Las cuencas son los territorios vistos desde la perspectiva del agua. El agua corre por donde puede, ya sean lechos de ríos o avenidas y se infiltra cuando el suelo lo permite. Desde hace ya mucho tiempo, en las ciudades se ha alejado de sus rutas originales al agua. Con la emergencia climática, los patrones de lluvia que caen en un territorio están cambiando sustancialmente tanto en temporalidad como en cantidad. Esto hace a las ciudades más vulnerables a desastres mayores. Si el agua va a correr, de nosotras y nosotros depende si tendrá rutas que nos permitan aprovecharla más tarde, o si mantenemos los caminos bloqueados y sufrimos las consecuencias. Por eso, hay que rescatar las cuencas para enfrentar desastres.

Este año se ha hablado de sequía y de inundaciones en todo el país. La gravedad de la situación se ha manifestado continuamente en los medios de comunicación. Finalmente – después de años de ser relegada – la conversación de la emergencia climática empieza a incluirse en esta conversación pública; lo que falta todavía es que quede bien explícito que hay responsables y acciones por tomar.

Cuando viene una tragedia por una inundación la prioridad es atender a las personas afectadas, pero inmediatamente después tenemos que preguntarnos ¿qué falló?, ¿se podía prever?, ¿cómo debíamos prepararnos?, ¿las construcciones cumplían con la reglamentación? Tenemos que entender que “la lluvia” no tiene la culpa. La responsabilidad está tanto en cómo hemos alimentado la emergencia climática, principalmente por la quema de combustibles fósiles, y cómo hemos deteriorado el territorio a través de reducir o eliminar los ecosistemas para darle lugar al cemento.

Flood Victims in Mexico. © Greenpeace / Gustavo Graf
© Greenpeace / Gustavo Graf

Mientras que el calentamiento global es un fenómeno a nivel planetario, las afectaciones a nivel local se agravan por cómo hemos construido las ciudades. Uno de los ejemplos más extremos lo tenemos en la Ciudad de México, que no solo se construyó en lo que antiguamente fueron lagos sino también en las zonas de tránsito del agua y en las zonas de infiltración. Básicamente hemos hecho una alteración regional del ciclo hidrológico de dimensiones sorprendentes. Si a esto le sumamos la emergencia climática que nos advierte que cada vez se darán con mayor frecuencia e intensidad fenómenos como sequías, incendios e inundaciones, tenemos una mezcla muy peligrosa para la ciudad y las personas que la habitamos.

Por eso es que desde el Colectivo Agua y Clima del que forma parte Greenpeace, estamos insistiendo en rescatar la cuenca. Esto significa trabajar para restablecer el ciclo natural del agua permitiendo que ésta se mueva tanto en la superficie como debajo de ella. Empezar por no seguir deteriorando la ruta del agua es un buen inicio, por no permitir que se siga tirando cascajo en barrancas y humedales. Pero también incluye activamente regenerar y recuperar la funcionalidad de los cuerpos de agua que nos permiten enfrentar mejor tanto inundaciones como sequías. Los cuerpos de agua son hogar de especies y regulan el microclima manteniendo humedad en el suelo y la atmósfera.

Finalmente, es importante destacar que los desastres frecuentemente afectan de forma desproporcionada a la población más vulnerable tanto por habitar zonas de riesgo al ser relegados de las mejores zonas de la ciudad, como por no tener la misma capacidad para enfrentarlos como la población de mayores ingresos. Es por esto que recuperar la cuenca tiene no solo un sentido ambiental, también uno de justicia pues recuperar la cuenca nos permitirá mejorar el acceso al agua y estar en mejor capacidad de enfrentar los fenómenos meteorológicos extremos que sabemos van a seguir sucediendo. Te invitamos a que te sumes a esta conversación siguiendo las publicaciones de #AguasConElClima

¡Súmate para lograr que juntas y juntos rescatemos la cuenca!

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