Te traemos ideas para inspirarte y seguir rompiendo nuevos niveles en tu estilo de vida sustentable.

1. Comer distinto puede cambiarlo todo

De ahora en más, recuerde: lo que elegimos para cocinar y comer cada día  tiene la capacidad de reconfigurar las relaciones que los productores tienen con la tierra. Así es como algo cotidiano se puede convertir en un hábito revolucionario. 

Si empezamos a consumir frutas y verduras que son de la época que corresponde y privilegiamos los producidos en la región en vez de los importados, ayudamos a cambiar las formas en que tratamos a nuestro suelo y nuestros recursos, colaborando a que la agricultura sea más respetuosa y aporte a la regeneración. 

Pensar la alimentación fuera de lo que el mercado impone puede cambiar de raíz una industria que se convirtió en una de las más contaminantes. Además de tener un potencial sabroso: el de hacernos descubrir la diversidad de sabores que la naturaleza y de defender la identidad culinaria.

© Mariano Vimos/ Greenpeace

2. Ser turista responsable

Viajar y conocer lugares nuevos es una de las experiencias más interesantes que podemos hacer. La buena noticia es que también esta pasión puede disminuir su huella ambiental. 

Sin duda, si puedes elegir viajar en otro medio que no sea el avión -o disminuir los vuelos que haces al año- estarás marcando la mayor diferencia de todas. 

Luego será el momento de elegir tu hospedaje y tours considerando sus criterios ambientales (o la ausencia de ellas). Para hoteles, por ejemplo, si tienen políticas de uso de agua y manejo de aguas residuales (todos deberían tener esta información a la mano para entender el impacto que generan sobre los lugares que están construidos). 

Por último, llevar tus hábitos responsables de consumo a tu destino hará que el impacto sobre el sitio que se visita sea el menor posible. 

Explorar, conocer y disfrutar van de la mano con cuidar a nuestro planeta 🌎🙂.

Familia en parque eólico.

3. Resetear el guardarropa en forma sustentable 

Las marcas de ropa -aún las que más pregonan sobre estar haciendo las cosas bien para el planeta- están fallando. Esto hace que producir indumentaria sea la segunda actividad más contaminante, después de la automotriz. 

Ante este dato, lo mejor que podemos hacer es desacelerar su consumo. Y esto se logra explorando nuevas opciones y divirtiéndote en el proceso. Usar lo que ya se tiene, intercambiar con amistades, visitar tiendas de usado (tanto físicas como on line), reparar, salirse del mandato de las tendencias que caducan rápido, heredar prendas y recircular lo que ya no uses.

