La pandemia causada por el COVID-19 vació nuestras ciudades y sacudió el sistema económico mundial. Nos sentimos solos, asustados, enojados; nos preocupamos por la salud, los seres queridos, el trabajo y el futuro. Pero, cuando todo se detuvo, mejoró la calidad del aire, la hierba creció a través del cemento y los animales volvieron a ocupar los espacios verdes. Este fue el efecto secundario del stand-by de la sociedad y de la economía.

A la hora de reconstruir las ciudades, tenemos que pensar: ¿qué mundo queremos?, ¿que Colombia soñamos? ¿dónde nos gustaría vivir? Estamos en el comienzo de una nueva era: ¿deberíamos empezar a producir y consumir aún más frenéticamente, absorbiendo todos los recursos de la Tierra? 

Es tiempo de reinventarnos, de sentar las bases para construir un futuro más brillante para las ciudades. Queremos una recuperación verde, justa y una sociedad pacífica, abierta y fraternal, en armonía con la naturaleza.

Tenemos que repensar la economía, promover la agricultura ecológica y local, la movilidad sustentable, la protección de áreas y zonas verdes, la reutilización, la reparación de objetos. Asimismo, debemos aumentar los empleos en sectores estratégicos, como el de las energías renovables.

Hoy, el 55% de la población mundial y el 77% de los colombianos vive en áreas urbanas y se espera que este número aumente hasta un 20% para el 2050. A su vez, los habitantes de las ciudades, y su forma de vida, son responsables del 70% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero basadas en el consumo y han crecido exponencialmente en la última década. 

Esto significa que las ciudades y sus ciudadanos deben estar a la vanguardia de los esfuerzos para hackear el clima y la crisis económica.

Por eso, pedimos:

Queremos una alimentación soberana y sustentable 

Llegó el momento de cuestionar la forma en la que consumimos y de re-evaluar nuestras prioridades. ¿Alguna vez te has preguntado qué recorrido hizo la comida antes de llegar a tu mesa? 

Debemos empezar a consumir de manera inteligente: eligiendo la producción local, prefiriendo calidad a cantidad y apoyando a los emprendimientos locales.

La agricultura urbana es una práctica ideal para introducir una alimentación orgánica y local. En las últimas décadas tomó gran importancia porque combina saberes alimentarios, comunitarios, recreativos y educativos. 

Por ejemplo, en Bogotá existen más de 200 huertas urbanas que cuentan con gran variedad de productos cultivados como verduras, hortalizas, aromáticas, cereales y frutas. Además, esta práctica le ha permitido a los bogotanos establecer cultivos de pancoger, recolectar saberes de varias regiones del país y generar ingresos a partir de la comercialización de algunos de sus productos. 

Buscamos una movilidad segura y sostenible

Según datos de la Secretaría de Movilidad de Colombia, en Bogotá se realizan en promedio más de 13 millones de viajes al día de los cuales el 38.8% corresponde a  transporte público , el 14.9% a carros particulares, el 6.6% a viajes en bicicleta y el 39.7% restante corresponde a otros medios de transporte.

Según nuestros reportes, la contaminación de aire por Dióxido de Nitrógeno (NO2) bajó un 27% en Bogotá durante la cuarentena que comenzó el 20 de marzo de 2020, respecto del mismo período en 2019. Esto de debe en parte por la disminución del uso de carros. Además, los automóviles ocupan en promedio el 50% de la superficie de las ciudades y, específicamente en Bogotá, se pasa un promedio de 191 horas anualmente en trancones. 

Por estas razones, exigimos cambios en la movilidad de la ciudad, en pos de mejor calidad de vida y estándares ambientales. Necesitamos un sistema de transporte seguro, cómodo y sostenible para todos los ciudadanos.

Merecemos más y mejores espacios verdes

Por ejemplo, Bogotá cuenta con bosques, humedales y cerros que enmarcan la ciudad. Estos cerros abarcan 51 km por toda la franja oriental y parte de la cadena montañosa fue designada Reserva Forestal Protectora. En ella habitan casi 500 especies de plantas, nogales, arrayanes, tunos, cauchos, chicalás y encinos. Además, son hábitat para diversidad de especies de aves como las tinguas, colibríes, mirlas y copentones. 

También posee un sistema de 5.134 parques regionales, metropolitanos, zonales y barriales, ubicados en 19 de las 20 localidades de la ciudad

Asimismo, hay 32 mil km2 de espacios al aire libre y sectores públicos, es decir que cada bogotano cuenta con aproximadamente 4 metros cuadrados de áreas verdes.

Los parques metropolitanos, las montañas y los espacios verdes le brindan invalorables servicios a los ecosistemas: capturan CO2, mejoran la calidad de vida, proporcionan sombra, protegen contra el viento y conservan la diversidad biológica y de los suelos. Además, son parte de la identidad de los y las bogotanas, por lo que tienen un valor cultural incalculable. 

Es esencial reforestar y ampliar la capacidad de absorción de estos suelos, ya que son uno de nuestros principales aliados para mitigar los peores efectos del cambio climático, como las inundaciones.

Sin embargo, en los últimos años estos importantes espacios verdes se han reducido debido a la expansión de la infraestructura urbana. Debemos recuperarlos, conservar los ecosistemas naturales locales, preservar los sistemas montañosos e hídricos y fomentar la agricultura urbana sostenible. Además, es primordial aumentar la cantidad de espacio público verde orientado a satisfacer las necesidades de recreación, permanencia al aire libre y encuentro.

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