#ContaminaciónDelAire #Transporte

Exige transporte seguro y sin contaminación

Exijamos más y mejor transporte que nos ayude a mejorar el aire que respiramos en nuestras ciudades

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Tengo una pregunta para ti: ¿antes de salir de casa piensas en qué ropa utilizar dependiendo del medio de transporte que usarás? Si tu respuesta es afirmativa es porque probablemente eres mujer.

Estamos a menos de una semana del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres en el que se conmemora la lucha por el acceso y disfrute de nuestros derechos, día en el que volvemos a hacer las calles nuestras para hacer un llamado a las autoridades y la población desde nuestras ciudades, espacios en los que queremos sentirnos seguras, unidas e incluidas. Espacios que no hemos podido disfrutar como quisiéramos, porque pasamos mucho tiempo generando estrategias para sentirnos un poco más cómodas y seguras. Y es que según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE, 2014), la violencia contra las mujeres se encuentra tanto en el ámbito público como en el privado, pues el 44.8% de las agresiones sexuales son en la calle. Y a pesar de todo, es también desde ahí donde las mujeres hemos podido encontrar nuevas formas de resistencia, ya sea saliendo a marchar, o encontrando modalidades alternativas para movernos de forma segura, como la bicicleta.

Mujeres en el transporte público de la Ciudad de México

Pero, a unos días de volver a salir a las calles para pedir cambios en la vida de las mujeres de México y el mundo, cabe preguntarnos ¿cómo es una ciudad pensada para nosotras, las mujeres? ¿qué debe considerar para ser realmente incluyente?

Se ha normalizado tanto la violencia y sobre todo la violencia hacia las mujeres y las niñas, que la mayoría de las medidas impulsadas resultan en que las mujeres cambiemos nuestros hábitos y estilos de vida como si fueran nuestra responsabilidad las agresiones diarias que vivimos y causando una restricción en nuestro derecho a la movilidad libre y segura.

Características urbanísticas como las mala iluminación, el acceso a medios de transporte, los parques, son aspectos que influyen en nuestra cotidianidad,  si es de día o de noche, la imagen de seguridad transmitida por los medios de comunicación, calles y colonias, hacen que la ciudad no sea para las mujeres. Esto es importante porque significa que las mujeres y los hombres no nos apropiamos de igual forma de los espacios públicos porque los hombres no están tan expuestos a que puedan ser agredidos sexualmente. O dicho de otra forma, es más fácil que una mujer deje su vida comunitaria o social, y se aísle con tal de evitar cualquier agresión.

En México, según CONAPO, para 2017 habría en el país más de 123 millones de personas, de las cuales 63.3 millones son mujeres y 60.2 millones son hombres. Siendo más del 50% de la población, resulta alarmante que la planificación de las ciudades no consideren nuestras necesidades en función de nuestra vida laboral y social para generar mayores oportunidades de desarrollo educativo, laboral y social.

Un ejemplo claro es la movilidad, que muchas veces se limita por las previsiones que tenemos que tomar sobre nuestra vestimenta como estrategia para evitar ser objeto de agresiones o acoso por parte de algún sujeto. En general, es se ha asumido socialmente que una mujer debe estar más atenta a su entorno, dado que existe el sentimiento de riesgo ante cualquier descuido o distracción que pudiera ser tomada como ventaja por algún desconocido, sin embargo, esto no solo no es nuestra responsabilidad, sino que es responsabilidad de quienes deciden cómo planear y gestionar las ciudades, la movilidad, la vivienda, la seguridad.

Si desde la visión de ciudades no se incluye una perspectiva basada en las necesidades de las mujeres, el 50% de la población, entonces no se podrá nunca cumplir con las metas económicas, de desarrollo sostenible, de seguridad. Necesitamos medidas que garanticen la democratización del acceso al espacio público, donde no sólo buscamos que la accesibilidad plena sea indistinta del poder adquisitivo de la gente, sino también de su género. En otras palabras: una ciudad segura para las mujeres, es una ciudad segura para todas las personas.