeace