Mother Whale and Baby off Western Australia from above. © Alex Westover / Greenpeace

Sólo si cuidamos la salud de nuestros océanos podremos proteger a las ballenas, los mamíferos marinos más grandes y maravillosos que existen. 

© Alex Westover / Greenpeace

Desde los orígenes mismos de Greenpeace, nuestra lucha siempre estuvo ligada a la defensa de estos increíbles animales. De hecho, nuestro nombre quedó para siempre asociado a una de las primeras campañas, llevada adelante por los fundadores de nuestra organización, que logró frenar la caza comercial que las estaba llevando a un punto crítico de su supervivencia.

En esta oportunidad tenemos para celebrar un hecho inédito que las tiene como protagonistas y que ocurrió hace apenas unos días: una ballena azul, el animal más grande del planeta, fue vista por primera vez en el Parque Provincial Patagonia Azul en nuestro Mar Argentino, en la provincia de Chubut. El encuentro se dio mientras se desarrollaba una campaña de la Fundación Rewilding Argentina, encabezada por el biólogo Tomás Tamagno. 

Según narra el diario Río Negro, el equipo científico detectó una silueta de tamaño inusual (puede alcanzar los 30 metros de longitud y pesar entre 75 y 140 toneladas) y, tras el registro fotográfico, confirmó que se trataba de una ballena azul. Estiman que correspondería a la subespecie antártica que, luego, se desplazó mar abierto. 

Un hallazgo de esta magnitud llena de esperanza y, a la vez, refuerza la importancia de contar con áreas marinas protegidas patagónicas, que es una de las muchas formas de cuidar el hogar de las ballenas y de miles de otras especies.

Por eso, en un nuevo Día Mundial de las Ballenas, volvemos a hablar de ellas y de la multitud de desafíos y problemas que deben sortear día a día para poder vivir en esos ecosistemas tan amenazados.   

Ballena jorobada madre y cría en el Océano Pacífico
Fotógrafo y Ballena Franca Austral en Argentina

¿Cuáles son los riesgos que amenazan la supervivencia de las ballenas? 

Actualmente, las ballenas (y con ellas otras especies marinas) corren diversos riesgos que son producto tanto del impacto de la crisis climática como del accionar humano:

1. Pesca intensiva y salmonicultura

2. Búsqueda de hidrocarburos que perturba su hábitat con perforaciones y bombardeos sonoros

3. La contaminación acústica que desorienta a los animales

4. La contaminación con sustancias tóxicas, entre ellas, vertidos de petróleo, productos químicos, residuos plásticos e industriales

5. Intenso tráfico marítimo 

6. Las capturas de ejemplares que continúan realizando países como Japón, Islandia y Noruega bajo el pretexto de un falso programa científico y pese a que la caza de estos cetáceos está prohibida desde 1986, cuando entró en vigencia una moratoria mundial sobre su caza. 

De hecho, sólo en Buenos Aires, en julio de 2025 se registraron tres casos de varamiento de ballenas en dos semanas. Si bien las causas no pudieron comprobarse, se sospechó que podían haber factores humanos involucrados como varios de los citados en el listado anterior (puntos 3, 4 y 5). Cada varamiento nos recuerda que nuestros océanos están en peligro y que su bienestar está conectado con el nuestro.

¿Qué puedo hacer para ayudar a las ballenas? 

Lo principal es entender que si el océano, es decir, su hogar, no está sano, ellas tampoco pueden estarlo. De por sí ya la crisis climática y la contaminación los afectan, disminuyendo la cantidad de alimentos disponible para las ballenas y alterando la temperatura del mar, ambos factores que impactan en su bienestar y comportamiento. 

Greenpeace protesta contra los balleneros con una pancarta que dice "Salven a las ballenas" en el puerto de Paita, Perú, 1982.
Greenpeace protesta contra los balleneros con una pancarta que dice “Salven a las Ballenas” en el puerto de Paita, Perú, 1982.
Escultura de ballena franca austral advierte sobre exploración petrolera en Buenos Aires.
Escultura de Ballena Franca Austral advierte sobre exploración petrolera en Buenos Aires.
© Lucía Alejandra Prieto / Gre

En este sentido, estas son algunas maneras de las que podés ayudar a proteger a las ballenas: 

1. Participar en jornadas de limpieza de costas y ríos

Para ayudar a que menos basura ingrese en el agua que ellas habitan. 

2. Mantenerte informado de cualquier proyecto privado o público que se haga mar adentro y pueda afectar la vida marina

De esa manera, podrás participar de acciones o protestas que frenen estos avances y así preservar su hogar (por ejemplo, de compañías que quieran buscar petróleo o tierras raras en el lecho marino, del tráfico excesivo de grandes embarcaciones en rutas que frecuentan las ballenas, etc.)

3. Apoyar la creación de Tratados Globales, que regulen problemáticas que las afectan directamente, también es muy importante

Como los Tratados de Plástico que son centrales para lograr acuerdos amplios entre naciones que permitan un mayor alcance del cuidado de todo el ecosistema marino se hace prioritario.

4. Asociarte a Greenpeace y ayudarnos a defenderlas

Como venimos haciendo desde hace 50 años. Desde nuestros inicios, participamos en forma activa de los debates en los organismos internacionales y nos manifestamos pacíficamente ante las embajadas y los gobiernos de países balleneros para que suspendan la cacería de manera definitiva. 

Asociate
5. Si tenés la posibilidad, viajá y asistí a un sitio donde puedas avistarlas

En América Latina se pueden encontrar ocho especies de ballenas, entre ellas,  la franca austral -monumento natural en nuestro país-, la jorobada, arenquera -sólo en Colombia-, minke y de aleta. De acuerdo a la temporada es posible ver ballenas en diferentes lugares. En Argentina, en Península Valdés y Puerto Madryn, en la provincia de Chubut. De hecho, la Patagonia argentina es considerada como el destino más importante del mundo para el avistamiento de ballenas. Tanto es así que fue calificada por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) como Patrimonio Natural de la Humanidad.

¿Por qué se celebra el Día Mundial de la Ballena y cuál es su importancia como especie? 

En 1980, el fundador de la Pacific Whale Foundation, Greg Kauffman, instauró esta fecha inamovible que sirviera para tomar conciencia sobre el peligro de extinción de las ballenas jorobadas que viven frente a la costa de Maui, Hawái. Sin embargo, muy pronto, su propósito se expandió y abarcó a todas las ballenas que habitan en los océanos de nuestro planeta. 

Ballena jorobada frente a la costa de Tonga.
© Greenpeace / Paul Hilton

Es por eso que, desde entonces, cada nuevo 19 de febrero volvemos a hablar de ellas, para conocerlas más y aprender a cuidarlas. Para resaltar que sólo la caza comercial mató 3 millones de ballenas en el último siglo y que éste no es el único factor que deja su supervivencia como especie pendiendo de un hilo.

Cuidar a las ballenas no es solo una cuestión de empatía: es una decisión inteligente para la salud del planeta. Estos gigantes del océano cumplen un rol clave en la estructura y dinámica de los ecosistemas marinos. Al alimentarse y desplazarse, influyen en el ciclo de nutrientes y ayudan a mantener el equilibrio natural del mar.

Además, almacenan grandes cantidades de carbono en sus cuerpos a lo largo de su vida, contribuyendo a mitigar el cambio climático. Y hay más: sus fecas estimulan el crecimiento del fitoplancton, diminutos organismos que producen gran parte del oxígeno que respiramos y que sirven de base para miles de especies marinas. Es decir, cuando protegemos a las ballenas, estamos fortaleciendo toda la red de vida del océano.

Como si fuera poco, también funcionan como verdaderas “centinelas” del mar. Al ser especies sensibles a los cambios ambientales y recorrer enormes distancias entre zonas de alimentación y crianza, pueden alertarnos tempranamente sobre alteraciones en los ecosistemas.

Proteger a las ballenas es, en definitiva, proteger el océano. Y proteger el océano es proteger nuestro propio futuro.