
Los plásticos utilizados para empacar nuestros alimentos pueden representar un riesgo para la salud, especialmente cuando se calientan.
Calentar el almuerzo en el microondas es parte de la rutina de millones de personas. En la oficina, en la universidad, en casa. Es algo práctico, rápido y que parece “completamente seguro”, pero lo que se ve como una solución podría estar liberando directamente en nuestra comida algo que no vemos.
Para llevar nuestros alimentos de un lugar a otro, pareciera que no hay nada más práctico que un buen contenedor plástico, que es liviano, resistente y barato. Por eso se ha vuelto la opción más común para vender comidas preparadas para microondas, productos congelados y alimentos para llevar…Sin embargo nunca nos preguntamos ¿qué pasa cuando este plástico entra en contacto con altas temperaturas?

En la búsqueda de una respuesta a esta pregunta, Greenpeace Internacional analizó 24 artículos publicados recientemente en revistas científicas -y revisados por pares. El resultado plasmado en el nuevo informe “Alerta, microplásticos en la comida precocinada” , es preocupante: cuando los alimentos envasados en plástico se calientan en el microondas, pueden liberar grandes cantidades de micro y nano plásticos, además de sustancias químicas preocupantes, que terminan migrando del envase directamente a los alimentos.
Este hallazgo refuerza la necesidad de que Colombia implemente de manera urgente, transparente y eficaz la Ley que elimina los plásticos de un solo uso para reducir la exposición cotidiana de las personas a estos materiales, e impulsar la creación de un Tratado Global de Plásticos que regule a nivel internacional los elementos químicos y reduzca la producción.


No estamos hablando sólo de residuos visibles, sino de lo que puede entrar a nuestro cuerpo sin que lo notemos.
Entonces, ¿qué dice la ciencia sobre los recipientes plásticos al calentarse en el microondas?
Los diversos estudios revisados por Greenpeace Internacional encontraron que usar el microondas para recalentar comidas que vienen envueltas o contenidas en recipientes plásticos libera una cientos de miles de partículas de microplásticos y sustancias químicas.


Por ejemplo, en algunos experimentos, recipientes de poliestireno y polipropileno llenos de agua liberaron entre 100.000 y 260.000 partículas de microplásticos después de calentarse. Otro estudio determinó que cinco minutos de calentamiento en microondas podían liberar entre 326.000 y 534.000 partículas en los alimentos.

De manera similar, existe una amplia variedad de sustancias químicas que pueden liberarse —y de hecho se liberan— cuando el plástico se calienta. Se estima que, entre los distintos tipos de plástico, hay alrededor de 16.000 sustancias químicas diferentes que pueden utilizarse o estar presentes en estos materiales. De ellas, más de 4.200 han sido identificadas como peligrosas, mientras que muchas otras ni siquiera cuentan con algún tipo de clasificación o identificación (sea como peligrosas o no).
La investigación también mostró que 1.396 sustancias químicas asociadas a plásticos que entran en contacto con alimentos han sido detectadas en el cuerpo humano. Algunas ya se asocian con riesgos para la salud. Al mismo tiempo, existen muchas sustancias sobre las que no hay estudios acerca de sus efectos a largo plazo en la salud humana.


En definitiva, la evidencia apunta a algo claro: el calor aumenta la transferencia de microplásticos y sustancias químicas del plástico hacia los alimentos. Adicionalmente, a la migración constante de estas partículas y compuestos hacia la comida, se suman preguntas y preocupaciones sobre los posibles impactos a largo plazo en la salud humana, en donde la preocupación científica es creciente.

Inclusive está comprobado que los recipientes viejos, rayados o reutilizados son peores. El plástico desgastado libera casi el doble de partículas de microplásticos en comparación con envases nuevos. Por lo que el desgaste importa muchísimo.
Esto no es solo un problema ambiental

Durante años se ha hablado del plástico abordando únicamente como un problema de contaminación de océanos y ríos, sin embargo, la evidencia muestra que también es un asunto de salud pública.
Muchas personas no tienen tiempo ni alternativas, y recalientan lo que pueden, como pueden. El problema no es la gente. El problema es que vivimos en un sistema que puso el plástico en todas partes porque es barato de producir, no porque sea lo más seguro para nuestra salud y el planeta.
Reducir la exposición no debería depender únicamente de decisiones individuales informadas. Debería ser la norma.
¿Qué puedes hacer?
El primer paso ya lo estás dando: informarte. Luego, otra acción poderosa es compartir esta información para que llegue a más personas y también ellas puedan empezar a tener ciertas prácticas de prevención. Desde ya, no olvidemos que intentar evitar el plástico puede ser agotador. Si te sientes abrumado, tienes que saber que no estás solo.
Si puedes y está a tu alcance, aquí te compartimos pequeñas decisiones que pueden ayudarte a reducir la exposición al microplástico:
✅Incentiva a los supermercados y tiendas de tu localidad a reducir el uso de envases plásticos cuando sea posible.
✅Evita calentar o recalentar alimentos en recipientes plásticos. En su lugar puedes calentar directamente en un plato (si usas microondas) y si estás en casa en la sartén.
✅Preferir envases reutilizables que no sean de plástico, como vidrio o acero inoxidable.


Por último, pero no menos importante, la respuesta no puede recaer solamente en la ciudadanía. Por el contrario, son los productores y contaminadores de plástico quienes deben rendir cuentas, y los gobiernos tienen que actuar con mayor rapidez para proteger la salud de las personas y del planeta.
Aplicar el principio de precaución significa eso: reducir la producción de plásticos innecesarios, eliminar sustancias químicas peligrosas y garantizar transparencia en la implementación de normas como la Ley 2232 en Colombia y normativas globales como el Tratado Global de Plásticos.
Esto no se trata solo de basura y reciclaje, se trata de lo que respiramos, de lo que comemos y lo que entra en nuestros cuerpos todos los días.

