Bogotá, Enero 05 de 2026 – El 2026 no será un año cualquiera. Será un punto de quiebre para Colombia: el momento en el que el país decida si enfrenta la crisis climática y ecológica con acciones reales o si permite que la distancia entre los compromisos y la realidad siga creciendo. Es por ello que, desde Greenpeace Colombia advierten que los desafíos ambientales que se avecinan no son abstractos ni lejanos: ya afectan la vida cotidiana de las personas, la salud, el acceso al agua, los territorios, la estabilidad del país y su capacidad para enfrentar riesgos sociales y económicos crecientes derivados de la crisis climática.
“La crisis ambiental ya no es una advertencia futura: es una realidad que se vive en los territorios, en el aire que respiramos y nos enferma, en el agua que escasea y en las comunidades que están siendo desplazadas por los impactos climáticos. En 2026 tanto el gobierno actual y quien asuma la presidencia tendrán que decidir si enfrentan esta realidad con acciones concretas o si continúan aplazando decisiones que ya tienen consecuencias imposibles de ignorar”, afirmó Laura Caicedo, Coordinadora de campañas de Greenpeace Colombia.
Estos son los cinco desafíos urgentes que marcarán el rumbo ambiental del país en 2026:
1. Proteger la vida en los océanos: del discurso al liderazgo real

Con la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, el mundo empieza a proteger por primera vez casi el 60 % del océano. Para Colombia, un país bioceánico y con un 44% de territorio marino, el desafío es claro: ratificar el tratado y asumir un rol activo en su implementación. No hacerlo significa renunciar a la defensa del océano frente a la pesca industrial y la minería submarina, y perder liderazgo en un momento clave para la gobernanza marina global.
2. Frenar la deforestación: una condición para los derechos humanos y la estabilidad

La deforestación continúa avanzando, especialmente en la Amazonía, impulsada por la ganadería extensiva, la minería, los hidrocarburos y las economías ilegales. En 2026, Colombia debe demostrar que la meta de deforestación cero es una política real y no solo una promesa. Sin bosques no hay agua, no hay clima estable ni dignidad y derechos humanos para los territorios.

3. Biodiversidad sin financiamiento es solo una promesa

Tras la COP16, el país y el mundo entran en una fase crítica de implementación del Marco Global de Biodiversidad en el marco de la COP17 que se realizará en Armenia en 2026. En la próxima cumbre se analizarán avances en materia de financiación como el Fondo de Cali, creado para canalizar recursos hacia la protección de la biodiversidad, el cual sigue prácticamente vacío. El desafío es político: garantizar recursos públicos y reglas claras para que la biodiversidad no quede reducida al discurso internacional.
4. Reducir la contaminación: menos plásticos, más prevención

La contaminación por plásticos sigue creciendo mientras las soluciones estructurales se siguen aplazando. En 2026, Colombia debe avanzar de manera decidida hacia la reducción de la producción de plásticos liderando la creación de un Tratado Global de Plásticos coherente, que aborde todo el ciclo de vida de los plásticos y no se limite a su etapa final. Al mismo tiempo, a nivel nacional, el país debe avanzar en la implementación efectiva de la Ley 2232, que busca eliminar los plásticos de un solo uso para 2030. Apostar únicamente por el reciclaje no es suficiente cuando la ciencia ha sido muy clara sobre sus impactos y la producción sigue en aumento.
5. Transición energética justa: sin nuevas desigualdades

La Primera Conferencia Internacional para la Eliminación Progresiva de los Combustibles Fósiles, que se realizará en Santa Marta, posiciona a Colombia en el centro del debate global. El reto no es solo reducir emisiones, sino hacerlo con justicia, sin reproducir desigualdades ni generar nuevos conflictos socioambientales, garantizando financiamiento real y protección para las comunidades y la biodiversidad y que requiere voluntad política de países más contaminantes. En esta ocasión Colombia co-presidirá junto al gobierno de Los Países Bajos y será la oportunidad para tomar acciones que permitan mantener las temperaturas globales bajo los 1.5 grados centígrados.
“Colombia necesita decisiones valientes y coherentes con nuestra realidad. No más promesas sin implementación. En el papel y marcos legales, la naturaleza en Colombia está protegida, pero en la realidad sigue siendo negociable. El 2026 debe ser el año en que la protección ambiental se ejerza de manera efectiva y deje de depender del gobierno de turno e intereses corporativos y se entienda como lo que es, una política de Estado. Sin naturaleza no hay futuro posible”, concluyó Caicedo.
En 2026, entre cambios de gobierno y congreso en Colombia y desafíos globales, no podemos perder el rumbo: la protección ambiental exige continuidad y acción real de quien quiera que gobierne. La Constitución de Colombia y las victorias ambientales de las últimas décadas nos recuerdan que necesitamos vigilancia constante, porque cuidar la naturaleza no es un asunto de un año, sino una responsabilidad diaria que garantiza la vida, la salud, la economía y el futuro del país.