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<p>En especial durante los veranos, hay días tan calurosos que todos rogamos que llegue la noche para que tengamos un poco de alivio. Pero el sol cae y la ciudad continúa siendo de fuego. Abrimos las ventanas pero el aire no se mueve. Así, hasta querer dormir termina siendo una misión imposible. </p>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/d3ad1ff4-gp0sttsmn_low_res_with_credit_line.jpg" alt="" class="wp-image-11318"/><figcaption class="wp-element-caption">Los activistas protestan por las insuficientes políticas climáticas en Austria y a nivel internacional.
La instalación en llamas es una llamada de atención para salvar el Amazonas y es un símbolo de uno de los veranos más calurosos de la historia.</figcaption></figure>
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<p>¿Te suena esta escena? Si has vivido algo similar en tu ciudad, queremos decirte que entonces sentiste de cerca los efectos de la<strong> isla de calor</strong>. </p>
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<p>Tal es el nombre que recibe la consecuencia por el cual <strong>áreas urbanas experimentan temperaturas significativamente más altas que las rurales</strong>. Detrás de este fenómeno está la planificación de la ciudad: concentración de edificios, pavimento y falta de vegetación.</p>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/693c989c-gp0stxe7k_low_res_with_credit_line.jpg" alt="" class="wp-image-11317"/><figcaption class="wp-element-caption">Greenpeace Seúl junto con jóvenes activistas realizan una actuación en las calles populares de Sinchon, Seúl, colocando carteles con "Esperanza", "1,5 grados" e imágenes de personas tomadas con una cámara térmica.</figcaption></figure>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué es el efecto isla de calor y por qué surge? </strong></h2>
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<p>En 1817 Luke Howard descubrió la existencia de este fenómeno por primera vez. </p>
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<p>Recién para 1958 surgió el concepto “isla de calor urbana” -tal como lo conocemos hoy- de la mano del climatólogo inglés Gordon Manley. Cuando el científico relacionó la reducción de las precipitaciones de nieve en las ciudades de su país con el aumento de las temperaturas en los ámbitos urbanos. </p>
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<p>Desde entonces, se comprobó que <strong>al crecer la infraestructura urbana </strong>(desde edificios hasta calles y autopistas) cambian las propiedades térmicas y reflectivas, lo que <strong>afecta al microclima local. </strong>Es entonces que esas zonas se vuelven más propensas a retener el calor.</p>
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<p>Esto <strong>se debe en parte a que los materiales de construcción</strong> utilizados en las urbes, que generalmente son oscuros, absorben más energía del sol. Con una dispersión más lenta de la radiación solar, hay más chances de que se generen las islas de calor. </p>
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<div class="wp-block-columns"><!-- wp:column {"width":"50%"} -->
<div class="wp-block-column" style="flex-basis:50%"><!-- wp:image {"id":11320,"aspectRatio":"4/3","scale":"cover","sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image size-full"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/eb9009a4-gp0stuc9m_low_res_with_credit_line.jpg" alt="" class="wp-image-11320" style="aspect-ratio:4/3;object-fit:cover"/><figcaption class="wp-element-caption">Paisaje urbano de Busan.</figcaption></figure>
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<div class="wp-block-column" style="flex-basis:50%"><!-- wp:image {"id":11323,"width":"352px","height":"auto","aspectRatio":"4/3","scale":"cover","sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/2fc1246f-gp1sv9wy_low_res_with_credit_line.jpg" alt="" class="wp-image-11323" style="aspect-ratio:4/3;object-fit:cover;width:352px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Paisaje urbano de Bogotá.</figcaption></figure>
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<p>Otro factor que contribuye a su ocurrencia es que vivimos en<strong> ciudades </strong>que están cada vez  <strong>más densamente construidas.</strong> Y así, esta dinámica que ya es lenta de por sí hace que el <strong>aire caliente se mantenga por varias horas </strong>en este tipo de colonias. </p>
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<!-- wp:paragraph -->
<p>A su vez la ubicación geográfica de una ciudad, las variables del clima local y la intensidad de cambios estacionales también afectan su formación. </p>
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<p>Por último, hay una vinculación cercana con el cambio climático porque <strong>a medida que las temperaturas globales aumentan, las ciudades experimentan un calentamiento adicional</strong>.</p>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/0c93099d-gp0stu0bv_low_res_with_credit_line.jpg" alt="" class="wp-image-11319"/><figcaption class="wp-element-caption">Debido a la crisis climática, los veranos en Viena son cada año más calurosos. La ciudad se convierte en una isla de calor urbana, donde no refresca por las noches ya que el hormigón mantiene el calor atrapado. Muchos ciudadanos luchan contra el calor, que cada año provoca graves problemas de salud y de sueño. En 2018, 766 personas murieron en Austria debido a las olas de calor.</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Por todo esto, no hay que subestimar lo que genera el efecto isla de calor. No se trata sólo de restar confort a quienes habitan las ciudades sino que la salud de las personas se ve en <strong>riesgo real</strong> a <strong>causa del estrés térmico, golpes de calor y problemas respiratorios</strong> que puede generar. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Pero las complicaciones que traen no terminan ahí. Pues también contribuyen a la mala calidad del aire al aumentar la formación de contaminantes atmosféricos. </p>
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<!-- wp:heading -->
<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué soluciones existen frente al efecto isla de calor? </strong></h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Para que las ciudades puedan “refrescarse” hay que empezar por exigir a los gobiernos que tomen medidas como<strong> sumar espacios verdes (o ampliar los existentes)</strong>, <strong>plantar más árboles (y cuidar mucho a los que ya tenemos)</strong>. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Ciudades como París ya tomaron la posta en este sentido plantando 25.000 árboles donde antes había asfalto, con la meta puesta en crear 300 hectáreas adicionales de áreas verdes de aquí a 2040.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

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<!-- wp:paragraph -->
<p>Sin ir más lejos, está comprobado que las urbes donde hay cuerpos de agua y parques no se padecen temperaturas tan altas a lo largo del año.</p>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/4528b78a-gp1suivd_low_res_with_credit_line.jpg" alt="" class="wp-image-11322"/><figcaption class="wp-element-caption">En el marco del Día Mundial de las Ciudades, Greenpeace Colombia instala un jardín vertical en la plaza El Rosario y exige al Concejo de Bogotá declarar emergencia climática, reverdecer la ciudad y ampliar y proteger los espacios verdes.</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Otra solución posible es crear un plan que permita aplicar a la brevedad <strong>la tecnología de las cubiertas verdes</strong>, que tiene el potencial de ayudar a mitigar el efecto isla de calor urbana. </p>
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<p>Se trata de un sistema de ingeniería que permite el crecimiento de vegetación en la parte superior de los edificios (techos o azoteas), manteniendo protegida su estructura. Al igual que en otras áreas verdes, la vegetación que crece sobre una cubierta da sombra a las superficies y remueve calor del aire por evapotranspiración. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En definitiva, lo importante es prestar atención a este fenómeno que es habitual en muchas urbes del planeta para poder implementar medidas concretas a tiempo. </p>
<!-- /wp:paragraph -->

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4. Romper los mandatos estéticos del paisaje

Vivir en la ciudad no es sinónimo de estar separados de la naturaleza. Sólo basta bajar un poco la velocidad y empezar a apreciar con más detalle el lugar que habitamos para darnos de todo el verde y los seres que nos acompañan en medio del cemento. 

Te proponemos prestar atención a las plantas que nos circundan y a la vegetación nativa que crece entre las baldosas, en los baldíos, parques y canteros. Hay mucho por conocer en medio del cemento. 

5. Crear hábitats para polinizadores

Colaborar para cuidar a los insectos y animales que se encargan de polinizar las plantas y que hacen posible que exista 35% de los cultivos alimentarios del mundo está en nuestras manos.

Para compensar las prácticas que ponen a estas criaturas en peligro, si tenés jardín evita el uso de pesticidas. En balcones, ventanas y parques, planta diversidad de plantas nativas e instala “hoteles de insectos” (hogar de insectos benéficos como crisopas, avispas, abejas, mariquitas y abejorros encontrarán allí un buen alojamiento que polinizan las plantas y controlan la presencia de plagas, colaborando en la sanidad del jardín y la huerta).

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<figure class="wp-block-image size-large"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/3a30f96c-gpco-incendios-bogota-credito-mariano-vimos-greenpeace-11-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-11329"/></figure>
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<!-- wp:paragraph -->
<p>En respuesta a la creciente amenaza de los incendios forestales que asolan nuestras tierras, biodiversidad y habitantes, <strong>nos dirigimos a las comunidades y gobiernos locales para hacer un urgente llamado a la acción colectiva</strong>. Los incendios forestales, impulsados por condiciones climáticas extremas y factores humanos, representan una amenaza grave para nuestro entorno natural y la biodiversidad única que albergan.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En los últimos días, hemos sido testigos de un aumento alarmante en la frecuencia e intensidad de los incendios forestales en diversas regiones. <strong>90% por ciento de los cuales han sido producto de acciones humanas</strong>. La propagación rápida de las llamas ha afectado no solo a la flora y fauna, sino también a las comunidades locales, poniendo en riesgo vidas humanas y provocando pérdidas materiales significativas.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img src="https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/2024/01/5a8e067b-gpco-incendios-bogota-credito-mariano-vimos-greenpeace-1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-11330" style="width:736px;height:auto"/></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Las olas de calor son cada vez más frecuentes y con mucha más intensidad dando poco margen de respuesta. Estos escenarios extremos ponen en riesgo la salud de las personas, animales y plantas por lo que, implementar estrategias de adaptación se hace vital, especialmente cuando se generan desplazamientos forzados a causa de esta misma crisis climática. <strong>Los impactos del cambio climático ya son perceptibles y quedan puestos en evidencia por datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) como:</strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:list -->
<ul><!-- wp:list-item -->
<li>La temperatura media mundial ha aumentado ya 1,11 ± 0,13 °C desde la época preindustrial.</li>
<!-- /wp:list-item -->

<!-- wp:list-item -->
<li>Las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global siguen aumentando cada año, alcanzando el máximo de 59 GT CO2 eq. en 2019 (IPCC, 2022).</li>
<!-- /wp:list-item -->

<!-- wp:list-item -->
<li>En octubre de 2022, la concentración media mensual de CO2, medida por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos en su observatorio de Mauna Loa, en Hawai, volvió a alcanzar un máximo histórico acumulado de 420,99 partes por millón (ppm), una cantidad de CO2 que no se registraba desde hace tres millones de años.</li>
<!-- /wp:list-item -->

<!-- wp:list-item -->
<li>El contenido calorífico de los océanos ha alcanzado niveles sin precedentes. En algún momento de 2021, gran parte del océano se vio afectado por al menos una ola de calor marina «intensa».</li>
<!-- /wp:list-item -->

<!-- wp:list-item -->
<li>El nivel medio del mar a escala mundial alcanzó un nuevo máximo en 2021, tras aumentar una media de 4,5 mm anuales durante el período 2013-2021. Esta cifra es más del doble que la registrada entre 1993 y 2002.</li>
<!-- /wp:list-item --></ul>
<!-- /wp:list -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Desde Greenpeace Colombia, creemos que es urgente incorporar de manera permanente- más allá de esta crisis- medidas claras para asegurar un sistema de respuesta rápida ante la emergencia, educación y sensibilización ambiental a la población que está propensa a riesgo de incendios, movilizaciones colectivas en pro del cuidado de la vida , el ambiente y la biodiversidad. Sin duda esto ayudará a mitigar en gran parte la problemática de los incendios no solo en la ciudad sino en las veredas aledañas.<br></p>
<!-- /wp:paragraph -->

6. Apoyar proyectos liderados por mujeres que recuperen el tejido social y la tierra

Retomamos esta idea fuerza“la situación del campo sólo la va a cambiar el poder de consumo” que dijo Felipe Roa-Clavijo, doctor en Desarrollo Internacional de la universidad de Oxford, a América Futura del diario El País para entender que cada elección cuenta

Por ejemplo, si estás en Colombia y comes los chips de ñame de las mujeres de los Montes de María apoyás no sólo la restitución del tejido social de un territorio arrasado por la guerra y contribuyes a la recuperación del bosque húmedo. 

O bien si se compran las prendas de vestir hechas de sombrillas recuperadas de Romina Palma, de Cazaparaguas en Argentina, se respalda a un emprendimiento que fomenta la educación ambiental comunitaria a través del oficio textil. 

Ése es el poder del que habla el especialista de Oxford. A hacerlo valer 💪.

7. Consumir menos carne vacuna

La carne de res tiene un impacto climático mucho mayor que cualquier otro alimento que consumimos de manera habitual. Para mejorar esta huella no hace que renuncies por completo a las hamburguesas, alcanza con comenzar poco a poco a intercambiando una porción de carne de res cada semana por una porción de pollo: ¡ahorrarás 0.71 toneladas de CO2 al año por persona!

8. Comer más plantas (y hongos), y menos productos de origen animal

Relacionado con lo anterior, incorporar platos con mayor enfoque en plantas y hongos sin importar en qué punto te encuentres en tu camino hacia un estilo de vida más amigable con el clima es siempre la mejor opción posible. 

Así, con un cambio sutil estarás reduciendo tu consumo de productos de origen animal lo que significa de por sí un aumento de tu impacto positivo.

9. Empezar a compostar

En la medida del espacio que tengas y sin necesidad de dedicar enormes cantidades de tiempo, no dudes en comenzar tu propio sistema de compostaje en casa, o investigar sobre los puntos comunitarios de compostaje cercanos. Si no hay opciones disponibles, busca alguna organización sin fines de lucro o ciudadanos que aboguen por aumentar las opciones de compostaje en tu área.

Con este hábito, se reducen a la mitad los residuos que van al relleno sanitario, se ahorran emisiones de metano y se fomentan suelos saludables. ¿Qué más pedir?  

© Mariano Vimos/ Greenpeace

10. Reducir el uso de plásticos

La producción mundial de plástico se duplicó entre 2000 y 2019, alcanzando los 460 millones de toneladas (Mt) anuales,

Reducir el uso y el impacto que los
plásticos tienen sobre los ecosistemas es responsabilidad de todos, principalmente de las administraciones públicas y las
empresas fabricantes.

Y desde la ciudadanía también podemos formar parte del cambio. ¿Cómo? Informándonos e incorporando hábitos más sostenibles en nuestro consumo. Con esta Guía de Greenpeace puedes reducir paso a paso el uso de plástico en tu vida cotidiana.

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